Ulacia: “Estoy de acuerdo con que los muchachos hagan lo que nosotros no pudimos: no soy nadie para decir traidores”

Por: Julita Osendi

Lo veías parado en home y, quizás por su físico, no impresionaba. Un zurdito, de más bien baja estatura, delgado, menudito, le iba encima al lanzamiento, tocaba caminando para arriba del pitcher, volaba hacia primera y un “machuconcito” lo convertía en hit. Eso, cuando no blandía el madero y mandaba a viajar la pelota más allá de la cerca.

YCampo corto y segunda base lo tienen como uno de los defensores más seguros que hayan pasado por nuestras Series Nacionales. Aún vivas están sus combinaciones con Sergio Quesada, incluso, intercambiando las posiciones. ¡Qué decir cuando fue transferido a los jardines y su clase se imponía en los batazos más difíciles! Si han leído hasta aquí, por supuesto, saben quién es nuestro entrevistado de hoy: el genial Luis Ulacia, capitalino de origen, camagüeyano de corazón.

“Así es. Yo nací hace 54 años en Maternidad de Línea, en La Habana. El primer terreno de béisbol que pisé fue el del club José Antonio Echeverría, de la barriada del Vedado. Pedro Ulacia, mi difundo abuelo, era masajista de los peloteros, y él fue el que me llevó allí cuando tenía 8 años y quedé prendado, totalmente enamorado de la pelota.

Quiero acotar que Pedro Ulacia, al verme llorar un día, ante la prepotencia masculina que trató de impedirme hacer mi trabajo, me dijo: “No llores niña, tú vas a ser grande. Todos esos que tanto hablan ahora, se van a rendir ante ti. No llores más”. Pocos saben lo que ese señor hizo ese día por mí. Casi decidió mi vida. Ése es el mismo hombre que llevó a su nieto al estadio aquel día.

¿Cómo empezaste, entraste en la EIDE?

“De eso nada. Empecé a entrenar con chicos mayores que yo. Jugaban en primera categoría, por ejemplo, Luis Sotolongo, Luis Larreinaga, Lázaro Cordoví, Iosvany Gallego, Miñosito, quienes integraban el equipo Plaza. Yo me ponía a jugar con ellos y cuando iniciaron las categorías infantiles me incorporé en uno de los 2 conjuntos que representaban al municipio Plaza, Administradores. Ese equipo lo dirigía Iosvany Gallego. Con ellos estuve 2 años, y ya en 15-16 me hacen las pruebas para matricular a la EIDE Mártires de Barbados.

Hago la prueba, apruebo, y cuando llego a la Mártires de Barbados, me tienen el día entero esperando junto a mi abuela, para al final de la tarde decirme que no había plaza porque la matrícula estaba llena. Imagina mi desilusión. ¿Cómo era posible si yo me lo había ganado?”

¿Qué explicación te dieron?

“Ninguna, ésa. Todo estaba lleno. Mira, han pasado los años y sigo diciendo que mi plaza se la dieron a “algún hijo de papá”, pues sabes que en esos tiempos no había preuniversitarios en La Habana. Había que ir para el campo y, claro, eso no le gustaba a nadie, y las Escuelas de Arte y de Deportes eran una salida. Estudiabas aunque suspendieras pintura, ballet, pelota o voleibol. ¿Entiendes?

Oye, desde las 8 de la mañana hasta las 5 de la tarde. Mi abuela lloraba preguntándose cómo era aquello posible y yo, más sereno, le dije: “No llores, si me hago pelotero, lo hago donde quiera”.

“Pasé en la calle las categorías 13-14 y 15-16, jugando y entrenando en el¨Rafael Conte y el Ferroviario, en el municipio 10 de Octubre. También lo hice en San Miguel del Padrón.

¿Y tus resultados?

“En la provincial 15-16 fui segundo de los bateadores con el equipo 10 de Octubre. Me convocaron pues les gusté cuando entrenaba en la Academia de la Ciudad Deportiva. Tras mi actuación me seleccionan para la preselección del elenco que representaría a Ciudad de La Habana en los Juegos Escolares. El primer día, excelente; pero el segundo me llaman que ya el equipo estaba hecho con un 99% de los niños de la EIDE. Sabes que nunca me quedé callado y le pregunté al entrenador que por qué René Arocha por Regla y Jorge Luis Rivero de Marianao estaban en la nómina sin ser de la EIDE. Él no respondió”.

¿Y?

“Fácil. Recogí mis bultos y vine para Camagüey. Mi abuelo Pedro ya vivía aquí y fue el que me facilitó el viaje y la estadía. Al llegar me incorporé de inmediato pues iba a comenzar la Serie Provincial Juvenil. Yo era primer año en la categoría y como no se había terminado de formar el equipo de la capital agramontina, hago el grado, me dan la oportunidad de jugar y quedo champeon bate”.

Siempre he dicho y repetido, ¡lo que se perdió la Habana dejando ir a Ulacia! Y no sabía todo lo que ha vivido el jocoso jugador. (Sí, porque a pesar de los pesares, Luis Ulacia es un hombre alegre, dinámico, buen amigo; vaya, espectacular).

Con tal actuación y sin “enemigos” a la vista, integrarías el Camagüey al Nacional ¡no?

“Pues sí. Hago el Camagüey al Nacional Juvenil que tenía por sede a Villa Clara. Rindo regular para mis resultados anteriores pero me llaman a la preselección para el Mundial de Caracas, que finalmente no se realizó”.

Pero ya eras conocido, me imagino que te hayan echado el ojo como un primer bate excepcional.

“¿Tú crees? Pues no. Automáticamente, los muchachos que formamos parte de la pre nacional, fuimos llamados al entrenamiento del Camagüey para la Serie Nacional de mayores; todos, excepto yo”.

¿?

“El director Miguel Cuevas pidió a otros 5 jugadores que habían estado en la preselección nacional, todos menos a mí. Otra raya más para el tigre. No obstante, seguí entrenando en la Academia Provincial. Al otro año juego la provincial juvenil. Integro el Camagüey, pero suspenden la Nacional por la fiebre porcina en el país. ¿Recuerdas aquello? Entonces juego la provincial de mayores, con sólo 17 años, y quedo líder de los bateadores, algo que unido al cambio de manager, entró Miguel Borroto, me permitió jugar como segunda base regular. Debuté en la temporada 80-81 y al final jugué 21 Series Nacionales de Béisbol”.

En aquellos tiempos se desarrollaban en Cuba las Series Selectivas, en las cuales se agrupaban los equipos en 4 y 6 equipos, según el año. Luis Ulacia forma Camagüeyanos que reunía a los jugadores de Ciego de Ávila y Camagüey.

“Ahí coge banco Luis Ulacia. Pasan para segunda a Sergio Quesada y en el campo corto entra el avileño Ángel Castillo. Pero, a mediados del campeonato se lesiona Castillo y lo sustituyo; primero como camarero y luego como short stop. Esa posición no me la quitó nadie en Camagüey durante 17 años .”

Luis Ulacia – Sergio Quesada formaron una combinación de lujo en la historia de la pelota cubana. Pero también hubo otras. Para tí, ¿cuáles son esas otras?

“Hay un fenómeno que se llama televisión que puede influir mucho en eso de que la que integraban Juan Padilla y Germán Mesa es la mejor. Por supuesto que son geniales pero la gente podía verlos más a menudo que a otras, por ejemplo, la mía, la de Alfonso Urquiola -Giraldo González, por Pinar; Evenecer Godínez- Antonio Pacheco, Santiago de Cuba; y Armando Dueñas-Carlos Kindelán, Matanzas. Ésa es la verdad.”

¿Es lindo formar parte de una combinación así; para ti, que fuiste tantos años torpedero, qué siente uno en esa posición tan espectacular?

“El campo corto, defenderlo, es bello; para mí, lo más bello que tiene el béisbol. A mí me gustaba hacer espectáculo. Yo jugaba para la afición. Nosotros nada más nos mirábamos, teníamos tanta compenetración que el terreno nos quedaba chico. Nosotros fuimos por 2 años los que más doble play hacíamos, 57 en una temporada. Quesada era un señor segunda base.

Entre tantas y tantas jugadas por tí protagonizadas, ¿recuerdas algunas en especial?

“Algunas. Hay una en un play off Camagüey-Santiago de Cuba. Fue en el Cándido: Padrón, el cátcher indómito, da una línea, corta y aflaisada entre tercera y short, el clásico “bate quemado”.

“Yo estaba en la viva, cojo la pelota y se la paso al lamentablemente desaparecido Miguel Caldés, que cubría tercera. Le grito: ¡tírala para primera!. Padró se para, Caldés deja caer la bola, lo engaña y sacamos doble play. Jajajajaja. Padró me quería matar.”

Recuerdo otra que pasó en la Isla de la Juventud. Aquello se cayó. ¿Sabes de la que te hablo?

“¡Sí!. En el Labra, uno de los peloteros que más admiro, Michel Enríquez llega a segunda por un tubey, y yo, con la pelota en la mano, le digo: ‘Quita el pie que voy a limpiar la base’ y así lo hizo. Yo lo toqué, el árbitro cantó el out. Jajajajaja. Con esa carrera ganaba la Isla. Yo empiezo a pasear la pelota por el cuadro y él parado en segunda. El árbitro mandándolo para el banco y él a no irse. Tú estabas allí, sabes la cara de Miche.

“Pasó y pasó una paloma sobre el mar, y en un entrenamiento del team Cuba, Michel me seguía diciendo: ‘Yo me tengo que desquitar’, pero en el 2001, mi último evento internacional, Mundial de Taipei de China, le dije: ‘Si no te desquitaste, ya no lo vas a hacer porque me retiro, te vas a quedar dado’ , y nos reímos los 2″.

Michel es un maravilloso ser humano, de lo mejor y más querido que haya pasado por nuestra pelota.

“Te digo más. Sabes que yo dirigí Camagüey y juego contra la Isla. Michel pasaba y me gritaba: ‘Yo te tengo que hacer algo’, y yo le decía: ‘Estás jjj porque estoy sentado’.

Anécdotas con el Cuba debes tener muchas.

“Pues sí. Copa Simón Bolívar, año 1985. El director era Jorge Fuentes. Rolando Verde era el short stop regular. Miguel Rojas, el camarero . Entonces Jorge me pregunta si yo me atrevía a jugar pues él necesitaba un primer bate y yo era el idóneo. Jorge Fuentes tenía fe en mí.

“Le dije: ‘Si me pone, no me va a poder sentar’ y en ese juego, frente a Puerto Rico, batee de 6-5. Al otro día, sentaron a Verde, pasaron a Rojitas para segunda y yo me adueñé del campo corto.

“Ese evento me abrió las puertas del team Cuba; por 16 años, salvo 2 alejado por lesiones, entre 1985 y 2001, tanto en el campo corto como en los files. Por cierto, fui el torpedero del Todos Estrella de esa Copa Simon Bolívar”.

A propósito de que Jorge necesitaba un primer bate, ¿cuán importante es un buen hombre proa?

“Es fundamental en una alineación. Yo me inspiré en el industrialista Eulogio Osorio; eso de irle arriba al lanzamiento, tocar en movimiento. Eso lo hacía él. Yo nunca tuve entrenador de bateo, a mí nadie me enseñó. Lo mío fue copiar el estilo de Osorio. Ya de mayor me ayudó mucho Miguelito Valdés, cuando era el director técnico. Lo mío fue empírico.

“Hay que tener tacto, perfeccionar el toque, llegar a primera como sea, ser veloces, robar bases. Ahora tenemos a Roel Santos de Granma, excelente. Tuvimos muy buenos primeros bates: Enriquito Díaz, Reemberto Rosell, Wilfredo Sánchez, Giraldito Iglesias, Tony González, Jorge García”

¿Y tú?

“Yo no me puedo incluir aunque estoy satisfecho con mi carrera, con mi rendimiento. Yo cumplí. Es a la afición a la que corresponde evaluar.”

¿Cuándo te pasan a patrullar los jardines ya no eras el mismo?

“En un torneo Meteoro de la Confraternidad en República Dominicana, José Miguel Pineda era el manager, Lourdes Gourriel era el left y en el campo corto estaba Germán. Yo en el banco. Lourdes no estaba bien y Pineda me pone a jugar en el left.

“Imagínate cómo lo hice que Gourriel me dejó de hablar. Como no me hablaba pues yo tampoco. Pasó el tiempo, y me le acerqué un día: ‘Compadre, fue el mentor, yo no tengo la culpa’, y Lourdes me abrazó y se disculpó: ‘Son cosas de temperamento’.

¿Por qué no escribes un libro? Con tu facilidad de palabras y lo bien que has caído siempre, por qué no te decides? Eres una fuente inagotable de anécdotas bien relatadas.

“Y sí que tengo cosas que decir. Soy bicampeón olímpico, en Barcelona 92 y Atlanta 96; plata en Sydney 2000; oro en cuatro Campeonatos Mundiales; otros cuatro metales dorados en Juegos Panamericanos; 2 en Centrocaribes y 3 en Copas Intercontinentales. También ganamos los Juegos de Buena Voluntad de Seatle 90.

“Intervine en los juegos contra los Oreoles de Baltimore aunque ya tenía 36 años y la comisión quería sangre joven. Pero no sé qué pasó que me convocan para jugar solo en La Habana, pero di 3 hits y me tuvieron que llevar a Baltimore. Eso fue en 1999″.

Lo recuerdo, fue la época de “barrer lo viejo”. Creéme sé lo que es eso, lo he vivido en carne propia. Pero esos juegos te dieron el boleto a los Panamericanos de Winnipeg, aún en contra de la voluntad de algunos.

“Sí, bajo protesta hice el equipo. El entonces director técnico Benito Camacho no me tenía en sus planes por mi edad, pero el manager era Alfonso Urquiola, quien no sólo me llamó sino que me situó de regular, en el left field de aquel equipo que no sólo conquistó el título continental sino el pasaje a los Olímpicos de Sydney 2000″.

Hay algo de lo mucho que has contado que no me has dicho, y es el famoso jonrón “de la palmita”, aquel año que por vez primera Ciego de Ávila accedía a un play off, y su rival era Camagüey.

“Oye, no perdonas. Cómo se vé que tú amas a Ciego (claro, primero los Industriales. Eso lo sabemos todos en Cuba, pero te queremos igual). Resulta que el antesalista Franklin López la bota por el left field, da en una palma en los exteriores del estadio, y la pelota rebota.

“Yo la cojo de rebote, hago el paripé, y la devuelvo a segunda como si estuviera viva y en juego. Se armó lo que se armó, pero el árbitro Pedo Murgado decretó que la bola no había salido. Claro, la maña de uno tiene que ver. La malicia, los deseos de jugar, el espectáculo. Estábamos en el Cándido agramontino. Se la hice buena”.

Es indiscutible que además de su excelsa clase como pelotero, la picardía de Luis Ulacia salvó muchos juegos para su equipo.

“¿Quieres que te diga que cada vez que paso por Ciego hay alguien que me lo recuerda y me aplauden? Así es la vida”

Fuiste manager por 3 años, ¿te gustó?

“Sí, me gustó. Fui levantando el equipo, incluso, el tercer año estuve a un juego de la clasificación a la post temporada. Pero lo que hubiera sido el cuarto, el director de deportes en la provincia, Armando Ferrer y el comisionado nacional Felipe Sarduy dicidieron cambiar la dirección del equipo.

“Ahora llevo 2 años dirigiendo el sub 23 camagüeyano. El pasado año, cuando íbamos liderando la campaña, me llamaron los 4 abridores para jugar en la liga Cam Am de Canadá. Imagínate tú.

“Los derechos, Yadiel Rodríguez, 93 millas; Yosimar Cousín, 95, y Arbelio Quirot, 93, así como el zurdo Yadier Góngora, 90. Son los grandes prospectos no de Camagüey sino de Cuba. También en mi staff tengo a Carlos Pérez derecho refuerzo en Las Tunas.”

Te has visto afectado por esas salidas, ¿estás en contra?

“Yo estoy de acuerdo con que los muchachos hagan lo que nosotros no pudimos: jugar en el exterior, en cualquier liga, aunque sea la del tomate.

“Que vean otro béisbol, choquen con lanzadores de 95 millas todos los días, que aquí son bien escasos. Escuchen a otros entrenadores (lo que no quiere decir que aquí no los haya muy buenos), otro sistema de aprendizaje, compartir con otras personas, ver otro ambiente, otra afición. Todo eso es bueno, pero tienen que darnos la posibilidad de poder contar con ellos. Que se retome una serie de 90 juegos para todos. Siempre existieron equipos fuertes y flojos. ¿Por qué ahora no?”

De esto se deduce que no estás de acuerdo con los refuerzos.

“Pues no. No estoy de acuerdo. ¿Cómo voy a ser campeón por Industriales si soy de Camagüey? Pienso que no estamos desarrollando en los peloteros el amor a su camiseta como sí lo teníamos antes. Si el mío no clasifica, y soy bueno, me mandan para otro, y ya.”

A mí, particularmente, sí me gustan los refuerzos teniendo en cuenta el ostensible descenso cualitativo de la pelota cubana. Es una forma de concentrar lo poco que tenemos. Además, en cualquier liga se dan y se toman por no decir las crueles palabras se venden y se compran los jugadores. Pero la opinión del extraordinario pelotero claro que es válida.

“Mira, si queremos vamos a reducir el Campeonato a 6 u 8 equipos desde el principio; distribuimos los peloteros, sin tener en cuenta la territorialidad. Por ejemplo: Occidentales, Orientales, Centrales, Habana y 2 conjuntos sub 23, que no estén contemplados en los anteriores.

“Ahora se dan los casos que, atletas con calidad, que rindieron para sus conjuntos, no son pedidos como refuerzo, entonces, ¿qué pasa? ¿es justo? Sobran los ejemplos: Dany. Bartolomé fue líder de jonrones en la temporada 2013-14. Nadie lo pidió. Este año, el segunda base de la Isla, Abreu, de grandes perspectivas, tampoco fue llamado. A esto añádele que yo soy de Camagüey, con mi esfuerzo logró que el equipo clasifique a la siguiente fase, y me sustituyen por uno que viene de otra provincia. Y yo para el banco. ¿Por qué, es justo, te reitero?”

Bueno, vamos a cambiar el tema, ¿no crees? ¿Por qué no levanta Camagüey?

“Tenemos, estamos consolidando un buen pitcheo; pero carecemos de bateadores oportunos; aunque para mí lo fundamental es que los peloteros de ahora no tienen el compromiso con la camiseta que teníamos nosotros. ¡Ésa es la verdad!”

¡Sin comentarios! Voy para otro tema. Para ti el equipo Todos Estrella del béisbol cubano.2

“Manager, Jorge Fuentes; cuadro: Omar Linares, Germán Mesa, Antonio Pacheco y Antonio Muñoz; cátcher, Juan Castro; jardineros: Luis Giraldo Casanova, Víctor Mesa, Lázaro Contreras y Lourdes Gourriel; lanzadores, Braudilio Vinent y el Tati Valdés, abridores, y Omar Ajete y Pedro Luis Lazo, relevistas.”

Amigo mío de tantos años, tantas vivencias juntos, tanto amor fraternal que nos ha unido siempre, ¿te queda algo por decir?

“Ufff, pero nunca acabaríamos querida amiga. Sí decirte que estoy orgulloso de haber formado parte de un equipo Cuba que no perdía, que amaba su camiseta; honrado con la amistad de Orestes Kindelán que siempre éramos compañeros de cuarto.

“Decirte que para mí, los que están afuera pueden competir por el Cuba. Cada cual coge su camino y hay que respetarlo, pero la Patria es una. Yo respeto las opiniones de cada cual. Yo no soy nadie para decir traidores. Por mí, si Cuba diera la oportunidad, lo apoyaría al 100%.

“No se puede seguir nadando contra la corriente. Los que se fueron, si eran mis amigos, lo siguen siendo. Amigos y compañeros. Ya, Julita, no tengo nada más que decir.”