El rey tiene un nuevo retador

 

Por Juventud Rebelde 

Al hacer mis pronósticos quedé, como se dice en el campo, «echao». Acerté en un uno y erré en el otro. Las Avispas de Santiago de Cuba ganaron, aunque con sofocón ayer; y los Leopardos de Villa Clara no dejaron a los Cocodrilos abrir la boca ni una vez, pese a que lucían con más opciones.

Así, a partir de este viernes el rey de 2016 recibirá a los muchachos de Ariel Pestano, quienes por vez primera rebasan la semifinal, después de quedar terceros en las últimas dos ediciones. Como en el cruce, alzará el cetro el que gane par de juegos.

Cuando los indómitos estaban listos para festejar el triunfo, pese a que estaban las bases llenas de Cachorros, un fly extraviado de Leandro Aguilera saltó del guante del jardinero derecho Yery Martínez y Holguín empató a seis el partido.

Por segundo día, José Carlos Barbosa había sido enviado al box en función de apagafuegos y si bien esta vez no cumplió de manera cabal su cometido, tuvo la suerte de que dos entradas después sus compañeros pisaran tres veces la goma y le tocara a él apuntarse, como el lunes, la victoria.

Los holguineros dominaron los dos primeros tercios del desafío, lapso en el que marcaron tres anotaciones y Meracles Oris hilvanó seis escones, hasta que las Avispas le cayeron como un enjambre en el séptimo, capítulo que empezó Marlon Serrano con jonrón, le dio la vuelta completa a la alineación, y Serrano conectó otro hit, antes de que cayera el último out.

Como suele suceder en este tipo de juegos, la definición llega por un vuelacercas o un error. Y fue esto último lo que enmudeció a los Cachorros. A falta de un out, el paracortos Luis Chacón no pudo rematar el inning 11, y después par de cohetes remolcaron las carreras decisivas.

En el Sandino, de Santa Clara, los Leopardos de Ariel Pestano demostraron, una vez más, que la diferencia entre play off y eliminatoria es la misma del violín y la guitarra. Si en la ronda preliminar los matanceros fueron mejores, a la hora de la verdad, la suerte cambió de bando.

Ayer, el equipo de Villa Clara volvió a poner un dique en las aguas donde los Cocodrilos se movían mejor. Si bien los yumurinos habían sido novenos en average ofensivo (.260), por debajo de la media del torneo (.267), habían demostrado paciencia asiática (como debe ser) en el home y 196 veces llegaron a la inicial por boleto; ningún elenco recibió más pasaportes que ellos.

Eso influyó en que su promedio de embasamiento (OBP) fuera de .377, quintos entre los 16 equipos, por encima del promedio de la justa (.356) y que anotaran 200 carreras, sextos del certamen.

Y eso lo sabían los lanzadores de Villa Clara, que durante la temporada habían transferido a 185 bateadores, segundo staff de peor control. Pero a la «hora de los mameyes», Javier Mirabal y Eduardo Rodríguez enderezaron el rumbo de sus pitcheos y solo caminaron a cuatro por esa vía y a otro por pelotazo. De ahí que los matanceros, sumados los 11 hits, solo embasaran a 16 corredores en 18 entradas y apenas pudieran fabricar una carrera.

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