IV Clásico Mundial de Béisbol: Una cosa es con guitarra…

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A días comenzar el Clásico y luego de la etapa preparatoria por Asia,  Martí debe ya tener una visión definida de la alineación ante Japón

Nada de cuanto ha pasado antes del IV Clásico Mundial de Béisbol es real. No tan real, quiero decir. Y no es que me animen cosquillas conformistas y le conmine a abrir el champán sin que en el Tokyo Dome se lance la primera bola, ni se intente el primer batazo.

Conozco a los “míos” y he sabido de la preocupación por las noticias que por estos días llegan del oriente lejano sobre las derrotas de Cuba a pocas horas del magno evento.  No es que se hayan efectuado  “juegos de mentirita” con las naciones asiáticas.

Es que los topes hay que tomarlos en la real dimensión de lo que son: topes. Resultan momentos en que ningún equipo suele enseñar todo cuanto tiene, no ya para evadir los inevitables “scouting”, como les llaman, sino porque es ahí donde cada elenco  busca conformar el team work, limar deficiencias, las que se puedan, claro, no las que arrastramos de toda la vida.

Ganar o perder, entonces, no es lo más importante.  Con la carencia de roce internacional que tenemos, a Cuba le vino como anillo al dedo este periplo pre-Clásico, aunque haya transitado de derrota en derrota. Hacía falta fogueo, cualquier fogueo para encontrar la alineación ideal al menos para arrancar, concertar los nervios, la presión, esa de la que no se libra ningún elenco nuestro.

No seamos tampoco ciegos. Convengamos en que este equipo Cuba es de todos los asistentes a estos eventos, el de menos alcurnia, aunque en las dos últimas ediciones nos quedamos en la media y ni nos acercamos a la plata del debut que parece irrepetible a corto plazo.

Nombres más, nombres menos, este es el elenco que tenemos. El mismo que le toca batirse el día 7 ante Japón, no con la mente lista para perder el juego que le toca, como suele advertirse hasta en algunas declaraciones de miembros del club nacional.

Nombres más, nombres menos, este es el elenco que tenemos. El mismo que le toca batirse el día 7 ante Japón, no con la mente lista para perder el juego que le toca, como suele advertirse hasta en algunas declaraciones de miembros del club nacional.

Así como asistimos con un equipo inferior en figuras, los asiáticos no son tampoco aquel equipo de ensueño que se llevó el título en las dos primeras ediciones. De la actitud que sea capaz de mostrar ante Japón puede deslindarse la futura suerte del elenco de Carlos Martí, sin perder de vista que la sede asiática sigue siendo favorita para avanzar, no solo por su historial, sino porque en el box esta nación suele fabricar “máquinas de tirar” en repertorio y velocidad con la misma facilidad conque elabora un chip y aun sin sus dos mejores cartas: Kenta Maeda y Shohei Otani, anunciados en un inicio.

De enfrentar a los anfitriones sin complejos, los cubanos tienen que jugar contra Australia, casi a punto de mordidas, en el mejor sentido de la palabra. Tampoco parece, en nómina, un equipo tan potente como otras versiones. De hecho, ¿cuál lo es con tantas negativas y declines de las estrellas de las Grandes Ligas, que defienden su presencia en sus franquicias a punto de comenzar la gran carpa?

Mas, Australia, en cualquier variante como país, es el equipo a derrotar. A China, por más que se haya gastado sus quilos por insertar sus hombres a un nivel superior, la sigo viendo como el comodín del grupo.

Al margen de los topes, Martí debe ya tener una visión definida de la alineación debutante. Una donde combine la rapidez y habilidad de Roel Santos, que volvió a enseñar que no es zurdo de sentarse ante los lanzadores de su mano, con la eficacia de Alexander Ayala, el virtuosismo de Frederich Cepeda, la garra ofensiva de William Saavedra y la potencia de Alfredo Despaigne, llamado a despertar luego del letargo de la Serie del Caribe, ya que en Japón debe sentirse en casa propia, si logra controlar, como otros de la nómina, esas manías cubanas de buscar el jonrón heroico que no suele salir así como así.

El resto se complementa con debutantes que deben aprender sobre la marcha a dominar las presiones lógicas de su “premier” en un imponente Tokyo Dome y buscar los resquicios para poner la bola en juego, adaptarse rápido a los lanzadores, mucho más si son zurdos, y fabricar las carreras posibles en cada momento.

Internacionalmente hablando, ninguno de los lanzadores —ni los repitentes Vladimir García, Leandro Martínez, ni otros probados en diversos eventos como Liván Moinelo, Yosvani Torres…—  tiene una hoja de servicios como para cerrar los ojos y apostar por ese líder en el box “al seguro”, carencia de la que padece el Cuba hace rato, ni siquiera Lázaro Blanco, que nunca ha tenido frente a él un torneo de este tamaño, aunque nadie duda de su clase.

Algo similar debe suceder con el pitcheo, que me despierta las mismas preocupaciones de los equipos presentados por Cuba en anteriores versiones o en cuanto evento extrafronteras ha asistido en la última década. Internacionalmente hablando, ninguno de los lanzadores —ni los repitentes Vladimir García, Leandro Martínez, ni otros probados en diversos eventos como Liván Moinelo, Yosvani Torres…—  tiene una hoja de servicios como para cerrar los ojos y apostar por ese líder en el box “al seguro”, carencia de la que padece el Cuba hace rato, ni siquiera Lázaro Blanco, que nunca ha tenido frente a él un torneo de este tamaño, aunque nadie duda de su clase.

En el manejo de los hombres que mejor estén, en la decisión de uno u otro en un momento clave, tendrá Carlos Martí una de las preguntas más complicadas de esta, su otra graduación. Justo por esa inseguridad que se advierte desde la lomita, me inclino por agachar detrás del plato a Frank Camilo Morejón, que es defensivamente superior a sus similares de posición a la hora de guiar a los lanzadores, conducir el partido y tirar a las bases, por más que muchos opten por el bateo más profuso de Yosvani Alarcón.

En la defensa de su feudo beisbolero tiene Cuba una de sus reservas para enfrentar este reto, el más duro de cuantos puede tocarle a este béisbol que en calidad parece ubicarse en rangos inferiores al evento mundial que tiene por delante, sin descontar que tal como en un extremo están los potentes Japón, Surcorea, Estados Unidos, República Dominicana (actual campeón); del otro están Israel y Colombia.

Mas, de Carlos Martí se espera que sea capaz de cerrar de vez en cuando el “librito” y que pueda insuflar el juego colectivo y suelto, como posible arma de combate, heredada por demás. Tiene en sus manos la típica papa caliente que lo puede catapultar o igual llevarlo a la hoguera de la polémica por donde pasaron sus predecesores al mando.

Resulta obvio que este no es ya ni el Granma campeón,  ni los Alazanes que lograron encantar en la Serie del Caribe, a despecho de su cuarto lugar. Mas, de Carlos Martí se espera que sea capaz de cerrar de vez en cuando el “librito” y que pueda insuflar el juego colectivo y suelto, como posible arma de combate, heredada por demás. Tiene en sus manos la típica papa caliente que lo puede catapultar o igual llevarlo a la hoguera de la polémica por donde pasaron sus predecesores al mando.

Dejada a un lado la “guitarra” de los topes, el día 7 comienza el “violín” del Clásico y ya usted sabe cómo se toca con cada instrumento. Cruzar por cualquiera de las vías a la siguiente fase parece para Cuba una meta conquistable, mucho más de haberse insertado en otros grupos de un torneo que reúnen a 16 elencos.

La invitación es entonces para vernos en estas madrugadas y noches nuestras que, ¿quién quita?, se extiendan más de lo que ahora mismo usted piensa.

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