Pisando el terreno de Carlos Martí

Por Julieta García Ríos 

Tras varias décadas en el terreno del béisbol, la mayor parte de ellas al timón del equipo de Granma, Carlos Martí logró coronarse en la pasada Serie Nacional. Por vez primera en la historia de la pelota cubana los Alazanes eran dueños del cetro.
Con el título, más que un campeonato, ganaron el respeto de la afición de esta Isla, donde la pelota es pasión. En el diamante fueron grandes y dejaron detrás a los favoritos.

A los Cocodrilos de Matanzas, mejor equipo de la etapa clasificatoria, los vencieron en semifinales. Y ya en la final arrasaron en cuatro juegos consecutivos con los Tigres de Ciego de Ávila, campeones de las dos ediciones anteriores.
Avalado por tal desempeño, el mentor granmense pretende retener el título que tanto esfuerzo les costó. Y como no quiere aventurarse, se mantiene con los mismos hombres que lo llevaron al triunfo.

Al término del congresillo técnico de la 57ma. Serie Nacional de Béisbol, JR conversó con el timonel de los Alazanes para conocer sobre sus jugadores en la presente edición.

«El equipo se ha preparado bien. Han sido 12 semanas de entrenamiento en las que hemos cumplido lo planificado, con excepción de los días en que ha llovido y hemos modificado el plan. Tenemos los mismos jugadores del año pasado, salvo una ausencia que me preocupa, porque es un lanzador de calidad: Lázaro Blanco, quien no jugará en la primera etapa, pues está contratado.

«Pasar entre los seis primeros equipos es la meta inicial, y luego seguir avanzando hasta discutir el campeonato. Para eso es necesario empezar bien, y tener suerte con los refuerzos para luchar por el título».
El 5 de agosto marcó el inicio del clásico beisbolero cubano, cuando en el estadio Mártires de Barbados los Alazanes se enfrentaron en su propia sede ante los Azucareros de Villa Clara (cuarto lugar). Este domingo jugarán los 14 equipos restantes.

Previo a la etapa semifinal de la 56ta. Serie, usted valoró el desempeño de su equipo como de bien en el pitcheo, con la defensa mejorada y la ofensiva inestable por no estar Roel Santos ni Alfredo Despaigne desde el inicio. ¿Cómo vienen ahora?

—La situación se reitera, y sus ausencias se notan porque son peloteros de mucho calibre. Tampoco estará Blanco, pero vamos a echar «pa’lante» hasta que lleguen.

¿Cómo han trabajado el pitcheo?

—Con la misma intensidad de años anteriores. Contamos con algunos veteranos como Leandro Martínez y Yanier González, a quienes acompañan otros jóvenes para contribuir a la victoria.

¿Cuál será su alineación inicial?

—Los nueve jugadores serán: Guillermo Avilés (1B), Carlos Benítez (2B), Yulián Milán (SS), Osvaldo Abreu (3B), Lázaro Cedeño (BD) y como jardineros Raico Santos, Yoelkis Céspedes y Alexquemer Sánchez, aunque el orden está por definir.

¿Qué opina de Céspedes?

—Es un talento. Él y Víctor Víctor Mesa son los prospectos que veo hoy con más calidad en la pelota cubana.

¿Y Yulián Milán?

—Un torpedero de magníficas manos. No es buen bateador, pero cumple con su rol en una posición donde lo importante es defender, y eso lo hace muy bien.

Usted tiene fama de ser duro…

—Eso dicen. Para mí la disciplina es fundamental. Y esa es válida en cualquier aspecto de la vida. Exijo que los atletas cumplan con el horario y que fuera del terreno lleven una vida que no perjudique su rendimiento.

Contrasta esa imagen con la del mentor que no presiona en el juego…

—Si el atleta entrena bien y cumple con sus responsabilidades no tiene problemas. El juego es para divertirse. Se gana y se pierde. Cuando hay revés, se analizan las causas y al día siguiente hay que olvidarse de la derrota y tratar de jugar mejor.

—¿Cómo hace para permanecer imperturbable?

—Eso se logra poco a poco. Con tantos años dentro del terreno uno adquiere experiencia y aprende a no transmitir mensajes negativos. Es mejor brindar confianza

—¿Tiene alguna fórmula para dirigir durante tantos años?

—La perseverancia en el trabajo. Las veces que no he dirigido ha sido porque he estado en el extranjero o he tenido problemas de salud. Siempre que me piden ayuda he estado en la mejor disposición de darla. Lo único que sé hacer es trabajar en el béisbol. Soy de los que llevan la pelota en la sangre.
Camino a la oficina de la Comisión Nacional de Béisbol, antes de la despedida, el experimentado director de los Alazanes reflexiona: «Esto es parte de mi vida. De los 68 años que tengo, 42 los he pasado en el terreno».

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