​El Uno dice adiós…, pero no se va

Por: Mario Martín Martín 

Cuando el domingo 6 de agosto debute el equipo Ciego de Ávila en la LVII Serie Nacional de Béisbol, no estará en sus filas Yorelvis Charles, quien por 21 años vistió el uniforme de Los Tigres
Quizás no pasó de una hora el diálogo que sostuve con Yorelvis Charles, pero, cuando me dispuse a transcribir la entrevista, no tardé en percibir que debería hacer “milagros” para no emplear más de 100 líneas, acordes con las Normas de Redacción de Invasor.

El mejor bateador avileño del béisbol revolucionario, uno de los cuatro campeones olímpicos que ha dado esta provincia, es, también, un buen conversador y no fueron pocos los temas que abordó con la misma parsimonia y ecuanimidad que empleaba en sus turnos al bate.

Hay dos cuestiones que parecen estar siempre entre las prioridades en su diálogo: familia y amigos. Pone un énfasis especial cuando de ellos se trata, por eso me habló de su tía Juliana, su abuelo Duvilón, su tío Jefferson y su primo Héctor Andrés, quien no solo lo llevaba a los juegos de pelota, sino que le enseñaba que las palabras hombre y amigo eran más sagradas que el propio deporte al que le dedicaría la vida.

“Mi historia sería otra si ellos no hubieran estado a mi lado. Sin mi mamá, Noemí, por ejemplo, ni soñar con lo realizado en todos estos años, como en los últimos tiempos debo reconocer que mi esposa Lianay —y ahora mi hija Natalia— han sido determinantes.”



—¿Y las amistades dentro de Los Tigres?

—No dejo de explicarles a los muchachos que recién se inician que, tan importante como brillar como pelotero es saber cultivar la amistad. Jugué 21 años en Series Nacionales y me llevo experiencias muy lindas con personas que conocí aquí, en el actuar de todos los días. No me faltaron amigos y consuelo cuando las cosas no salían según lo esperado. Recuerdo cómo junto a Isaac Martínez —unos de los mejores bateadores que ha dado esta provincia— solía analizar los detalles que no hicimos bien en un juego. Mucho me ayudó tener a todos mis amigos de Los Tigres, bien cerca en los momentos buenos y malos de mi carrera deportiva.

—A propósito de los slump, ¿qué le aconsejarías a los jóvenes para salir de ellos?

—Lo importante es que no pierdan el autocontrol. No desesperarse es la mejor “medicina” para salir de esas malas rachas. A veces, no es cuestión de ajustes técnicos, sino de no salirte de lo que estás haciendo. Puedes que le estés dando bien a la bola y los batazos salgan de frente. Si en ese momento te pones a corregir defectos técnicos puede que empeore más la situación. Y te digo que en mis primeros años yo era de los que me “entercaba”. En ocasiones, después del juego, me metía debajo de la ducha y me daban horas allí. El tiempo me enseñó que el desespero es el más grande enemigo de un bateador. Ahora mismo, si me preguntan cuál es la principal cualidad para conectar bien la bola, no dudaría en responder: saber esperar “mi pitcheo”. Con lo que no estaré de acuerdo —como veo ahora con demasiada frecuencia— es que te tomes tres ponches y estés luego como si nada en el restaurante del hotel. Yo, y otros tantos de mis compañeros, no comíamos cuando las cosas no nos salían bien.

—Algunos se sorprendieron cuando, en partidos importantes de Ciego de Ávila, te desempeñaste en segunda base.

—No sé por qué esa sorpresa, pues desde las filas escolares y juveniles esa era mi posición, Lo que sucede es que llegué a Los Tigres cuando ya Mario Vega era dueño de esa posición y fue una necesidad, de los que dirigían el equipo, buscarme un lugar. También jugué en el campo corto y en tercera base. En esto contribuyó que desde que era un muchachito de unos 10 años, allá en Miraflores Viejo, localidad del municipio de Bolivia, solía jugar donde me situaran. Lo mío era jugar.

—¿Y si te pregunto a qué modelo de pelotero te gustaría parecerte?

—Creo que ese es uno de los errores más frecuentes de los que comienzan, incluso, eso se ve en los aficionados. Uno puede tomar todas las cosas buenas que tiene un pelotero de alto nivel, pero eso no quiere decir que intente ser como él. Cada cual tiene su forma de ver el béisbol y de jugarlo. No todo el mundo puede ser Víctor Mesa y tampoco vas a tener la flema de Omar Linares o sus cualidades para batear. Algunos me decían que debía ser más agresivo para jugar y yo les respondía que los juegos no se ganan por gritos o por exteriorizar tus ganas de triunfo. Yo sufrí y gocé este deporte como el que más. No pocas derrotas lloré —eso lo saben mis compañeros—, aunque no intenté nunca cambiar mi forma para, según algunos, “hacer más por el espectáculo”. Si de espectáculo se trata el mío era batear y creo que no lo hice mal. Es verdad que el béisbol ha cambiado mucho en los últimos tiempos, sin embargo, que yo sepa, lo que no ha variado es su esencia. El triunfo corresponde al equipo que más carreras haga y para hacerlas hay que batear; además, uno es como es. Y te digo que al pelotero que más admiré de niño fue al camagüeyano Luis Ulacia.

—¿Y no te gustaría dirigir un equipo?

—Lo que si te puedo asegurar es que he dedicado mi vida al béisbol. No he realizado otra cosa desde los nueve años de edad. Algo debo haber aprendido después de tanto tiempo ligado a este deporte. Y no me gustaría guardar mis experiencias solo para contarlas alguna que otra vez. A partir de ahora estoy en la disposición de enfrentar nuevas tareas relacionadas con la pelota. Estaría contento con cualquiera de las encomiendas que me den si de béisbol se trata. Puedes escribir que el Uno dice adiós, pero no se va.

TRES TIGRES OPINAN



Roger Machado: Tuve la dicha de ser su compañero de equipo y, luego, tener la responsabilidad de dirigirlo. Yo no quiero hablar de su calidad deportiva pues los números de él lo dicen todo, pero si quiero recalcar que fue un ejemplo de dedicación todos estos años. Ojalá pronto aparezcan peloteros como Charles, no solo por lo que puedan ayudar desde el punto de vista deportivo, sino que sean ejemplos como él.

Mario Vega: Promediar 300 en una temporada no es una tarea tan difícil, pero mantener ese promedio durante 21 años son pocos los que lo han logrado en la pelota cubana. Y mira que en la caja de bateo se han parado hombres durante estas 56 series. Para batear así no basta con tener dotes, hay que dedicarle la vida a eso. Yorelvis no escatimó tiempo para la pelota. En él deben mirarse los que en un campeonato obtienen buenos resultados y ya creen que tienen el mundo a sus pies.

Isaac Martínez: Charles fue de los buenos compañeros que tuve en mi carrera deportiva, incluso, por espacio de más de 10 años, cuando salíamos a otra provincia compartíamos la misma habitación. Él siempre estaba atento a lo que hacía mal en la caja de bateo, creo que por eso no le recuerdo malas rachas ofensivas. En lo personal, también me ayudó mucho. Es un gran observador y no demora en darse cuenta de lo que no se está haciendo correctamente. Yo siempre le digo que tiene mucho que enseñar a los muchachos que se incorporan.

ALGO MÁS 

Conquistó en su carrera atlética la corona nacional juvenil (1996). En el transcurso de 21 años vistió el uniforme de Los Tigres, con los que subió a lo más alto del podio en tres Series Nacionales. Es de los pocos jugadores de cuadro que han sido líder de bateo, lo fue en la Serie 1999-2000, a pesar del regreso del bate de madera.
Ha sido miembro en varias ocasiones de la preselección nacional desde 1998. Integró la que triunfó en la XV Copa Intercontinental (2002), así como la que obtuvo la medalla de oro en la XXXV edición del Campeonato Mundial de Béisbol Aficionado (2003) y, un año después, resultó campeón olímpico en Atenas, Grecia, como parte de la escuadra de la Mayor de las Antillas.

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