¿ Serie Nacional de Béisbol «amateur» o Liga Cubana «profesional»?

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Por: José Gabriel Martínez

Concluida la actuación cubana en el IV Clásico Mundial supimos lo que es tocar fondo en lo que a béisbol se refiere. Tras presenciar el peor desempeño de un equipo antillano en certámenes internacionales y ver relucir – una vez más – la crisis que actualmente atraviesa azota a nuestro pasatiempo nacional, vale preguntarse si el modelo que durante medio siglo ha regido el deporte de las bolas y los strikes continúa siendo factible o ya resulta obsoleto.

«El problema del béisbol en Cuba no es un problema de estructura, sino un problema integral», sentencia el doctor Oscar, para quien lo que más contribuye a renovar nuestro béisbol es el roce con los mejores jugadores de todas las latitudes, y no duda en apelar a su conocimiento de la historia para probarlo. «Cuando deja de existir el profesionalismo en 1961, en el mundo había dos potencias beisboleras: Estados Unidos y Cuba. Ambas, junto a los demás países, jugaban con el mismo calendario impuesto desde principios del siglo XX por la asociación del béisbol organizado estadounidense, de forma tal que peloteros de ambas nacionalidades podían jugar allá en los torneos de verano y acá o en otros países en los invernales», explica.

Ese roce continuo contribuyó al posicionamiento de la Isla como segunda potencia de la disciplina a nivel global y a que sus jugadores estuviesen entre los más talentosos. Según estadísticas facilitadas por Sené, cerca de 80 peloteros exaltados al Salón de la Fama de Cooperstown, entre norteamericanos y cubanos, jugaron en el béisbol profesional de Cuba. Además, al momento de la ruptura en 1961, en las Grandes Ligas habían jugado un total de 87 cubanos mientras que entre los otros países de Latinoamérica sumados la cifra llegaba a 43, muestra de la superioridad de la pelota cubana en la región».

Pero ese nivel alcanzado por Cuba, tal y como dicen estos conocedores del béisbol, no fue espontáneo, sino el resultado de más de tres décadas de continuo intercambio, roce y competencia al más alto nivel de la época. Es por ello que sostienen que un cambio de estructura por sí solo podrá elevar el espectáculo pero no el techo del béisbol, como tampoco consideran que lo harán las contrataciones puntuales de atletas en las ligas asiáticas.

Las soluciones que ven factibles pasan por un cambio total en la manera de gestionar los equipos y la Serie Nacional de Béisbol, acercándolos o convirtiéndolos al profesionalismo, sin temer a la palabra. Sené sugiere que los equipos tengan autonomía administrativa y puedan decidir qué jugadores contratar y cuáles no, sin importar la provincia de donde sean.

Más que equipos regionales serían clubes o franquicias con su propia administración, y la CNB quedaría para regular el torneo y velar por el cumplimiento del reglamento. La medida acarrearía implicaciones jurídicas en la relación jugador-equipo, que al estar regulada por un contrato legal serviría como un colchón de seguridad o protección ante el éxodo desenfrenado de jugadores que hoy aqueja al país.

Mediante contratos, si una franquicia estadounidense o de cualquier otro país decidiera firmar a un pelotero cubano, debería velar por que este no tuviera vínculos legales con algún equipo de la Isla, y en caso de que así fuese, negociaría primero con la administración antes que con él. Este cambio de gestión sería más favorable aún si se alcanzase la deseada normalización de las relaciones entre las autoridades del béisbol estadounidense y el cubano, pues si las negociaciones se produjeran directamente entre equipos y jugadores, sin la mediación de otros organismos, el proceso de contratación sería más expedito y natural.

Pero Sené está consciente de que el profesionalismo en Cuba aún es visto con recelo. El deporte se ha entremezclado hasta su misma esencia con la política y hablar de profesionalismo, a nivel de gestión (porque los atletas nunca han dejado de serlo toda vez que cobran por jugar) podría resultar una herejía.

El doctor Oscar apoya esas ideas. Opina que el profesionalismo es el que puede erradicar los males que aquejan al béisbol cubano. Está consciente de que es una medida drástica por lo que pudiera representar políticamente para el ordenamiento socioeconómico del país, pero la considera necesaria e impostergable. «Sólo resta ver si nuestras autoridades tienen la voluntad política para llevar esta y otras medidas adelante», concluye.

También destaca que las soluciones al estado del béisbol se encontrarán una vez que se democratice el análisis de las posibilidades, a partir de un permanente proceso de consulta con jugadores, directivos y aficionados.

CLAVES PARA ACLARAR EL FUTURO

El estado de forma del béisbol en Cuba y su torneo principal dejan entrever un futuro incierto y alejado de planos positivos. Ante esa situación y las permanentes problemáticas que lo aquejan no pocos nos preguntamos qué hacer.

Podemos optar por la inercia y seguir como vamos quizás por mucho tiempo, hasta que el béisbol deje de ser lentamente ese espectáculo sociocultural que mueve pasiones y nos “desconecta” de nuestro día a día.

Pero más sensato sería actuar y superar esquemas obsoletos. El amateurismo como movimiento deportivo dejó de existir en los grandes circuitos hace mucho y, en la inevitable transición de nuestro sistema deportivo, es el deporte nacional quien debe marchar a la vanguardia por su preferencia mayoritaria en la sociedad.

Migrar al profesionalismo o adecuar nuestro béisbol a sus mejores experiencias, unido a un cambio de estructura radical que lo haga más espectacular y propicie un incremento serio del roce internacional en ligas de probada calidad, se erigen como potenciales medidas salvadoras de la comentada situación actual

Ante la impopularidad parcial que podrían tener algunas de ellas, debemos concientizar que no será la primera vez que el béisbol cubano experimente cambios drástico.

Muchos como Ismael Sené o el doctor Oscar, que nacieron para amar el deporte de los jonrones y strikes, se acostaron un día desviviéndose en su afición por un equipo, y amanecieron al otro para descubrir que ya no lo verían más.

La Serie Nacional, en sustitución de la Liga Profesional, ganó adeptos rápidamente, llenó vacíos y elevó la masividad del deporte en Cuba. Pero hoy la realidad muestra que es hora de un nuevo movimiento. Ni la inercia ni las medias tintas son el camino que llevarán al país a presumir nuevamente de tener un béisbol de élite, a ser una potencia beisbolera, o a tornar a su favor ese futuro incierto que se vislumbra

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