¿Existe una nueva filosofía del juego?

Autor: Sigfredo Barros Segrera

Solo eran 65 una década atrás. Hoy se han multiplicado de tal manera que ya el pasado año excedieron los 1 400 lanzamientos de cien millas por hora en el béisbol de Grandes Ligas. Existen equipos con dos o tres cerradores capaces de topar esa velocidad, quienes pueden colocar la pelota en el plato en solo 396 milisegundos.

La recta a cien millas es más rápida que el parpadeo de un ojo. Según han reflejado los especialistas en varios sitios web, no se puede seguir con la vista toda su trayectoria, cuando está a 50 pies del home prácticamente desaparece, el bateador comienza a hacer el swing pero ya es tarde: la pelota entró en la mascota del receptor.

Si un lanzador abridor comenzara a tirar pelotas a cien millas desde el capítulo inicial lo más probable será que al pasar del segundo tercio del choque los rivales se hayan ido acostumbrando y sean capaces de conectar con mayor frecuencia. Quizá sea esa la razón por la que solo vemos a tiradores de esa velocidad en función de cerradores. Resulta imposible realizar ajustes en el swing, por muy bueno que resulte el hombre en el plato, en solo dos, tres o cuatro lanzamientos.

Valdría la pena preguntarnos: si cada vez hay más serpentineros con posibilidad de soltar una bola a cien millas por hora, ¿los batazos de grandes dimensiones disminuirían en grado sumo? Resultaría lógico, puesto que para conectar un jonrón la coordinación y el balance del bateador deben de alcanzar casi la perfección. Y a mayor velocidad, mayor dificultad para conseguirla.

Pero no fue así, todo lo contrario. En la pasada temporada se rompió el récord histórico de jonrones en las Grandes Ligas, pues se conectaron por primera vez más de 6 000, 6 125 para ser exactos. Y, a pesar de todo, también la marca de ponches fue abajo al sumar 40 105 en el total de 2 430 juegos.

Lo de la cantidad de bambinazos provocó innumerables polémicas. Se habló y se escribió de una pelota más pequeña, más viva y hasta de una sustancia doping incapaz de ser detectada.

Y de los estrucados, ¿cómo explicar el aumento de bateadores ponchados, más de 40 000, un total nunca visto? Quizá por el hecho de los swines grandes característicos de todos los sluggers, comentan algunos. No es así del todo.

UNA FILOSOFÍA DISTINTA

Según los especialistas de ESPN y el Elias Sport Bureau, los departamentos de análisis de cada uno de los 30 equipos aconsejan a los mentores no regalar outs. Por esa razón en la pasada temporada hubo solo 924 toques de sacrificio en casi 2 500 partidos. De igual manera han descendido los robos de base y las jugadas de corrido y bateo.

«Hoy en día se juega distinto», declaró el exmentor de los Yankees de New York, Joe Girardi. «En comparación con cuando yo comencé en esto, ahora se roba menos bases, se toca menos y se intenta menos el corrido y bateo. Como ya no regalas outs tocando, dejas que los bateadores hagan swing». Un miembro del Salón de la Fama, Reggie Jackson, afirmó que «el enfoque del béisbol de hoy en día es batear jonrones y tolerar los ponches. En definitiva, un ponche es equivalente a un out y es mejor que batear para doble play».

El aumento de los ponches está en relación directa con el aumento de la velocidad de los pitchers. Según datos de la MLB (las siglas en inglés de Grandes Ligas) las rectas de cuatro costuras promediaron 93,2 millas por hora, hace nueve años era de 91,9. Si a eso le añaden los altísimos promedios de los cerradores, es normal que la cantidad de estrucados aumente.

Una última opinión me parece interesante, la de Eric Nadel, quien por más de 40 años es el locutor oficial del equipo Rangers de Texas. Durante su última visita a Cuba, Eric abordó el tema desde un punto de vista muy singular: «los dueños de equipos tienen mucho que ver en toda esta nueva forma de jugar al béisbol.

«Para ellos, lo principal es ver el estadio lleno, con más de 40 000 o 50 000 personas, a mayor concurrencia mayores son las ganancias. Y ellos saben que la afición adora los jonrones y, de igual manera, adora los ponches. Es común ver como todo el mundo se levanta de sus asientos para festejar un cuadrangular o para aplaudir al lanzador que tiene en dos strikes al bateador rival. Sin dudas, el jonrón y el ponche son las máximas atracciones, en el centro del espectáculo».

EN LA ÚLTIMA SERIE DEL CARIBE

No solo es en Estados Unidos donde este fenómeno tiene lugar. En la recién finalizada 60 edición de la Serie del Caribe se conectaron 22 jonrones en los diez partidos de la etapa eliminatoria, a dos por encuentro, y se propinaron 113 ponches. Además, se produjeron 23 robos de base, 1,8 por juego.

En la segunda fase de nuestra 57 Serie Nacional los bambinazos sumaron 360 en 268 juegos, a 1,34 de promedio. Sin embargo, abundaron los toques de bola (567), a 0,90 de promedio por desafío, en tanto también aumentaron a 1 225 los ponches.

El béisbol fue siempre un deporte donde tocar una bola para avanzar a un corredor o apuntarse un jit, robar una base para colocar un hombre en posición anotadora o montar una jugada de corrido y bateo eran parte esencial de la estrategia. Pero ahora son otros tiempos. Una nueva filosofía se está adueñando de este deporte.

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