Pitcheo cubano: de más a menos

Autor: Sigfredo Barros Segrera

Desde sus primeros pasos, allá por la segunda mitad del siglo XIX, el béisbol contó con nueve posiciones y, de ellas, una se consideró como la más importante: el lanzador.

Podría cualquier equipo blasonar de contar con buenos bateadores, de tacto y poder, pero si carecía de tiradores eficaces, capaces de dominar al adversario, las posibilidades de victoria serían mínimas.

Eso es y sigue siendo así. El mejor ejemplo de ello resultó el IV Clásico Mundial. No fue casualidad que la selección ganadora de la justa, Estados Unidos, resultara la de mejor promedio de carreras limpias, 2,15, primera en promedio de WHIP (bases por bolas y jits entre entradas lanzadas), 0,89 y a la que menos le batearon sus rivales entre las 16 participantes: solo 191 con nada más que 15 transferencias y 64 estrucados.

Tampoco fue obra de conjuro alguno que Cuba terminara su actuación en el torneo con dos triunfos y cuatro reveses, tres en forma consecutiva en la segunda ronda.

Nuestros monticulistas promediaron casi seis carreras limpias por cada juego, con un altísimo WHIP de 1,73 y regalando 30 boletos en 49 entradas.

La tabla que acompaña este comentario presenta a los diez conjuntos con mayor cantidad de boletos regalados, sumados los cuatro Clásicos, todos con más de 90 innings de labor, ordenados por el total de bases concedidas. A simple vista, Cuba lidera a todos los equipos participantes con 114, seguida de Venezuela, las dos únicas naciones con más de un centenar.

Llama la atención el proverbial control de los lanzadores japoneses en las cuatro ediciones del fuerte evento, con 70 boletos en más de 273 entradas, prácticamente uno cada cuatro capítulos y dos y fracción en cada uno de sus 31 partidos efectuados, acompañados con más de 280 ponches, a nueve por choque. Otra potencia del béisbol mundial, República Dominicana, ha regalado 40 transferencias menos que Cuba en casi la misma cantidad de entradas trabajadas.

Sirve de referencia para este análisis lo realizado por el cuerpo de pitcheo cubano en el Clásico Mundial del año 2013. En aquella confrontación los serpentineros nuestros promediaron 2,54 de PCL, con 43 ponches y 19 boletos. En cuatro años hemos involucionado de tal manera que estrucamos a tres bateadores menos y transferimos a 11 más, además de permitir 1,76 carreras limpias, por encima del promedio general que tenía Cuba en las ediciones precedentes.

ELEMENTOS DE PESO

Las razones de este descenso en la calidad del trabajo de los lanzadores son variadas. En una reunión de la Dirección de Béisbol se analizaron las causas, como son las deficiencias en la localización de la zona de strike y el casi inexistente pitcheo por la zona de adentro, una consecuencia de la falta de control y el consiguiente temor a golpear al bateador.

Otro problema es la falta de recursos para conseguir el tercer strike después de haber colocado al rival en dos strikes, pues muchos de nuestros lanzadores dominan nada más que un par de envíos, por regla general recta y slider. A esto hay que sumarle la demora en deshacerse de la pelota —pierden mucho tiempo en el montículo—, lo que se une al descuido de los corredores en las almohadillas. La mayoría de las bases robadas al receptor Frank Camilo Morejón en el equipo Cuba debían de apuntárselas a los pitchers.

Si nos pidieran escoger un modelo de lanzador en esta era moderna, no vacilaría en mencionar a un miembro del Salón de la Fama de Cooperstown, quien fuera coach de pitcheo del equipo de Estados Unidos en el III Clásico Mundial, el derecho Greg Maddux. Sin utilizar la velocidad (al final de su brillante ­carrera solo promediaba 86 millas), Maddux tiraba seis lanzamientos distintos, uno de ellos un cambio circular reconocido como el mejor de las Grandes Ligas. Su control era proverbial pero, según manifestó en una entrevista poco tiempo antes de su retiro: «no es el brazo lo que me ha hecho un gran pitcher, es el cerebro. Un lanzador que no piensa durará poco en este deporte». Esa filosofía le permitió establecer un récord de 72 y un tercio de entradas sin regalar una base en el 2001 y otorgar solo 20 boletos en 232 capítulos en ese mismo año, a 0,77 base por juego.

Sin embargo, el control no es solo patrimonio de los lanzadores de la llamada Gran Carpa. En Cuba tenemos un excelente ejemplo en el derecho santiaguero Norge Luis Vera, quien durante su brillante carrera de 15 años sumó los títulos de campeón olímpico, mundial, panamericano y centroamericano. Vera, poseedor de una muy buena mecánica de movimientos y de una de las mejores sliders de la pelota cubana, solo regaló 437 boletos en 1 917 entradas, con un WHIP de 1,15 y casi tres ponches por cada transferencia otorgada.

No son pocos los amantes del béisbol que alegan la necesidad de crear una Academia de pitcheo. No estoy de acuerdo con la idea, en primer lugar, porque academias existieron años atrás, y desaparecieron al poco tiempo de fundadas. Más provechoso sería, a mi juicio, establecer un sistema único de enseñanza desde las categorías inferiores en todos los municipios del país, con el énfasis en el trabajo de perfeccionar la mecánica, imprescindible para poder aspirar a tener un buen control. Solo así podremos revertir la situación existente hoy. Vayamos de menos a más.

EQUIPOS PJ EL CL K BB
CUB 26 222,2 101 185 114
VEN 24 210,2 120 180 105
HOL 24 206,2 99 115 98
PUR 29 253,1 71 207 94
USA 28 240,2 101 199 74
DOM 24 218,2 48 212 74
JAP 31 273,2 82 282 70
KOR 22 195,0 62 162 61
ITA 15 126,0 78 89 61
AUS 12 96,2 67 66 51

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