Casanova, el padre

Autor: Aliet Arzola Lima 

Luis Giraldo Casanova, el Señor Pelotero, entró al Latinoamericano a las seis de la tarde. Pero quedó mudo cuando miró a la pizarra y vió a los Leñadores de Las Tunas sin jits ni carreras a la altura del octavo capítulo.

En la lomita, cual gigante, Erlis Casanova, el hijo de Luis Giraldo, era el responsable de la retahíla de ceros, válida para colocar a Industriales a solo un triunfo de avanzar por primera vez, desde la 51 Serie, a la discusión del título del béisbol cubano.

«Yo me vengo a enterar de que Erlis está acabando con los tuneros ahora que llego aquí. Me parece que es un trabajo bien hecho, pero no tengo nada que ver, ni hablé con él ni le di ningún consejo antes del juego. Ya te digo, acabo de llegar», me confesó Casanova en medio del bullicio de 42 639 almas en el Coloso del Cerro.
Pese a no saber nada del asunto, una vez allí no desvió su atención del diamante, del box, el sitio más solitario y veleidoso del terreno, donde Erlis, soberbio, acariciaba un hito histórico.

«Como pelotero pinareño y como padre, sería un regocijo que lograra la hazaña, es el anhelo de todo pitcher», sentenció Luis Giraldo, quien sintió cómo aumentaron los decibeles en el noveno.
Pero a solo tres outs del final, Yunior Paumier rompió el encanto; hizo un swing recto que mandó una bola de Erlis directo al bosque derecho, justo donde quedó enterrado el sueño del cero jit cero carreras, hecho que por aislado y sensacional provoca admiración unánime, incluso, de quienes lo reciben.

En ese momento, triste y mágico al mismo tiempo, se unieron en una sola exclamación todos los románticos beisboleros, desde los seguidores de Industriales hasta los de Las Tunas, porque ningún lanzador en el béisbol revolucionario había estampado un cero-cero en postemporada.

Cuando la pelota picó en las profundidades del jardín derecho, Luis Giraldo desvió la vista de la conexión y observó a su hijo. «Eso ha pasado mil veces, pierdes la oportunidad en un abrir y cerrar de ojos, pero lo importante es que sigue ganando», me expresó con confianza, la misma que tuvo Erlis para mantenerse en la loma y completar el triunfo azul.

«Tenía que seguir enfocado, fue solo un jit, pero ganaba 4-0. Lo que no podían era empatar o irse arriba, porque hacía falta esta victoria para el equipo, y la logramos», sostuvo el fornido diestro poco después de terminar el quinto duelo semifinal, casi elevado a las nubes por el estruendo de la afición habanera, esa que en otros momentos tanto lo ha hostigado como contrario.

Al respecto, Luis Giraldo, quien vivió en carne propia la rivalidad de los conjuntos vueltabajeros con los capitalinos, nos comentó que, sin importar la camiseta que se vista, siempre la entrega debe ser total.

«Yo siempre le digo a él que, donde quiera que vaya, tiene que hacer lo mejor. Víctor Mesa es un gran amigo mío, y cuando lo pidió de refuerzo le comenté a Erlis que solo cumpliera las indicaciones del profesor y seguro lograría un buen resultado», precisó el Señor Pelotero, ya más calmado al final del encuentro, aunque no había podido felicitar a su hijo.

Erlis, por cierto, no tenía idea de la visita de su padre: «No sabía que estaba ahí, pero qué bueno. Pueden seguirme apoyando. En Pinar del Río yo también pitcheo así, los juegos que hacen falta, y estas mismas personas que hoy me aplauden antes me han abucheado, pero soy un profesional, y ahora me tocó con Industriales y lo he dado todo».  

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