Detrás del home, un médico fue el más integral

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Es la pelota para los habitantes de este archipiélago como una buena metáfora de la vida, que por derecho propio se ha erigido en baluarte de innegable valía en la construcción de nuestra identidad. Si bien anda algo afiebrada, no ha perdido la capacidad que tiene para alimentarnos de pasión y debate.

Hoy intentaremos avivar las brasas de la polémica abordando un tema sobre el que todos creen acuñar la razón. ¿Quién es el mejor receptor en la historia del béisbol nacional?

Muchos, y con altas dosis de juicio, afirmarán que Ariel Pestano y Juan Castro se disputan ese formidable mérito; sin embargo, trataré de desafiar el filo de tamaños argumentos lanzando una tesis plagada de precipicios y vértigo.

Nuestro cátcher más integral ha sido Pedro Medina Ayón, conocido también entre bolas y strikes como el médico. Para tratar de seducirlos, hurgamos en los tesoros del estadístico Yirsandy Rodríguez Hernández.

Es cierto que los números defensivos de Pestano son superiores a los de Pedro Medina y Juan Castro, y que a la ofensiva, aunque existe cierta paridad, el capitalino es superior en renglones de gran peso, a pesar de jugar cinco temporadas menos.

Además, es justo aclarar que durante buena parte de la trayectoria del villaclareño, jugada la mayoría con bate de madera, el nivel de juego decayó, lo cual marcó un declive arrastrado hasta la actualidad.

Pedro Medina y Juan Castro jugaron en una etapa donde estuvieron los mejores bateadores, jonroneros, robadores, así como grandes lanzadores de nuestra historia, lo que repercutió en contiendas más rigurosas, no obstante la utilización del controvertido bate de aluminio.

Se ha enraizado la teoría, con ciertas dosis de razón, de que el trabajo del catcher es atrapar a los jugadores en base, cuando en realidad debe influir más su ofensiva para apoyar el trabajo de su lanzador y su labor detrás del plato, para reducir las posibilidades de ataque del adversario.

Si usted voló sobre el recuerdo, centelleó en nostalgias, o encendió la mecha de la investigación, la presente tesis confirmó que la pelota y los debates que la escoltan, continúan siendo vital fuego que felizmente nos abrasa. ¿No lo cree?

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