Bateo cubano: primero en average…pero no basta


Autor:  

Hevia

Cuba es la nación de mejor promedio de bateo sumados los cuatro Clásicos efectuados, única por encima de los 300. Para muchos esa afirmación será una sorpresa, teniendo en cuenta la calidad del evento, convertido desde hace 11 años en lo máximo del béisbol internacional.

Potencias como Japón, Estados Unidos, República Dominicana y Puerto Rico andan por debajo de nuestro país en lo referente al average ofensivo y también en el importante casillero de los cuadrangulares, donde la Mayor de las Antillas es líder con 34 bambinazos, uno más que los nipones en cinco partidos menos.

Los peloteros cubanos son terceros en carreras anotadas y en jits conectados, lo cual pudiera dar lugar a una interrogante: ¿cómo es posible que bateando por encima de los demás solo hemos llegado a una final, con tres eliminaciones sucesivas sin pasar de la segunda vuelta de la justa?

Si aspiramos a encontrar la verdad tenemos que desmenuzar las estadísticas, no tan frías como algunos las consideran. Hay que tomar en cuenta múltiples factores e indicadores, entre ellos la real calidad de los rivales enfrentados en cada etapa. Echarle la culpa al pitcheo sería lo más fácil, pero no solo a partir del rendimiento monticular se fabrican las victorias.

Demos por sentado que el average de bateo –la primera estadística aparecida en el béisbol–, está, en mi opinión, sobrevalorado en estos días. Conectar tres jits en diez turnos al bate equivale a un average de 300. Pero eso, por sí solo, no dice nada o dice muy poco. Faltaría por conocer si alguno de esos jits sirvió para impulsar una carrera o adelantar a un corredor hasta segunda o tercera. De lo contrario, no resultaron productivos para el equipo que es, en definitiva, lo más apreciado.

Otros medidores son importantes para conseguir una valoración más exacta, acorde con lo sucedido en el terreno de juego. Tomemos, por ejemplo, la cantidad de bases por bolas y su relación con los ponches recibidos. Sabido es que una transferencia casi equivale a un jit, pues coloca a un corredor en base, solo que no le repercute en el average. Cuba es octava en cantidad de boletos, 73, mientras que Venezuela, con dos juegos menos, suma 17 bases más. ­Sudcorea, con cuatro partidos menos que nuestro equipo, ha recibido 15 transferencias por encima de las otorgadas a los bateadores cubanos, a quienes, sin dudas, les ha faltado tacto y  paciencia a la hora de discriminar lan­zamientos.

De igual manera tiene repercusión la cantidad de jugadores retirados por la vía de los strikes. La representación cubana es quinta en mayor cantidad de ponches; la selección nipona –única ganadora de medallas en los cuatro Clásicos, dos títulos y un par de terceros puestos–, acumula solo 16 estrucados más, a pesar de sumar 170 veces al bate por encima de los antillanos.

Aquí resultaría oportuno hablar de un ejemplo. República Dominicana –campeona del tercer Clásico con un récord de ocho victorias consecutivas–, ha jugado un partido menos que nuestro equipo. Sin embargo, acumula 70 bases por bolas más y 16 ponches menos, con un promedio inferior de bateo, 272, pero avalada por mucho más tacto a la hora de pararse en el plato, cuya resultante no es otra que mayor cantidad de hombres en las almohadillas.

ES NECESARIO IR A LOS DETALLES

El béisbol precisa ir a los detalles cuando de análisis se trata. En el tercero de estos eventos mundiales Cuba desplegó una ofensiva muy poderosa, promediando un altísimo 343, 11 cuadrangulares, 45 carreras anotadas y un total de 24 extrabases, líder no solo en average sino única con un slugging por arriba de la marca de 500 y un average de embasado sobre 400.

Derrotó por primera ocasión a Japón, 6 carreras por 3, y parecía abocada a llegar otra vez a una final como en el 2006.

Pero apareció Holanda, un rival conocido, campeón del último mundial efectuado en Panamá 2011 que derrotó a Cuba en la final, 3 carreras por 2. Los europeos, liderados en el tercer Clásico por jugadores que poco tiempo después serían regulares en Grandes Ligas (Andrelton Simmons, Xander Bogaerts), vencieron dos veces con pizarras de 6-2 y 7-6. De nada valieron la docena de indiscutibles conectados por los cubanos en ambos choques, faltó productividad, oportunidad a la hora de batear. Compilar un promedio de bateo superior al de los restantes equipos participantes no impidió la eliminación de nuestro equipo.

JAPÓN, TACTO Y VELOCIDAD

Valdría la pena preguntarse cómo Japón ha estado siempre entre los tres primeros durante los cuatro Clásicos. La respuesta pudiera ser esta: combinación de tacto, velocidad en las bases y pitcheo adecuado.

En el primero de esos eventos, pegaron diez cuadrangulares, negociaron 32 transferencias, tocaron la bola nueve veces con éxito y estafaron 13 almohadillas en 15 intentos.

En el segundo título alcanzado por los nipones hubo un poco más de lo mismo, pues lideraron los ­departamentos de bases por bolas recibidas (34) y robos de base (11 en 12 intentos), además de siete toques de bola exitosos y seis elevados de sacrificio para remolcar otras tantas carreras, esta vez con mucho menos poder al sacar la pelota más allá de los límites solo en cuatro ocasiones. La velocidad en función de la ofensiva será siempre un recurso efectivo.

CEPEDA, UN EJEMPLO

El mejor y más completo bateador ambidextro de la pelota cubana. Esa sola frase recoge la grandeza de Frederich Cepeda, el espirituano de 37 años con dos décadas de trayectoria en el béisbol, entre cuyos logros está el ser campeón olímpico, multititular mundial, e integrante del equipo que llegó hasta la final del primer Clásico.

Es ahí, en los Clásicos, donde Cepeda demostró toda su enorme capacidad ofensiva. Es el único de los nuestros participante en las cuatro justas, con números que lo acreditan como el bateador más destacado de nuestro país: líder histórico en carreras anotadas (17), jits (31), jonrones (6), carreras impulsadas (23), total de bases (46), bases por bolas (15) y segundo en promedio de bateo (449).
Si me preguntaran cuál es su característica distintiva, la respuesta sería: su habilidad para seleccionar lanzamientos.

Resulta difícil ver a Cepeda irse con una pelota fuera de la zona de strike. Tiene la virtud de ser paciente, de esperar a que el lanzador le sirva un envío que le acomode, con un swing armónico característico de su sistema de bateo. Casi 1 500 bases por bolas en Series Nacionales hablan por sí solas del cuidado que ponen los lanzadores al trabajarlo.

Cepeda es un ejemplo de lo que aspiramos de nuestros peloteros jóvenes. De su entrega y perseverancia, de esa manera de asumir con calma cada turno al bate. «Yo trato de concentrarme al máximo en situaciones de tensión», dijo una vez. Para él, tener un buen average de bateo no basta.

BATEO HISTÓRICO CLÁSICOS

EQUIPOS

PART.

JJ

VB

C

H

HRS

IMP

BB

K

AVE

CUB

4

26

876

148

266

34

142

 73

154

303

JAP

4

31

1049

201

312

33

188

132

170

297

MEX

4

18

603

107

168

24

  98

  65

121

278

USA

4

28

963

152

267

30

147

110

184

277

DOM

4

25

815

117

222

29

104

103

138

272

PUR

4

29

945

141

255

28

134

123

174

269

TPE

4

13

434

  53

115

  5

  47

  40

  92

264

ISR

1

  6

204

  30

  54

  3

  27

  31

  47

264

VEN

4

24

800

112

208

27

106

  90

150

260

HOL

4

23

802

109

209

16

  99

  77

181

260

KOR

4

22

690

100

172

19

  98

  88

143

249

ITA

4

15

507

  75

126

15

  72

  61

119

248

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