Roel Santos, el samurái cubano

Autor: Aliet Arzola Lima 

Roel Santos flota en el plato y rompe con los estereotipos ofensivos de Cuba, donde sluggers y jonrones, tradicionalmente, han acaparado titulares. Ligero y ágil, sus turnos te obligan a enfocarte al máximo para no perderte ningún detalle, porque a la velocidad de la luz camina y golpea la bola en movimiento, para luego volar hasta la inicial.

El hombre proa de los Alazanes granmenses, actuales monarcas del béisbol nacional, desenfunda su madero como un samurái, machuca la pelota, toca, desconcierta a los infielders, golpea de línea hacía todas las bandas…  

Natural de Niquero, Roel es hoy uno de los peloteros con más herramientas para entrar en circulación y anotar carreras, el néctar del deporte de las bolas y los strikes. Dichas cualidades no solo lo han llevado a la selección nacional, también despertaron el interés de clubes japoneses.

En la Tierra del Sol Naciente, Santos vistió este 2017 la franela del Chiba Lotte Marines, novena cautivada con su desempeño en el IV Clásico Mundial, donde el granmense fue uno de los bateadores más efectivos y un defensor seguro en las praderas.

Con el dorsal 10, el zurdo jugó 66 partidos en el circuito profesional nipón, en el cual registró average de 250, promedio de embasado de 282, 22 anotadas, cinco bases robadas, 45 inatrapables y 13 extrabases (diez dobles y tres jonrones).

–¿Qué valoración le das a tu primera temporada en Japón?

–Para ser mi primera experiencia como profesional, a ese nivel, fue bastante buena, pero de diez puntos, le doy siete. De entrada, cuando llegué, el Chiba Lotte estaba en último lugar y tuve que incorporarme tras solo un juego en las menores, y muy rápido me enfrenté a muchas cosas que no conocía. Al final es béisbol igual, pero tácticamente muy distinto al que se juega en América.

¿Cuáles son los detalles que más se te dificultaron?

–Me chocó bastante la parte táctica. Por ejemplo, allá no le dan tanto valor a que estés bateando 300, lo importante es que hagas tu trabajo. A mí, me exigían llegar a las bases, robar, anotar, pero si no cumplía con esas funciones un día, iba al banco, da igual si en la fecha anterior había dado tres jits.

«Son cuestiones a las que no estamos adaptados, pero me ayudó a mejorar mi enfoque y concentración, porque desde el dogout me podían llamar en cualquier momento de emergente, y tenía que aprovechar las oportunidades. A la larga, entendí su pensamiento, le tomé el ritmo a la liga y me compenetré con el equipo, lo que ya la temporada estaba concluyendo».

–De Japón, generalmente se dice que cuesta adaptarse al idioma y al pitcheo, ¿cuáles fueron tus vivencias en estos dos aspectos?

–La barrera del idioma es compleja, porque casi no puedes hablar con los compañeros, transmitirles un mensaje durante el juego, animarlos. Ahí conversas con el traductor, lo que al final él no sabe tanto de pelota y se dificulta un poco la comunicación. Más o menos escapaba cuando coincidía con los latinos.

«Entre nosotros intercambiábamos sobre los pitcheos del rival y otras cuestiones, pero a veces los bajaban a Ligas Menores y me quedaba solo. Claro, con el tiempo entré en la familia del Lotte. Allí hay muchachos muy buenos y ellos se esforzaron porque me sintiera bien, tanto dentro como fuera del terreno.

«Sobre el pitcheo, es cierto que tiene una excelente calidad. Son muy inteligentes, trabajan mucho en tu zona fría, te estudian y son máquinas en el tema del control. No es imposible batearlo, pero se necesita mucho trabajo y enfoque para lograr turnos efectivos.»

–¿Qué cambiarías de tus vivencias en Japón?

–Me gustaría iniciar la temporada allá desde el spring training, porque comenzar ya a mitad de camino cuesta mucho trabajo. Incorporarme temprano me ayudaría a compenetrarme con mis compañeros, crecer en cuanto a team work y prepararme mejor. De cualquier manera, decidir todas esas cosas está fuera de mi alcance, pues solo el equipo puede solicitar mis servicios de nuevo, si mantienen el interés y renuevan mi contrato.»

–De regreso a Cuba…

–Rápido de vuelta con los Alazanes, que debían pasar los play off de comodines para seguir en la defensa del título. Tuve muy poco descanso, solo siete días, y entre cambio de horario, de clima, el cansancio es enorme. Poco a poco he ido entrando en calor, pero no soy una máquina, necesitó más tiempo para coger un respiro y que el cuerpo asimile mejor las cargas, así podré rendir a mi nivel.

–¿El bicampeonato es un sueño?

–Tenemos un equipo repleto de talento, con jóvenes de mucha calidad y experimentados que conocen bien la liga. En la primera ronda no se pudo hacer un trabajo a la altura del campeón, digamos, pero clasificamos, ya se incorporó Lázaro (Blanco) y en sentido general estamos más compactos. Hay que contar con nosotros.

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