Las Tunas: leñadores de siempre

Por:Oreidis Pimentel Pérez

Los Leñadores de Las Tunas son el equipo sensación de la presente Serie Nacional, al punto de ser considerados uno de los máximos favoritos. Desde 1977 los del balcón del Oriente cubano volaban bajo por la tabla de posiciones, pero en los últimos años el sótano ha comenzado a ser cosa del pasado.

Las Tunas es hoy una poderosa novena con ansias de título, que bien pudiera alegrar a sus parciales en esta campaña. Sin embargo, es también una provincia que puede enorgullecerse de su historia, de hombres que –aunque a veces olvidados– merecen estar en cualquier historia del béisbol cubano.

Con ellos continúo la serie de Todos Estrellas históricos, de la que OnCuba ya publicó las selecciones de Granma y Villa Clara.

En el equipo tunero propongo una mezcla de la etapa prerrevolucionaria con las mejores figuras de las últimas décadas, en particular las protagonistas del renacer tunero en el siglo XXI.

Receptor: Los arreos tienen en los descendientes de braceros caribeños a los mejores exponentes en Las Tunas: Orlando “Ollie” McFarlane y Erwin Regis Simpson, aunque en los últimos tiempos Yosvani Alarcón ha hecho también méritos para ser mencionado.

Si bien Simpson tuvo un paso discreto por las ligas menores, McFarlane sí llegó a las Grandes Ligas, por lo que me decanto por él en esta posición.

Tenía un brazo temible y gran velocidad en el corrido de las bases. Empezó en el Salem, de la Appalachian League, luego al Dubuque, Gran Forks, Burlington, Asheville, donde tras rondar los 300 de average y conectar varios jonrones fue subido como receptor a los Piratas de Pittsburgh, que lo relegaron al Columbus de Triple A.

Pero fue tras su permuta a los Tigres de Detroit y a los Angelinos de California cuando pudo demostrar su valía, aunque casi siempre como receptor suplente pues siempre coincidió con enmascarados estelares. En cinco temporadas en Grandes Ligas conectó para 240, pero fuera de los Estados Unidos también triunfó, en particular en República Dominicana donde fue el mejor jonronero entre 1963 y 1965.

Primera base: Mi voto es para Joan Carlos Pedroso (primera década del siglo XXI), el segundo mayor jonronero en la historia del elenco tunero (300) y noveno en las Series Nacionales, en las que incluso implantó un record con 28 vuelacercas en la temporada 2002-2003.

Su poder se conjugó con la constancia de excelentes promedios ofensivo (310 de por vida) y defensivo (991), de lo mejor entre los defensores de la inicial. Fue un jugador muy completo para su elenco, que llegó varias veces al equipo nacional –en el que, sin embargo, no rindió lo esperado– y que pudo probarse como profesional en México e Italia.

Segunda base: Aunque fue y sigue siendo más conocido como antesalista y torpedero , Alexander Guerrero (años 2000) también ha hecho méritos en la segunda base. Con Las Tunas actuó en medio centenar de juegos en la intermedia, salvo en el período 2009-2011, cuando fue convocado al equipo nacional. En el conjunto oriental dio más de 100 jonrones en ocho series, bateó por encima de 300, y promedió una impulsada casi cada cinco turnos, aunque su defensa no fue alta. A pesar de ser uno de los mejores bateadores de la Isla en aquel momento, fue subestimado por la Federación Cubana.

Tras abandonar Cuba, vivió una reconversión como intermedista en los Estados Unidos, con las Abejas de Salt Lake (51 juegos con 329 al madero) y otras franquicias en Ligas Menores. En esta posición fildeó 975, mientras lo hizo a la perfección como short stop, outfielder y tercera base, pero en una veintena de partidos menos.
Luego, subió por dos campañas a los Dodgers de Los Ángeles, donde se desempeñó como tercera, jardinero y segunda en 162 juegos, con modesto 224 al bate y 962 con el guante. En un breve paso por República Dominicana mostró su poder ofensivo, antes de convertirse en una atracción jonronera este año con los Dragones de Chunichi, en Japón, donde fue utilizado como antesalista.

Campo corto: Incombustible, talentoso, tenaz, Danel Castro (fines de los 90 y años 2000) es un icono del béisbol tunero. En dos décadas de juego archiva por encima de 300 en la ofensiva, con más de 100 jonrones, cifra significativa para alguien que fue primer bate gran parte de su carrera. Por si fuera poco, recién llegó a los 2,000 hits en Series Nacionales.

Como Alexander Guerrero, también ha actuado como segunda base y sus estadísticas defensivas son similares, pero Danel hizo equipos Cuba como torpedero y en la arena internacional no solo lució bien, sino que incuso se incluyó en esa posición en el Todos Estrellas de la Copa Intercontinental de 1999.

En 1998 fue short stop titular de la selección nacional en el Campeonato del Mundo, donde empujó 12 carreras. Y si no brilló más con el uniforme cubano fue porque coincidió en el tiempo con extra-clases como Germán Mesa y Eduardo Paret.

Tercera base: La esquina caliente es para Amaury Suárez, otro pelotero versátil y útil para su equipo. También en el club de los 300 de average, no fue gran empujador, pero sí un bateador muy oportuno. En 15 series superó la barrera de los 1,000 hits, casi la misma cantidad de desafíos en los que participó.

Su promedio defensivo de 964 no es tan elocuente como el de otros estelares, pero en Las Tunas no han proliferado grandes terceras y Amaury se desempeñó en casi todas las posiciones al campo, excepto como lanzador, lo cual dice de sus herramientas y versatilidad. Además, se destacó por su liderazgo.

Right field: Sin un somatotipo aparentemente adecuado, la aceleración del swing de Ermidelio Urrutia (años 80 y 90) era impresionante. De esa fuerza salieron 268 bambinazos (entre 1989 y 1991 fue el líder), amén de su época con bate de aluminio.

En 16 series conectó más de 1,500 hits, con average de 310 y 865 impulsadas, a lo cual hay que agregarle su habilidad como robador (180) y que ostenta más bases por bolas que ponches. Fue campeón olímpico en 1992 y champion bate (667) en el Campeonato Mundial de Managua 94; dos actuaciones que sumadas a otros eventos internacionales (sin topes bilaterales) muestra un fulgurante 396 de promedio ofensivo.

Gran fildeador y dueño de un brazo poderoso, Ermidelio actuó en los tres jardines. En Las Tunas lo hizo más como center, pero en el Cuba, en cambio, la coincidencia con Víctor Mesa lo llevó a la pradera derecha como titular por varios años.

Center field: Es leyenda que en algunos estadios del oriente cubano hubo carteles que anunciaban “Por aquí pasó Chiflán Clark”, pues nunca nadie colocó una pelota más allá de esa marca.

Cleveland Clark (años 40 y 50) salió de Las Tunas al equipo del Regimiento 3, de Santa Clara, en la liga de las Fuerzas Armadas, y gracias a ello tuvo el privilegio de ser el tercer jugador negro en integrar un equipo Cuba, a la Serie Mundial Amateur de 1941, aunque no jugó.

En su carrera pasó de los semiprofesionales, con el club capitalino Orbay Cerrato, al célebre Almendares, alternando entre 1945 y 1950 con los New York Cubans en la Liga Negra de Estados Unidos. Allí bateó 338 en 1947, año en que fue campeón en la Serie Mundial Negra contra el Cleveland Buckeyes. Antes había actuado con el Matanzas, de la Liga de la Federación, y luego logró varios lideratos con equipos de Barranquilla en la Liga de Colombia

Left field: A pesar de su corto paso por las Series Nacionales, el hijo de Ermidelio ha tenido un extraordinario performance en las sucursales de los Orioles de Baltimore. Incluso debutó en el Camden Yard y ocupó cintillos por su valía entre los Leones de Caracas, Venezuela. Henry Urrutia merece el puesto de jardinero izquierdo porque a pesar de alinear apenas en cinco series legó un 349 de average ofensivo en la Isla y es uno de los cuatro tuneros que han llegado a las Grandes Ligas.

Todavía en activo, va terminando el 2017 a todo tren con los Cardenales de Lara en la Liga Venezolana.

Bateador designado: Otro Urrutia, Osmani, ocupa esta posición en el line up. Si hay un puesto seguro en el equipo histórico de Las Tunas es este. Conocido como “Osmani 400” o “el Señor 400”, Urrutia no fue un mal fildeador pero su corpulencia y bateo lo consagran como el designado ideal.

Ha sido el único pelotero en Series Nacionales capaz de ganar cinco coronas de bateo de manera consecutiva, cuatro veces por encima de 400. Vio rota su cadena en 2006, pero con 371 volvió a recuperar el trono en la temporada siguiente.

Con el equipo nacional, Osmani Urrutia (fines de los 90 y primera década de los 2000) asistió a una Copa Intercontinental, un Clásico Mundial (en el que bateó 345), un Centroamericano y un Panamericano. Además, fue campeón olímpico en Atenas 2004 (promedió 333), y asistió a cuatro Campeonatos Mundiales en los cuales casi siempre promedió por encima de 300, a excepción de su debut en 2001.

Pitcheo

Paradójicamente, este es el mejor renglón de un equipo más considerado por el poder de sus bates.

De la vieja guardia, incluyo a Orlando Peña, Heliodoro Díaz, Aristónico Correoso, Rafael Rivas y Enrique “Kiki” Torres. Mientras, de las Series Nacionales prefiero a Eliécer Velásquez, Félix Núñez, José Miguel Báez, Juan Carlos Pérez y Yoalkis Cruz.

Orlando “El Guajiro” Peña (finales de los 50 y década del 60) es el tirador tunero que más lejos ha llegado. Fue especialista del tenedor, lanzamiento que le permitió ser el champion pitcher de la temporada 58-59 con el club Almendares. A esa corona sumaría ser uno de los cinco lanzadores con 15 victorias en un año en la Liga Cubana.

Unos años antes, los Cuban Kings no lo contrataron, pero los Rojos de Cincinnati sí, y por su desempeño en las Menores a la postre pudo integrar los Reyes del Azúcar. En Cuba trabajó para 42-29 y en las Grandes Ligas para 56 y 77 durante 14 años (3.70 de PCL), aunque se destacó más como relevista.

De Puerto Padre era Heliodoro “Yoyo” Díaz (décadas del 20 y 30), quien estuvo ocho temporadas en la Liga Cubana (33-26 en ganados y perdidos), con destaque en la de 1929-1930, en la que fue uno de los protagonistas del primer triunfo del Cienfuegos. A pesar de no ser negro jugó en las Ligas Independientes de Color con los Cuban Stars, tanto del Oeste como del Este, y con los New York Cubans de Alejandro Pompez. En República Dominicana hizo otro tanto con las Estrellas Orientales.

También del norte tunero era Aristónico Correoso (años 40). Fue pitcher del Ruta 16 y abridor cabecera del Cuban Mining. Participó en cinco temporadas de la Liga Cubana y en un torneo independiente, antes de su primera temporada con el Marianao. Fue el brazo más importante del club Vedado en la Liga Profesional de Verano de 1946 y también jugó como profesional con Holguín. Internacionalmente se destacó en la Liga Mexicana con el Monterrey y el Veracruz. En 1944 participó por Cuba en la serie Interamericana de Venezuela, en la que fue el líder de los pitchers.

Rafael “El Zurdo” Rivas (finales de los 40 y principios de los 50) era del central Delicias. Aunque fue estrella con el Cuban Mining no cuajó en la Liga Cubana, donde no ganó en cinco temporadas (aunque sí hizo buenos relevos), pero explotó su talento con los Havana Cubans en los Estados Unidos.

En la Liga Internacional, su 38-8 lo consagra como el pitcher de mejor promedio de ganados, cuarto en ponches, más juegos ganados en un año y quinto en PCL (2.21).

El casi desconocido del compendio es “Kiki” Torres (fines de los 30 y mediados de los 40). Fue el “Niño prodigio de Tunas” desde que con 14 años, en 1938, era el primer pitcher del team bayamés La Lechera (Nestlé). Luego pasó al Malta Hatuey, de Santiago de Cuba, fue campeón Intersocial con los Artesanos de Placetas (con el cual incluso venció a una selección Venezuela) y ganó matchs importantes con el Deportivo Avileño y Victoria de Las Tunas en las ligas interprovinciales. Es el primer tunero con un no hit no run en el béisbol nacional.

En cuanto a los hombres de las Series Nacionales, las justificaciones pueden ser más breves porque muchos son recordados todavía por la afición.

Félix Núñez (años 80) sufrió con un equipo perdedor como el tunero de entonces, que no lo apoyó lo suficiente cuando se encaramó en el montículo. Sus 130 victorias (con 156 derrotas) pudieron ser casi 200 de haberse mudado a otra provincia o haber coincidido con unos Leñadores como los de hoy. No obstante, tuvo un promedio de limpias de 3.51 que demuestra por qué integró varias veces la selección nacional.

Juan Carlos Pérez (80 y principios de los 90) fue un lanzador supersónico cuyo perfomance en Series Nacionales de 46 éxitos e igual cifra de fracasos, no ilustra su real calidad. Tuvo una carrera más breve de lo que la afición tunera hubiese deseado, aunque suficiente para eslabonar una difícil cadena de tres lideratos en ponches y para vestir el uniforme de Cuba en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, en los que se coronó campeón.

José Miguel Báez (fines de los 80 y década del 90) fue un verdadero brazo de hierro. Como otros grandes pitchers tuneros de su tiempo, su registro en victorias y derrotas muestra cifras negativas (143-172), y con un mejor equipo tuvieran hoy un rostro más afortunado. Báez fue la mejor carta de triunfo de Las Tunas a principios de los 90, e incluso llegó a ser puntero en lechadas en el campeonato 1993-1994 y a incluirse en los equipos orientales de las Series Selectivas y en las Copas Revolución.

Yoalkis Cruz está todavía en activo, por lo que su currículo no termina. Incansable en el box, es uno de los motores del actual conjunto tunero y hasta el momento exhibe números más que meritorios. En 14 series sobrepasa las 100 victorias con menos de 5 limpias por cada nueve entradas. Su perseverancia y su talento lo han llevado a incluirse en equipos y preselecciones cubanas.

Para el décimo pitcher me inclino por el súper controlado Eliécer Velásquez (años 60 y principio de los 70), el único lanzador que posee más de la mitad de sus victorias en Series Nacionales por la vía de la blanqueada, 13 de 24.

Aunque debió abandonar todavía joven la pelota a causa del reumatismo, este zurdo solo regaló 61 bases por bolas en 407,1 innings, para un portentoso promedio de 0,86 por juego completo. Además, tuvo una excelente efectividad de 2,01, los bateadores contrarios solo pudieron conectarle para 210, y en la oncena Serie estableció un récord de 44 escones consecutivos, con el cual dejó atrás la cota de 42 en poder del capitalino Manuel Hurtado. Todo ello avala mi voto.

Junto a esta decena, le doy mención al supersónico jobabense Roldán Guillén, dueño de una temible recta, a un Ubisney Bermúdez que rebasa los 100 laureles, a Ricardo Carr “Richol” (de los Mulos de Nicaro en los año 50), y a Oscar Ruiz (con experiencia en el Douglas de las Ligas Menores). Ellos quedaron a las puertas de este Todos Estrellas.

Un caso aparte es el René “Tata” Solís (década del 40 y principio de los 50), al que doy mi voto como utility. Su habilidad para jugar primera y los tres jardines, se une a su trabajo como pitcher, lo que ofrece la posibilidad de un serpentinero extra en el team histórico de Las Tunas.

Gran bateador, “Tata” Solís se destacó también por su bola rápida y su slider, con las que hizo campeón amateur al Deportivo Rosario. Tuvo un discreto 7-9 entre los clubes  Almendares y Cienfuegos; luego inició largo periplo por las sucursales norteamericanas y también lanzó en México, Nicaragua y Venezuela.

En 1945 pasó al Rosario, donde lanzó en 29 juegos, con marca de 15-8, efectividad de 1.31, y 118 ponches en 223 entradas. A su vez, bateó 340 (100-34), con 8 dobles y 11 impulsadas. En ese equipo estuvo hasta 1947.

Ese año su labor sensacional lo llevó a liderar los lanzadores en la justa, con 18-1, la principal razón para que su equipo se coronara por primera y única ocasión en la Liga Nacional.

Director: Aunque podrían mencionarse nombres como los de Ermidelio Urrutia o Pablo Civil, que ahora mismo va camino de una actuación histórica al frente de los Leñadores, me decanto por Aníbal Aponte (años 40). Desconocido para los fanáticos no tuneros, este hombre llevó al equipo de Rosario del último puesto en la Unión Atlética Amateur a campeón en primera división.

De segunda división llevó a los del central habanero al cuarto puesto en 1945 y luego a la corona en 1946, con un equipo en el que figuraban los hermanos tuneros “Tata” y Arsenio Solís).

Como jugador, Aponte destacó entre los aficionados, pero sus méritos estuvieron como impulsor del deporte en Las Tunas, ciudad en la cual dirigió muchos equipos. Hoy una escuela deportiva tunera lleva su nombre.

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