Mente japonesa en cuerpo cubano

Autor:Norland Rosendo

Al joven lanzador pinareño Raidel Martínez no se le sube la fama para la cabeza porque lo llamen el próximo Pedro Luis Lazo de la pelota cubana, ni por haber sido fichado por la franquicia de los Dragones de Chunichi, en las Grandes Ligas japonesas, sin soltar todavía los ariques de su natal Galafre, en San Juan y Martínez.

Él es uno de los pilares más sólidos del staff que llevó el mentor Ariel Pestano al Panamericano sub-23 que comienza hoy en Panamá, donde se repartirán cuatro boletos para la Copa del Mundo de esa categoría, prevista para el año entrante.
Probablemente sea utilizado como relevista, pues está sintiéndose el agotamiento por los tantos meses seguidos jugando béisbol aquí y en Japón. 

Esa misma función es la que está desempeñando desde que se incorporó a la Serie Nacional con los Vegueros dirigidos por su ídolo en el pitcheo.

De Japón vino con par de lanzamientos incorporados a su repertorio: Split y curva, que se suman a su slider y a la recta de 94 millas por hora, que le hace un gran contraste con el cambio.

«Además perfeccioné la mecánica de pitcheo. Cuando terminaba cada juego me decían lo que hacía mal y me ayudaban a corregirlo en las prácticas», explicó en exclusiva con JR, unos días antes de la partida para el certamen continental.

—¿Son muy diferentes los entrenamientos de aquel béisbol y el nuestro?

—Tienen sus semejanzas y sus diferencias, pero allá se corre más y se tiran más bolas para mejorar la localización y el control de los pitcheos.

—¿Cuántos lanzamientos hacías en las prácticas?

—Cerca de 200 por jornada, y en Cuba, cuando más, son entre 60 y 80.

Qué te pedían: velocidad o control?
—Sobre todo que tirara mucho strike. A ellos lo que les interesa es que coloques correctamente la bola, que hagas las cosas bien. Me decían que la velocidad no era lo importante, sino que tuviera control y que lanzara en la zona baja.

—¿Y el pitcheo lo dirigen también desde el banco?

—No, eso se hace entre pitcher y cátcher, fundamentalmente. Los lanzadores tenemos libertad para decidir, lo que nos obliga a pensar más y estar todo el tiempo concentrados.

—Los bateadores asiáticos son más disciplinados en el home plate que los nuestros…

—Sí, ellos no se van con bolas malas. Son disciplinados y pacientes, para dominarlos es casi obligatorio poner la pelota en la zona baja.

—¿Te hablaron de volver a contratarte?

—Esta vez estuve en la segunda división, pero la intención es que regrese y me incorpore a los entrenamientos desde el principio, en enero, con el propósito de jugar en el primer nivel como abridor.

—Pero estás relevando con Pinar del Río…

—Es que siento fatiga muscular, se lo dije a Lazo, que yo podía trabajar dos o tres innings, pero no más, porque me canso, noto que no estoy al tope de mis condiciones. Por eso prefiero ahora ser cerrador.

—¿Y en el Panamericano sub-23?

—Tenemos un gran equipo, y voy a aportar todo lo aprendido en Japón para que Cuba gane.

 

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