Estelar pelotero cubano resignado a jugar en liga independiente para llegar a las Mayores

Por Jorge Ebro 

Quizá no era lo que esperaba, pero Héctor Olivera está de regreso a la pelota profesional. El cubano firmó este martes un contrato con los Sugarland Skeeters, un club de la Liga del Atlántico, lo que puede ser considerado como el primer paso en firme hacia una potencial vuelta a las Mayores.

Uno de los mejores peloteros de su generación en el béisbol de su tierra, Olivera despertó mucho interés -y generó expectativas- desde que firmara en mayo del 2015 con los Dodgers un pacto de $62.5 millones, una de las más altas cifras para un cubano.

Olivera se mantuvo entrenando en Miami durante los últimos meses y en el invierno tuvo participación en la liga puertorriqueña, pero ninguna de las opciones que aparecieron delante de él llegaron a buen puerto.

“Lo primero es que me den la oportunidad”, había comentado Olivera el pasado enero en un choque de estrellas cubanas. “Cuando me la den, trataré de hacer lo que siempre he hecho. Apurarme sería un fracaso. Debo hacer las cosas bien hechas, con calma, enfocado. El trabajo diario pondrá al verdadero Olivera delante de todos”.

Sin embargo, esa oportunidad que buscaba nunca llegó y tendrá que trabajar mucho para que los scouts de las Mayores vuelvan a fijar sus ojos en el santiaguero, sobre todo porque ese tipo de ligas periféricas no suelen atraer mucho a los evaluadores de talento.

Aunque su avance en las Menores de Los Angeles era evidente, Olivera sufrió lesiones y fue canjeado a los Bravos de Atlanta en julio del 2015 en un movimiento que involucró a tres equipos, uno de ellos los Marlins.

Pero en abril del 2016 Olivera fue arrestado en las afueras de Washington por una disputa doméstica que le atrajo una suspensión de 82 encuentros de parte de las Grandes Ligas por violar el código de conducta fuera del terreno.

El medallista de plata de los Juegos de Beijing resultó cambiado a los Padres de San Diego por Matt Kemp y una suma de dinero, aunque poco después era designado para asignación y el 9 de agosto liberado.

Ciertamente, Olivera no ha vivido a la altura de su potencial y su línea ofensiva de Grandes Ligas – .245/.296/.378- refleja el poco aporte de un jugador obligado a producir volúmenes en la liga independiente para que los clubes se vean precisados a mirar de soslayo su pasado.

“Todos cometemos errores”, agregó el santiaguero en la entrevista de enero. “Trato de no pensar en el pasado y concentrarme en el presente para ser mejor en el futuro. Estoy saliendo de los problemas poco a poco y si Dios quiere demostrar lo que puedo hacer en el deporte”.

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