Grande, no villano

Por Norland Rosendo

Yosvany Alarcón es un pelotero al que no le gustan los silencios. Su bate es de los que más bulla hace; a veces, no espera ni afinarlo. Inquieto, trepidante, no será un cátcher virtuoso, pero sí sale siempre a dar lo mejor de sí.

El domingo, tras un lance incomprensible, sintió que Las Tunas era el lugar más callado del mundo; su estadio, el Julio Antonio Mella, que unos segundos antes era pura algarabía, se calló al unísono, como por mandato divino, y Alarcón se quedó bocabajo, masticando la tierra que hubiese querido que se lo tragara.

En sus spikes estaba el empate. Y él, con esa ansiedad que no sabe contener, loco por seguir enardeciendo a una afición que jamás había tenido a su equipo tan cerca de la gloria, dio un paso en falso. Pero hay que ser justos, no fue el único paso en falso que dieron los Leñadores esa tarde, ni el único de la postemporada. Alarcón, el cátcher, no es el villano, aunque ahora mismo se sienta como tal, y no pocos quieran tatuarle ese calificativo.

Con él conversamos antes del partido dominical, y estaba eufórico por lo que estaba viviendo. Quería, como los demás Rojiverdes, regalarles el título a los tuneros.

—¿En qué se diferencia este equipo de los anteriores Leñadores?

—Ahora somos una familia; hay mucha unión y jugamos con más combatividad que antes.

—También se nota que han mejorado tácticamente…

— Sí, hemos crecido en eso. Antes con hombre en primera base y un hit al jardín derecho no se llegaba casi nunca a tercera, y esos pedacitos frustran un éxito. Perdíamos muchos juegos por una o dos carreras.

—¿Pensaron siempre en la posibilidad de llegar a la final?

—Esa era la idea desde los entrenamientos. Al principio lo veíamos como algo alcanzable, pero no estábamos seguros; luego, en la segunda etapa, nos convencimos de que era cierto, que teníamos condiciones para discutir el campeonato.

—Fue una semifinal muy tensa con Industriales. Esa remontada les insufló mucha confianza, se ganaron la admiración de más de media Cuba…

—Ese equipo de Víctor Mesa estaba jugando muy bien, tenía el mejor pitcheo de los cuatro en la postemporada; además, en aquel Latino abarrotado parecía invencible. Supimos ganar uno en La Habana y volver a nuestro estadio, y en el Mella somos fieros, nunca nos dimos por perdidos. Esa remontada fue histórica.

—Sigues tirándole a los primeros pitcheos, ¿no piensas que puedes ser mucho más letal si superas esa indisciplina táctica?

—Se trata de estar bien o no. A la ofensiva no me estaban saliendo las cosas como quería, empecé mal y aunque me han seguido haciendo el mismo tipo de pitcheo, en la zona de afuera, estoy fallando menos swings, por eso he mejorado desde el sexto juego contra Industriales. Pero yo soy así, agresivo en cada turno al bate.

—Y sobre Granma, ¿qué opinas?

—Un gran equipo, no fue campeón en la serie pasada por casualidad. Para ganarles hay que jugar bien y seguir con el mismo espíritu con que derrotamos a Industriales. Este será otro play off para la historia.

A Yosvany nunca le faltó ese espíritu en la final; le sobró por toneladas y lo repartió entre los suyos. Ahora que una mala jugada suya le estranguló la garganta al apoteósico Mella, lo menos que puede hacer la afición tunera es gritarle, a voz en cuello: Levántate, que eres grande. Te queda mucha leña por dar en la pelota cubana.

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