​Enriquito Díaz: “Sufría mucho que no me tuvieran en cuenta. Yo me lo ganaba”

Por: Julita Osendi 

En total jugó 26 Series Nacionales. Fue campeón con Industriales en 3 oportunidades, todas con Rey Vicente Anglada como mentor.

En muchas oportunidades, grandes deportistas de cualquier especialidad, quedan afuera de los principales eventos, de las grandes competencias. En unos casos porque, realmente, en su posición, en su división, en su modalidad, había otro aún mejor. En otros porque la frase “no es ser bonito sino caer bien” venía que ni de anillo al dedo.

Así, al vuelo de la mente recuerdo al yumurino Lázaro Junco y al habanero Romelio Martínez, 2 de los mayores jonroneros del béisbol cubano; Alexander Ramos, perseverante intermedista de la Isla de la Juventud; Javier Méndez, descollante jardinero de Industriales.
Pero hoy conversamos con uno que se ha ganado con creces en varias oportunidades integrar el equipo CUBA, pero estos factores combinados le privaron de su sueño: el hombre récord de la pelota cubana, Enriquito Díaz.

Muy entrevistado siempre, más en los últimos tiempos tras su decisión de permanecer un tiempo en Estados Unidos, específicamente en Miami, donde realiza la función de entrenador en una academia en Hialeah, Enriquito es el mismo hombre de siempre: decente, honesto, sonriente, amable.

“Nací el 2 de septiembre de 1968. Mi padre, que siempre fue mi ejemplo a seguir, me llevó por vez primera a un terreno de béisbol y a mí lo que se me ocurrió decir fue: ojalá algún día digan mi nombre por el altavoz.

“Confieso que no comencé por la pelota ya que en las competencias inter-escuelas, el profe José Luis Booss me llevó a competir en el atletismo, yo era velocista. ¿qué otra cosa podría ser, verdad?

“De ahí proseguí bajo la égida de Tony y Osmaro en la pre- Eide Carlos Veloz y Alberto Álvarez en el centro experimental de desarrollo atlético (CEDA).

“Lo mío era correr, sí, pero correr jugando pelota. El destacado Augusto el Chino Fonseca, Tony González, quien fuera director de Industriales y Juan Delís en la ESPA resultados grandes entrenadores, que no solo me enseñaron a batear, fildear y correr, sino a ser un buen ser humano, me prepararon para enfrentar la vida.”

La habilidad para correr las bases (hizo una ciencia del robo de bases), tocar la bola, siempre estar embasado llevaron a Enriquito a integrar el equipo Cuba al Mundial Juvenil de Canadá 1985. De ahí para las Series Nacionales con el segundo conjunto de la capital, su amado Metropolitanos, del cual fue capitán.

Con los rojos de la capital vivió dos períodos: desde su debut en el 1986 hasta que pasa a Industriales en el 2008, para regresar en el 2009 hasta el 2012, cuando eliminan de la Serie Nacional al equipo Metros.

En total jugó 26 de estas justas. Fue campeón con Industriales en 3 oportunidades, todas con Rey Vicente Anglada como mentor.

“Recuerdos buenos y malos sobran en 26 años de duro bregar por estadios cubanos. Cuando cometí la pifia en el play off semi final frente a Pinar del Río en la serie 2001-2002 y luego vino el jonrón de Daniel Lazo y perdimos, es el peor de todos.

“Yo tenía un rendimiento y un prestigio y de pronto cualquiera se adjudicaba el derecho a ofenderme, a tratar de humillarme; le dijeron cosas a mi padre ¡a mi padre!, que tanto sufrió por algo que está en el juego: un error.

“Pero yo creo que nada pasa por gusto y existe un Dios. Para mí solo existía el béisbol, era mi vida y no entendía aquellas absurdas demostraciones en mi contra por parte de algunos fanáticos.

“El fanático no perdona, eso lo aprendí muy bien; atravesé por momentos muy malos. Me preguntaba una y otra vez ¿por qué a mí? Porque yo era tan entregado que pensaba que no merecía eso.

“Ahora entiendo que es parte del deporte y la vida; y ese mismo deporte y esa misma vida me dieron la oportunidad de redimirme. Di el batazo de oro en el play off contra Villa Clara en el 2004, y esta vez fue todo lo contrario.

“Me llevaron en hombros. Mi familia que tanto había sufrido, mis hijos que tantas burlas recibieron en la escuela y mi padre recibieron las felicitaciones. La alegría inundaba mi humilde hogar. Dios respondió a todo mi esfuerzo de jugar todos los días, sin descansar.”

Cuando un conocedor del béisbol analiza los números del conocido por “la bala de Centro Habana” deduce el tipo de pelotero que era Enrique Díaz. Líder absoluto en hits: 2358; carreras anotadas: 1623; triples: 95; bases robadas: 725; veces al bate: 8932, dejando detrás en varios departamentos al espectáculo mayor de la pelota cubana, Víctor Mesa, es una muestra elocuente de su grandeza.

“No voy a hablar de mi equipo ideal; no me gusta hacer comparaciones ni entre peloteros ni entre épocas, pero sí voy a mencionar a algunos que significaron mucho en mi vida, por ejemplo el propio Víctor Mesa, un extra clase como jugador, y magnífico consejero en la actualidad.
“Cuando nos veíamos siempre me ofreció sus consejos oportunos. Otro fue ese grande entre los grandes que es Agustín Marquetti, quien al ver lo rápido que yo era y débil al batear, me instó a utilizar mi velocidad: ‘Tienes que robar bases, eres bueno en eso’.

“El otro que significó mucho fue Rey Vicente Anglada, quien jamás me criticó cuando mi error, siempre confió en mí, y sí me felicitó cuando decidí el campeonato: hombre ante todo y todos; amigo y magnífico mánager.”

Los matanceros Wilfredo Sánchez y José Estrada, el cienfueguero Remberto Rossell, el camagüeyano Luis Ulacia son algunos de los mejores primeros bates que han pasado por la pelota cubana. Y entre ellos, Enriquito Díaz hizo una verdadera maestría en ese turno al bate.

“Me tomé muy profesionalmente ser el hombre proa del equipo, siempre prestando atención al consejo, a la ayuda de esos técnicos que saben más que uno. Traté de sacar el mayor provecho posible a mi velocidad y cumplir con el objetivo principal del primer bate: embasarse, llegar a primera por cualquier vía, ya sea por hit, por boleto, por error ¡Llegar!

“Tienes que poseer tacto, saber tocar, tener una buena zona de bateo, no irte con bolas malas, hacer del robo de bases un arte.”
Por muchos años confraternicé con Enriquito. Siempre dispuesto a responder las preguntas que le hicieras, siempre simpático y carismático. Y no fueron pocas las veces que esta reportera se preguntaba cómo el bólido rojo-azul mantenía su ritmo, sus deseos de jugar, su ímpetu arrollador, a pesar de no ser considerado para integrar la selección nacional.

“Sufría mucho que no me tuvieran en cuenta. Yo me lo ganaba. Hubiera sido el premio a mi esfuerzo pero nada. Pasaban los años y nadie se fijaba en Enrique Díaz. Seguía porque me gustaba el béisbol y me iba a jugar, desde la provincial hasta el último encuentro de Ia Serie Nacional.
Pasaban los años y nadie se fijaba en Enrique Díaz. Seguía porque me gustaba el béisbol .

“Así y todo, me siento una persona con suerte por haber tenido la oportunidad de haber hecho lo que me gustaba, de entregarme. Soy feliz por los entrenadores excepcionales que tuve y a los que tanto les agradezco.

“También, y siempre lo he dicho, a pesar de los pesares soy feliz por mis fans; sin ellos no somos nadie. Ellos nos inspiran y nos convierten en buenos peloteros y personas. Sin olvidar a aquellos periodistas que no solo son capaces de brindar la información deportiva sino forman parte de nuestra familia, divulgando victorias y derrotas, pues las disfrutan y las sufren como uno mismo.

“Y claro está mi familia, mis padres Cira y Chacho, ya fallecidos, que desde pequeño me enseñaron todo lo que es la vida (mi padre murió hace 2 años a la edad de 104 años); mi esposa Misoide, pues sin ella nada hubiera podido hacer. Su abnegación y entrega al cuidado y crianza de mis hijos, un eslabón fundamental de la vida de cualquier persona.

“Feliz con mis hijos Cosy y Coqui y mi nieto Adrián. Sin ellos, ¿qué sentido tendría mi existencia? Y agradezco a todos aquellas personas que de una forma u otra me han apoyado y aportado en mi carrera de la vida.”

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