​El guajiro de Las Verbenas

Por Victor Manuel Blanco González 

Quizás porque el primer deporte que practicó en su vida fue el levantamiento de pesas, el exlanzador Omar Ajete Iglesias mantiene a sus ya cercanos 52 años una constitución física y vitalidad envidiables.
Su pronto retiro de los diamantes no opacó una brillante carrera dentro y fuera de las fronteras de la Mayor de las Antillas, entre cuyos títulos destacan los metales áureos logrados en las citas olímpicas de Barcelona 1992 y Atlanta 1996.

A su extenso palmarés el oriundo de Las Verbenas, en San Juan y Martínez, suma además las coronas mundiales de Edmonton 1990, Nicaragua 1994 e Italia 1998, así como los títulos continentales de Indianápolis 1987, La Habana 1991 y Mar del Plata 1995.
Sin embargo, nada de eso parece importar más hoy día a este hombre sencillo, que la niña de seis meses que a ratos carga entre sus brazos, mientras le inquiero sobre su carrera deportiva, vida personal y criterios acerca de los derroteros del béisbol cubano actual.

“Yo comencé en el deporte a los 14 años mientras estudiaba Mecánica en Guane y aunque lo que me gustaba era el béisbol, en aquel entonces todavía no se practicaba en el municipio, por lo que empecé en el levantamiento de pesas.

“A los tres meses se iniciaron las categorías 13-14 y 15-16 y una tía mía habló con el difunto Luis Orlando Lazo para comenzar a jugar. En la categoría 15-16 me desempeñaba lo mismo en la primera base que en el center field hasta que un día el entrenador habló conmigo para ver si yo quería ir a la provincial como lanzador, le dije que sí pero advirtiéndole que sabía tirar bien la recta pero que la curva la ‘amarraba’.

“Estuve en esa provincial y le gané a San Cristóbal y Sandino, por lo que el profesor Román Suárez que era el entrenador de picheo de las categorías inferiores en Pinar del Río, prácticamente se enamoró de mí”.

¿En qué año llegas a las series nacionales?
“En 1983 llego al equipo Vegueros, en el que Jorge Fuentes era el director, Jesús Guerra el entrenador de picheo y Román Suárez el segundo preparador, esa temporada gané cinco y perdí tres.

¿Cómo era lanzar dentro de aquel equipo plagado de estrellas?



“Esa etapa me ayudó mucho. Tengo que agradecerle sobre todo a Rogelio, porque recuerdo que él me decía: ´Tú tienes que seguir mis pasos, yo te voy a preparar para que lances cada tres o cuatro días como hago yo´”.

¿Tratabas de imitar o seguías el estilo de algún lanzador en tus inicios?

“Te diré que desde que vivía en la vega allá en Las Verbenas, me incliné por Reinaldo Costa y mira lo que es la ‘guajirá’, que yo hacía lo mismo que él, incluso, pensaba que era derecho y no zurdo.
“El seguir su estilo de picheo me llevó a lanzar por encima del brazo y alcanzar los resultados que tuve durante toda mi carrera”.
Aunque destacadísimos entrenadores como Román Suárez y José Manuel Cortina influyeron positivamente en la carrera de Ajete, fue Julio Romero quien más logró calar en el joven lanzador.

“Él para mí fue un psicólogo, un pedagogo, un padre. Te pongo un ejemplo: en el ´86 causé baja del equipo por bajo rendimiento, pues ese año abrí 18 juegos en la Selectiva, perdí dos y no gané, lo que hizo que prácticamente me dieran de lado.

“En ese momento Julio me preguntó: ‘¿Tú quieres convertirte en pícher del equipo nacional?’. Le respondí que sí y entonces me dijo que ese año estaría en el Cuba.

“Esa temporada gané ocho y perdí tres en la Selectiva, a partir de ahí comencé a encariñarme con él y antes de que se acabara la temporada me aseguró: ‘¡Eres el cuarto pícher del equipo Cuba!”’.

1992 fue un año importante en tu carrera pues participas en tus primeros Juegos Olímpicos. ¿Cómo recuerdas la cita de Barcelona?

“Quizás debido a las conversaciones que teníamos Miguelito Valdés, el jefe técnico; Pablo Véliz, el psicólogo del equipo, y yo, vi los Juegos Olímpicos de Barcelona muy parecidos a unos Panamericanos. Me quedaron incluso, deseos de seguir lanzando. Fue una competencia de alto nivel pero para mí fue más difícil el Panamericano de 1991”.

En 1996 vuelves a integrar el Cuba a unos juegos múltiples. ¿Cómo vivió Omar Ajete aquella experiencia?

“En Atlanta ´96 no tuve buenos resultados, ahí empezaba ya el béisbol profesional, creo que en esa competencia mi mejor desempeño fue el relevo que hice a Fumero contra Nicaragua”.

A Sídney 2000 llegaste siendo uno de los jugadores de más experiencia dentro del combinado nacional. ¿Cómo se vivió dentro del colectivo cubano la derrota en la final de aquel torneo?

“Valle y yo fuimos los lanzadores de mayor edad. Allí, mi mejor actuación fue el relevo a José Ariel Contreras en el juego contra Corea del Sur.

“Pienso que pudimos obtener la medalla de oro en ese torneo pero perdimos por la mala utilización del picheo, para aquel último juego la designación debía haber sido José Ibar que en la clasificatoria le había lanzado a Estados Unidos permitiendo solo dos jits; sin embargo, el abridor fue Pedro Luis Lazo.
“Considero también que en esa competición debió ser Alfonso Urquiola el director del plantel, porque un año antes fue él quien ganó los Panamericanos de Winnipeg y obtuvo la clasificación olímpica”.
El subtítulo alcanzado en Sídney 2000, marcaría para Omar Ajete el fin de una exitosa carrera de 13 años dentro del seleccionado de la Mayor de la Antillas y sin sospecharlo, también el de su paso por nuestros clásicos nacionales.
De regreso a la más occidental el estelar lanzador no volvió a ser tenido en cuenta nuevamente para integrar el staff pinareño, a pesar de mantener un muy buen nivel competitivo.
“Te diré algo que le he comentado mucho a mi compañera: yo regresé de Japón con la intención de seguir jugando, pero en la provincia determinaron que no.
“Entonces mi esposa y algunos amigos me dijeron que debía darme cuenta que me estaban dando de lado, yo quería seguir, me mantenía con buena velocidad pero al ver que no me necesitaban seguí entrenando por mi cuenta y jugaba los fines de semana en la segunda categoría.
“A mí me sacaron de los terrenos con 32 años, a Casanova con 34, a Ermidelio con 33, y creo que ahora es que se está viendo que podían habernos aprovechado un poco más”.
El 30 de noviembre del 2004 un abarrotado estadio Capitán San Luis, despidió oficialmente al ídolo que tantas sonrisas regaló a su afición.
“Desde entonces Alfonso Urquiola me convocó en algunas ocasiones a los entrenamientos con la selección, y recientemente Lazo me dijo que le hacía falta mi ayuda”.

¿Desde tu retiro hasta la fecha es todo en lo que has sido utilizado?

“Sí, tanto así, que cuando vamos a los juegos de las Estrellas, antiguos compañeros míos me preguntan qué estoy haciendo en Pinar del Río, y porqué no estoy en la Serie Nacional.
“No sé si hay compromiso con otros atletas o entrenadores, pero se debía haber pensado un poco más no solo en mí, también en Orestes González y Félix Pino, pues prácticamente es como si estuviéramos desahuciados”.

¿Qué diferencias crees que hay entre el picheo en que tú te desenvolviste y el actual?

“Creo que una de las cosas más malas que hay es el régimen de lanzamientos, eso de hacer 100 envíos es acabar con los pichers, el lanzador que tiene que hacer esa cantidad de picheos ya en el quinto inning está presionado psicológicamente.
“Por poner ejemplos: Faustino Corrales, llegó a hacer hasta 220 en un juego de nueve innings y nunca se lastimó el brazo; yo pichaba cada cuatro días y nunca me lastimé, por eso no le veo objetivo ninguno a esa limitación, eso es lo más malo que se ha hecho aquí.
“Antes a nosotros, Román Suárez y Julio Romero nos tenían hasta tres meses sin ver un guante y una pelota. Era corriendo en las gradas, subiendo con un compañero en los hombros, haciendo carretillas, planchas, cuclillas con peso. Ahora todo es en una hora más o menos y ya se terminó la preparación”.

¿Cómo es el Omar Ajete padre, esposo, amigo?

“Normal, siempre haciendo gracias y maldades a las amistades. Recuerdo que una vez una persona me dijo que tenía que cambiar mi forma de ser porque ya era Omar Ajete en Cuba. Ni lo hice en aquel momento ni lo voy a hacer, pues como se dice: a uno no se le debe ir la fama para la cabeza, y yo sé quién soy, soy Omar Ajete, un guajiro de Las Verbenas”.

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