Inmortales del Cauto

Por: Oreidis Pimentel Pérez 

Hacer un equipo ideal del béisbol cubano de todos los tiempos sería un enorme dolor de cabeza. Casi un imposible. Muchos han sido los grandes jugadores de Cuba en siglo y medio de práctica beisbolera y, por ende, muchos los criterios y preferencias que pudieran esgrimirse para seleccionar a los mejores.

Sería preferible intentarlo con alguna provincia de la Isla. Más sencillo por simples razones cuantitativas, aunque no menos apasionante y exento de polémica. Puesto a escoger entonces, y para evitar suspicacias, sugiero comenzar con Granma, el actual monarca de la pelota cubana.

Esta modesta provincia surgida en 1976 logró en su único cetro nacional en la serie finalizada a inicios de 2017. En la recta final hacia el título, los Alazanes no tuvieron que enfrentar a su Némesis de los años 90, Santiago de Cuba, y aún con jugadores de menos experiencia y clase que antaño, pudieron llegar incluso a una Serie del Caribe bajo el mando de su sempiterno manager Carlos Martí.

Ahora que la Serie 57 da sus primeros pasos, le propongo un presumible line up histórico de Granma, con hombres nacidos en ese territorio.

1- Right field: Agustín “Pijiní” Bejerano (época activa: 1928-1948). “El Hombre de los pies alados” hacía las delicias en las Ligas Negras como uno de los corredores más rápidos de ese circuito –donde jugaba a pesar de no ser de piel oscura–, prestigio que lo llevó años después al profesionalismo cubano y a ser exaltado al Salón de la Fama del béisbol mexicano gracias a su rendimiento con varias franquicias. Es el único granmense en un hall de estrellas.

2- Campo corto: Agustín Arias (principios de los 60 hasta finales de los 70). En su segundo año como short stop en el equipo Oriente ya mereció su designación para la selección nacional. Su potencia de brazo lo llevaba a sacar out desde la posición de rodillas, una jugada muy aclamada por el público. Su rapidez le permitió situarse entre los mejores infielders en doble plays y asistencias (cuarto histórico con 5143).

En 17 Series Nacionales conectó más de 1400 hits, participó en 8 Series Selectivas –en su despedida fue líder de bateo con .404– y ostenta siete medallas en eventos internacionales.

3-Center field: José Julio “Huesito” Vargas (1920-1946). Puede que este nombre provoque sorpresa pero su aval confirma la justeza de su selección.

“Huesito” fue de los jardineros más rápidos de Cuba. Desde Manzanillo, los centrales Baraguá, Manatí y Palma Soriano, su nombre sonó tanto que fue firmado por Almendares y Santa Clara –compiló .276 ofensivamente, justo cuando en el team jugaban varias estrellas de las Ligas Negras–, y luego se fue a República Dominicana con los Dragones de Trujillo. Su liderazgo positivo fue notable en Contramaestre, donde jugaban otros dos hermanos suyos, en el Camagüey profesional de la Liga de Verano y en Palma Soriano, amén de ser el director de los Mulos de Nicaro en 1957.

4- Left field: Alfredo Despaigne. Desde el principio de la segunda década del siglo XXI se convirtió en el jonronero cubano de más prestigio, al transitar con éxito por la Serie Nacional, la liga profesional mexicana y, más tarde, las Grandes Ligas japonesas.

5-Bateador designado: Yoenis Céspedes. Durante su paso por los Alazanes formó con Despaigne y Yordanis Samón el trío de “Los Villalobos”. En Cuba bateó más de cien jonrones y promedió por encima de .300 en ocho temporadas.

Su partida hacia los Estados Unidos, tras más de un descarte de selecciones nacionales, lo convirtió en el primer granmense con categoría de Big Leaguer. Con los Atléticos de Oakland demostró ser “La Potencia”, al liderar un derby de jonrones y probar su valía al bate. Pasó por los Medias Rojas de Boston y los Tigres de Detroit antes de su traspaso multimillonario a los Mets de Nueva York. En la ciudad que nunca duerme se ha confirmado entre los latinos más notables de la Gran Carpa.

6-Receptor: Luis “Chicho” Ferrales. Carlos Barrabí fue el referente de esta posición en los años 80 e inicios del 90, incluso como parte de los equipos Serranos y Orientales en Selectivas, pero Ferrales lo superó en igual número de temporadas, 17.

Su cenit estuvo entre finales de los 90 y primera década del siglo XXI. Con los arreos granmenses mejoró a su predecesor en promedio defensivo (984 por 969), bateo (284 por 244) y slugging(419 por 379), y además en la efectividad de corredores cogidos robando.

En contra de Barrabí también conspira que conectó siempre con bate de aluminio y que era un corredor muy lento.

7-Segunda base: Heberto Blanco (época activa: 1930-1955). Destacó por su defensa en varias posiciones del infield, aunque fue en la segunda almohadilla del Habana donde trascendió. Luego de su debut en Bayamo y Oriente pasó al profesionalismo en la década del 40, cuando militó con los Leopardos de Santa Clara, los New York Cubans, el Rosswell de las Ligas Menores, y en la Liga Mexicana con los Industriales de Monterrey y el Águila de Veracruz.

Terminó su carrera en los años 50 con el club Marianao, pero atrás dejó una estela con los Leones del Habana, equipo con el que sería designado cuatro veces al Todos Estrellas en la Liga Cubana. Fue uno de los jugadores más emblemáticos de los habanistas.

9- Tercera base: Ciro Nuevas (1930-1945). Fue puntal del San Antonio de los Baños y está considerado como uno de los mejores antesalistas de la Unión Atlética Amateur. En el circuito aficionado de la Isla era usual verlo promediar por encima de 300, y destacar como un hábil anotador e impulsador, clásico chocador de bola.

Otros jugadores granmeses dignos de mención son “Niño” Aguilar (ligas menores en los años 40 y 50), y “Chago” Rodríguez (década de los 40), y Carlos “Yiqui” de Souza y su hermano Federico Nemesio “Freddy”, así como los también hermanos Víctor y Pablo Bejerano, su primo Santiago Valerio y Marcos Naranjo, estos últimos hombres de Series Nacionales desde los años 80 hasta principios del presente siglo.

“Yiqui” podría ser el utility pues sus manos eran prodigiosas en segunda y en el campo corto. Pasó del amateur San Antonio de los Baños al profesionalismo en Cuba –en especial con Almendares– y los Estados Unidos (años 40 y 50).

Lanzadores

El primero en la lista es el derecho Manuel Alarcón. Por su mote de “El Cobrero” algunos suponen que era santiaguero, pero en realidad nació en Canabacoa, en el actual municipio de Bartolomé Masó.

Combinó velocidad, curva y mucho coraje. Fue capaz de descarrilar a los Industriales con la orden de cerrar La Trocha y mandar la salida de la conga El Cocoyé, en Santiago de Cuba, como celebración por el seguro triunfo oriental. Su valentía no es una estadística contable, pero tiene un valor cierto.

Alarcón fue mítico en los 60, con un wine up que hacía perder la trayectoria de la bola y enfocaba su espalda hacia el home. Este gesto típico le acortaría su vida activa al producirle una hernia discal.

Más allá de un positivo balance ganados y perdidos (41-24) vencía en juegos clave, con gran cantidad de ponches. Completó más del 60 por ciento de los juegos que inició y demostró gran habilidad para colgar ceros con bases llenas. Es quinto de por vida en promedio de limpias (1.82) y es el segundo con menor frecuencia de jonrones por bateador enfrentado.

El segundo es Ibrahim Brull (1948-1958), iniciado en los centrales azucareros América y Palma Soriano, para luego simultanear en la Liga de Pedro Betancourt y la Popular de Oriente.

Sus actuaciones en la Unión Atlética Amateur lo llevaron a integrar dos veces el equipo Cuba a los Campeonatos Mundiales de 1951 y 1952. Rehusó saltar al profesionalismo y se mantuvo con los equipos de San Germán y Báguanos; con este último incluso fue a la ciudad estadounidense de Michigan en 1953.

Eusebio “Silverio” Pérez (década del 50), el zurdo de Niquero, trabajó para menos de tres carreras limpias en la Liga Cubana. Antes de Despaigne era el único granmense con participación en una Serie del Caribe (1953) y en tres temporadas con los Havana Cubans, a pesar de su balance de 31 y 31, también bajó de las tres permitidas por juego (2.94).

Estuvo un año como relevista con los Cuban Sugar Kings. En 17 campañas en las Ligas Menores de los Estados Unidos y México, en 382 desafíos obtuvo balance de 77-66 (.538), con una efectividad de 3.10, sin contar su tránsito por Nicaragua y Venezuela.

De la etapa republicana también podría incluir a Alcino “Cuadrado” Diéguez, un derecho que fue semiprofesional con el Orbay Cerrato, pasó por los centrales, por Bayamo, Victoria de las Tunas y el profesionalismo panameño, pero otro manzanillero lo precedió con más brillo: Alcibíades Palma (década de los años 20 y 30).

Mencionado en más de una ocasión por la revista Carteles, Palma fue de los primeros criollos en vencer a marines norteamericanos. Su fama lo llevó al Almendares, al Cienfuegos y a los mismísimos Leopardos de Santa Clara. Con algunas de aquellas estrellas negras, cubanas y norteñas, hizo giras por los Estados Unidos y también estuvo por la liga mexicana y varios países del área. Aunque sus estadísticas no son contables su mítica figura lo llevaba a ser considerado entre los mejores brazos de la historia pelotera del oriente cubano a principio de los 60 del pasado siglo.

Ahora vienen los nombres de las Series Nacionales.

Ciro Silvino Licea (años 90 a 2015) es sin dudas la referencia granmense en el pitcheo abridor, con más de 400 aperturas. Sus 22 campañas de experiencia y su afilado slider lo situaron como el mejor ponchador del equipo y octavo de por vida en la llamada pelota revolucionaria, quinto histórico en victorias (208) y en lechadas (44).

Tuvo deudas en postemporada al no poder dominar a Santiago de Cuba, algo que privó a su novena de mejores cupos en los años 90, pero sus números demuestran que fue el mejor monticulista nacido en la tierra granmense luego de Alarcón.

Misael López (décadas de los 80 y 90) le sigue a Ciro en veteranía. Es el segundo con más victorias dentro del equipo y con más temporadas (24), las cuales le permitieron ser el cuarto pitcher con más juegos lanzados en clásicos nacionales.

Su balance de 148-151 lo coloca como uno de los tres granmenses con más de 100 laureles en Series Nacionales, y aunque su número de derrotas es el octavo más alto debe recordarse que los equipos de su provincia nunca destacaron por buena defensa ni estelar pitcheo. Su 4.71 de PCL es discreto en comparación con otros tiradores, sin embargo es de los mejores de Granma.

Ernesto Guevara Ramos (década de los 80 y 90) tenía un efectivo lanzamiento lateral que lo llevó al equipo Cuba luego de buenas campañas con los equipos orientales.

En 16 temporadas logró un promedio de limpias de 3.75 por juego, el segundo mejor histórico de su franquicia. Su balance victorias-derrotas (133-108) va a los libros del team solo detrás de Ciro Silvino, y sus más de 1200 ponches contra 541 boletos demuestran su dominio y buen control en el box.

Pedro Luis Palma (década de los 80) es también de una generación a la que no puede exigírsele más por no contar con un mejor equipo y tener que abrirse paso con Mineros en la Selectiva. No llegó a los cien triunfos, pero aun así es el cuarto granmense con más éxitos en Series Nacionales (92).

Mi relevista escogido es Miralis Benítez –54 salvamentos, por 21 de Isidro González– porque a pesar de su condición de apagafuegos ostenta un 3.84 de PCL, mejor que otros serpentineros de la región. Su balance de ponches contra bases por bolas también está por encima del resto. Lució a fines de los 90 y principios del siglo XXI.

Pudo incluirse a Manuel Vega, por su velocidad y su condición de campeón olímpico, pero sus números son discretos y tuvo manchas en su disciplina.

Lázaro Blanco es entonces el último y más reciente pasajero. Gracias a sus 17 victorias en una temporada, récord para el equipo e igual marca que Alarcón –con Oriente– y a su actuación en los play off contra Matanzas y Ciego de Ávila los granmeses levantaron el trofeo en 2017. En la actualidad se desempeña con éxito en la Liga Can-Am, Canadá.

El director

¿Qué hacer con Antonio “Tony” Castaño? La confusión histórica lo sitúa en Palma Soriano, pero nació en Manzanillo.

Debería ser un fijo en esta selección, por conjugar la habilidad de ser jugador y director a la vez. Fue en los años 40 uno de los primeros jugadores orientales en las ligas norteamericanas y en República Dominicana fue campeón con los Dragones de Trujillo. También pasó por el profesionalismo en la Liga Cubana y se incorporó a la enseñanza de los más jóvenes durante las primeras Series Nacionales.

Su cupo podría ser el de manager de este Granma ideal, pero el hecho de que Carlos Martí sea el artífice del único cetro nacional de “los potros” lo hace desde mi punto de vista insuperable.

Tras unas cuatro décadas al frente de Granma, Orientales, Mineros y Serranos, y con casi 1200 victorias en total –entre los managers más ganadores de Cuba–, su consagración llegó con el título nacional, que le abrió las puertas de una Serie del Caribe y el IV Clásico Mundial de Béisbol.

Esta es, en apretada síntesis, mi constelación de estrellas granmenses. Usted puede o no concordar, porque las inconformidades son el pan cotidiano de los aficionados al béisbol. Además, comparar épocas siempre será un delicioso dilema, tan rico en discusión como la propia pelota en sí.

Con una bola en la mano se puede jurar por la justeza de esta selección según estadísticas y hasta la sabermetría, pero más importante es recordar… que es volver a jugar.

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