La alegría de Yasiel Puig contagia a los Dodgers

Por Beth Harris

LOS ÁNGELES — Al sacar la lengua, lamer su bate y pronosticar sus hits, Yasiel Puig ha sido el propulsor de la acometida que tiene a los Dodgers de Los Ángeles en su primera Serie Mundial en 29 años.
Es más, el cubano de 26 años le ha dado por salir de la cueva para exigir que le den una segunda ovación.

El talento y carisma de Puig han causado sensación en los playoffs. Es más astuto al tomar sus turnos el plato y posee un cañón con su brazo desde los jardines. Su entusiasmo enardece al resto del equipo, pero sin perder la concentración sobre lo que hay que hacer en el terreno.

En esta postemporada se ha visto la mejor versión de Puig, en franco contraste al locuaz pelotero que deleitaba en un momento para luego martirizar a su manager, compañeros y ejecutivos de los Dodgers desde su debut en las mayores en junio de 2013.

Puig bateó para .455 en la serie divisional contra Arizona, en la que captó las miradas cuando se puso a relamer su bate, hacer caras graciosas y hasta por soltar con desenfado el madero tras conectar un mero sencillo. Ese tipo de payasadas solían irritar a sus compañeros y dividir las opiniones de los fanáticos entre gente admiradora de su pasión y los que consideraban que era una distracción para el equipo.

También fue marcado por las dos veces que fue detenido por manejo vehicular imprudente en un lapso de ocho meses en su año de novato. En los juegos, las malas decisiones que tomaba en el corrido de bases desquiciaban a los fanáticos y ejecutivos. Problemas musculares incidieron en que se perdiera varios juegos y una merma de su producción los últimos dos años.

El punto de ebullición llegó el pasado otoño, cuando Puig fue enviado a las menores y los Dodgers parecían dispuestos al segundo más votado por el premio al Novato del Año en 2013. Tras el baño de humildad, el desertor cubano volvió al equipo ese septiembre y terminó la temporada regular con un promedio de .263.

Esta temporada, lo mejor de Puig ha superado con creces sus momentos desafinados (gestos groseros a fanáticos en Cleveland en junio y ser sentado por el manager Dave Roberts por una jugada en la que el último out tras un insensato intento robo de base en septiembre).
Ha tenido al mejor año de su carrera. Sin problemas de lesiones graves, actuó en 152 juegos de la temporada regular, fijando topes personales con 28 jonrones, 74 carreras impulsadas y 15 bases robadas, con apenas un error.

No ha parado en los playoffs.

En ocho juegos, Puig batea para .414 — tercero en el equipo. Con 12 hits, comparte el liderato del equipo con el tercera base Justin Turner. El cubano ha recibido seis boletos, con un porcentaje de embasado de .514 y un porcentaje de slugging de .655.
Hace tres años, Puig se ponchó siete veces seguidos en una serie divisional ante San Luis.

Hasta ahora en estos playoffs, se ha ponchado en tres oportunidades.
Ya sea madurez o simplemente experiencia, los números de Puig y su contagiosa alegría han silenciado a varios detractores. Huelga recordar que es el padre de dos hijos y su novia espera un tercero.

Vin Scully, el retirado locutor de los Dodgers, atinó cuando le puso el apodo de “Caballo Loco” en su año de novato. Su talento y manera impredecible hacían que cada juego, incluso cada inning, fuera un torbellino de emociones.

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