​«Quiero  que gane Cuba, pero no creo en equipo unificado». Viyo Odelín


Por: Fidel A. Manzanares 

Tras casi dos décadas de bregar  por las Series Nacionales de Béisbol,  Vicyohandri Odelín Sanamé presume de  133 victorias, el segundo mejor registro para un lanzador de Camagüey; además de ser  el único serpentinero de la región ganador de  todos los títulos en eventos organizados por la   Federación Internacional de Béisbol  (IBAF).

Casi se precisa construirle el relato cuando se le pregunta algo. El tatuaje de su antebrazo y la esquina de la pared dedicada a premios y medallas hablan en nombre de un campeón olímpico recordado por aquel famoso ponche a Iván Rodríguez en el I Clásico Mundial, que le daría a Cuba el pase a la semifinal al vencer a Puerto Rico en el estadio Hiram Bithorn.
No cree en un equipo nacional unificado con peloteros de la Major League Baseball (MLB). Usó el número 23 por el también olímpico Omar Luís Martínez, y confesó que no volvería más al montículo. Inmutable para lanzar, no precisa gesticular, y confiesa que lanzarle a Frederich Cepeda ha sido su tarea más compleja.
“Nunca matriculé en la EIDE (Escuela de Iniciación de Deportes). No tenía la estatura que se pedía. Jugaba el cuadro y lanzaba. Hice el equipo 15-16 años para un Panamericano en San Luis, Estados Unidos, y de allí salí directo a la Serie. Debuté en el 98 en un juego contra Sancti Spíritus, mi primera victoria”.
El Mundial de China Taipéi en 2001 marcó el salto de Viyo Odelín. La derrota en los Juegos Olímpicos de Sidney dejaba en deuda a la pelota cubana, y el evento asiático marcaba el adiós de Omar Linares, Antonio Pacheco, Orestes Kindelán, Germán Mesa y Luis Ulacia, tal vez los últimos soldados de los capítulos más gloriosos del béisbol desde 1959.
“Sentía presión porque era novato pero solo me enfocaba en hacer mi trabajo. Ese relevo  contra   Estados Unidos  marcó toda mi carrera deportiva. Sabía que la situación era difícil pero no lo daba a demostrar. Empezaba la era de los profesionales de mayor nivel. Había que ser más preciso con la mecánica de picheo”.
Nunca se olvidará en Camagüey el famosos play –off perdido contra Santiago de Cuba aquel mismo año. En las calles de la ciudad ya muchos celebraban el posible paso a discutir el campeonato.
“Ganamos dos como visitante. A pesar de la muerte de Miguel Caldés el año pasado teníamos gran equipo con los Chapellí, Orlando González y otros peloteros establecidos. Me tomó de sorpresa que Miguel Borroto me diera la bola contra Vera en  el tercer juego. Aun la gente en la calle cuestiona la decisión. Pero Santiago tenía a Pacheco, Kindelán,  Fausto, Pierre. Le daban un palo a cualquiera. Perdimos tres consecutivos”.
Odelín patentizó el Garabato, un lanzamiento que aún no figura  en el manual de los grandes entrenadores de este país que ha respirado béisbol por más de un siglo.
“En una revista vi el agarre que hacía Greg Maddux el lanzador de los Bravos de Atlanta. Empecé a practicarlo jugando con pelota de media, luego lo perfeccioné. Incluso aprendí movimientos para preservar la salud del brazo. Vivía de eso desde que era juvenil. Hoy varios entrenadores se me acercan para que les muestre”.
Para los Juegos Olímpicos de Atenas 2004  Viyo figuraba entre las principales cartas de triunfo del equipo Cuba, en un staff que contaba con hombres como Norge Luis Vera y Adiel Palma; sin embargo en  la cita estival no estuvo a la altura esperada por los aficionados.
“Entrenando en Italia me lesiono. En la Olimpiada me pusieron a lanzar contra el mejor equipo que era Japón. No me  salieron bien las cosas pero al final tenía que asumir. Ya estaba acostumbrado a situaciones difíciles, es una suerte  tener en la vida ese tipo de responsabilidad, pero la pelota es un juego, si te sale bien, mejor”.
Clásico Mundial de 2006. Háblanos de aquel juego ante Puerto Rico y el  famoso ponche a Iván Rodríguez que te marcó por siempre.
“Eran peloteros leyendas para nosotros y la gente en Cuba. Recuerdo que nos reunimos con Fidel antes de salir. Nos explicó que con tranquilidad fuéramos a defender la bandera. El equipo estaba completo, y queríamos demostrar que  aún había nivel en Cuba. La presión era tremenda incluso para los entrenadores.
“Contra Puerto Rico me dijeron en el box que no había más nadie que tenía que terminar yo. Cuando ponché a Iván Rodríguez me salió ese gesto que si lo vuelvo a intentar no lo haría.
“En  el juego contra Japón  relevé en el mismo primer inning, pero ya estaba muy complicado el asunto con las bases llenas sin outs. Nos recibieron como héroes a la vuelta. Era como si hubiésemos ganado”.
¿Propuestas para jugar en las Grandes Ligas?
“Pues claro, muchas, incluso antes del Clásico. Pero nunca me pasó por la mente. Soy muy familiar”.
¿Qué me dices de un equipo unificado?
“Hay varias opiniones. No creo que se deba hacer. Muchos peloteros permanecieron aquí, y ahora muchos que son millonarios y ya no están quieren venir a representar a  Cuba”.
¿Crees entonces que los que se fueron a Estados Unidos no representan a Cuba también?
“Sí, no es eso. Lo ideal sería que todos jugaran en igualdad de condiciones. Pero nuestro contexto es diferente. Las leyes con Cuba no son iguales que para Dominicana o Puerto Rico. Aquí no estamos autorizados a irnos y luego virar. Hay muchos que renunciaron a un dinero y ahora tienen la oportunidad de jugar por Cuba. No creo que otros tengan más derechos si decidieron irse”.

Olimpiada de 2008. Sensaciones.

“Me quedo con la imagen de Yulieski Gurriel  llorando de vergüenza. Cuando le salió el batazo para doble play, que fue una buena conexión, todo quedó muy triste. Él no quería incluso jugar más después de aquel momento, pero el deporte es así. Corea tenía gran equipo y esa final fue muy disputada”.
A partir de ese evento Odelín muestra un bajón en el rendimiento. En la afición camagüeyana persiste el criterio de que perdías interés cuando te hacían errores a la defensa incluso.
“Me lo dice mucha gente. Pedrito Pérez era el entrenador de picheo que más me marcó, era como mi padre y me decía que era un poco vago. Pero realmente a veces era casualidad que tras el error me dieran un batazo. Al final el perjudicado era yo. Debía esforzarme para hacer el grado del equipo nacional,  no podía tirar el juego por la borda. Mantener un nivel alto siempre ha sido complicado. Todas las temporadas son muy difíciles para cualquier atleta”.
Para 2014 en la Serie del Caribe participas con Villa Clara y muchos creían que ya estabas acabado.
“Estaba bien físicamente. Pero tuve que pedirle la pelota a Moré (Ramón) que era el director. Ya había lanzado todo el mundo,  y los habían sonado duro. Me dolió mucho que la prensa, incluso algunos entrenadores no confiaran en mí. Había tenido excelente Serie y un currículo de respeto afuera del país. Lancé completo contra Puerto Rico, el único juego que ganó el equipo.
“Recuerdo que en una visita cuando se complicó la cosa,  mandé a decirle a los del banco que podían parar de calentar que eso lo resolvía solo. Más de 130 lanzamientos. El viejo  estaba entero. Nunca tuve problema alguno con los directores, mucho menos con Víctor Mesa como algunos me han preguntado, pero en esa ocasión me subestimaron”.
¿Qué le falta a los lanzadores jóvenes?
“Dan muchas bolas. Luego tienen que entrar, y cuando hay nivel no escapan. Falta mecánica. Se ve  talento solo hay que trabajar más. Un nivel de preparación superior,  que utilice elementos y herramientas como en las Grandes Ligas.  Empecé este año como entrenador de niños. Les pido que se enfoquen en dar strikes, que aprendan los movimientos de la mecánica.
“En Cuba debemos prepararnos mucho más en cada provincia. Por ejemplo, ahora existen los famosos refuerzos para la segunda fase.  Se busca calidad pero lo que se precisa es trabajar en cada región. A mí realmente no me gustan los refuerzos; además creo que el sacrificio es altísimo para los peloteros que se van lejos de casa por tanto tiempo”.
Viyo asegura que no volverá a las Series Nacionales. Prefiere los domingos con softbol en las ligas interbarrios.  “Porque allí puedo jugar en el cuadro y nadie me puede reclamar cuando me divierto. Tengo un equipo que se llama Miguel Caldés. A ese grande se le debería dedicar más espacio y reconocimiento”.
Lleva una vida tranquila y le gusta pasar desapercibido. En los torneos domésticos se conforma con sus 2038 entradas lanzadas, las  20 lechadas propinadas. Su currículo se completa con un promedio de carreras limpias de 3.44 cada 9 entradas,  y los más de 1200 ponches propinados.

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