El cubano Miranda arruina el optimismo de los Marlins y el regreso de Ichiro a Seattle

Por Jorge Ebro 

El viaje de descenso a las Menores es uno que Ariel Miranda conoce de sobra. El cubano está haciendo todo lo posible por no empacar más las maletas rumbo a pueblos como Tacoma, y una de las primeras víctimas de ese esfuerzo han sido los Marlins.

Tal vez parte se debió al cansancio de un vuelo largo y extenuante, quizá a ese Tom Koehler tan insulso que no sabe romper el cerco de la mediocridad, pero el mayor causante de la derrota 6-1 en la madrugada del martes fue el zurdo de 28 años.

Miranda no debió lanzar contra los peces. El 25 de marzo lo enviaron a la granja después de una primavera inconsistente en la que finalizó con una efectividad de 6.14, pero la lesión de última hora de Drew Smyly en el codo obligó al manager Scott Servais a llamarlo de vuelta.

Y Miranda respondió en gran forma, como si fuera un veterano y las Grandes Ligas su casa desde hace rato, al punto que Miami no le pudo conectar el primer imparable -salido del bate de Christian Yelich- hasta la cuarta entrada.

Con una recta sostenida en las 94 millas, un arsenal de lanzamientos secundarios y un aplomo de respeto, Miranda colgó cero tras cero, unos siete en total, mientras arruinaba el espíritu de optimismo dejado por el triunfo en la serie contra los Mets y el pregonado regreso de Ichiro Suzuki a la ciudad de sus mejores glorias.

Miami se vio mal, inerte, impotente. Miranda gigante, indestructible. Solo un hombre logró pisarle la segunda base, mientras ponchaba a cinco. Al final Servais lo abrazó como si quisiera tragárselo y en su mirado podía advertirse un “lo sabía”.

Cuando llegó el cuadrangular solitario de Yelich en la novena, la derrota estaba servida sobre la mesa de los Marlins, mientras Miranda se llevaba cierto capital deportivo para prolongar su estancia en el equipo grande.

Del resto se encargaron los cañoneros de Seattle, Robinson Canó y Nelson Cruz, que llevaron a la escuela del dolor a Koehler, el lanzador que un día lanza con decencia y al otro lanza para el olvido. Este primer juego contra los Marineros fue uno de esos.

Bastantes oportunidades que se le han entregado a Koehler, quien sigue en la rotación tal vez porque devora entradas y viene con un salario -para los tiempos que corren- relativamente barato con $5.75 millones.

Koehler está obligado a dar un salto de calidad o habrá de seguir el camino de Mike Dunn y como tantos que pasaron sin saber que pasaron. A otra cosa y a otra casa.


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