Los grandes curveadores del béisbol cubano: I. Camilo Pascual

Por: Esteban Romero

“De tanto leer sobre Camilo Pascual,
¿quién mejor para escribir que
aquel que sí le vio lanzar?”
El autor

En este mundo hay muchos lanzadores de excelente velocidad, control, repertorio variado que incluye variantes de rectas, la slider y la curva, pero esta última no es que todos la logren lanzar pronunciadamente. Por eso hay que decir que se lanzan curvitas y curvas, éstas últimas marean al mejor de los bateadores, pero no son muchos los lanzadores que logran lanzarla con precisión.

Una buena curva supera bien los 140 grados y puede alcanzar valores de 160 o más grados de ángulo, todo está en el arte que tenga el que la vaya a lanzar. Entre los grandes curveadores del béisbol de Grandes Ligas aparecen los nombres de los zurdos Sandy Koufax, Warren Spahn, Steve Carlton, Tom Glavine, los derechos Christy Mathewson, Satchel Paige, Don Drysdale, Bert Blyleven, Tom Seaver y Greg Maddux entre otros. Eso sin dejar de mencionar al activo zurdo Clayton Kershaw de los Dodgers. Entre ese grupo de estrellas y dominadores de la curva sobresalen dos nombres de lanzadores cubanos, el derecho Camilo Pascual y el zurdo Miguel Cuellar.

Cuellar logró su ascenso al estrellato casi 10 años después de su debut en las Grandes Ligas en 1959. El villareño tenía buena recta, logró con el tiempo lanzar una curva grande, pero su éxito se concretó cuando añadió a su repertorio la screwball o bola de tornillo. Le recuerdo lanzando con el Almendares en la profesional cubana. Su debut ocurrió en la temporada de 1956-57 en la profesional cubana y en 1957 con los Sugar Kings de la Liga Internacional (clase AAA), pero en aquel entonces no tenía una curva pronunciada como tal. Muy distinto sucede con Camilo, al que el autor vio muchas veces como buen aficionado del Cienfuegos, por lo que les puedo asegurar que aparte de la enorme curva de Warren Spahn vista por la TV en la segunda mitad de los años 50 en Cuba, otra de igual calidad, en mi opinión, fue la de Camilo.

El habanero, nacido el 20 de enero de 1934 en San Miguel del Padrón, se inició en la pelota aún adolescente lanzando para el equipo amateur El Ferroviario. Su debut en la profesional cubana fue casi de inmediato, adonde llegó con 18 años de edad en la temporada de 1952-53, vistiendo la franela de los Tigres del Marianao, conjunto con el que estuvo hasta la siguiente temporada, en la que fue canjeado al Cienfuegos por una ridícula docena de bates. No se entiende en realidad que motivó ese canje absurdo, Camilo venía de lanzar bastante bien con los Havana Cubans en la Liga Internacional de la Florida en la temporada de 1953. Vean, lanzó en 25 juegos, ganó 10 y perdió 6, con 93 ponches y 68 bases por bolas, PCL de 3.00, y de los lanzadores usuales de este conjunto fue el que menos hits permitió, 126 en 141 entradas. Había dominio y hablamos de un muchacho de apenas 19 años.

Los Tigres después lo lamentarían, pues Camilo, con mucho amor propio y deseos de demostrar su clase, desarrolló una curva de barril, que el gran Ted Williams llegó a considerar como la mejor en su época en las Grandes Ligas. Esa curva con una recta veloz y un cambio efectivo se convirtieron en las armas de su repertorio.

Camilo terminó la temporada de 1953-54 con registro de 4 victorias y 5 derrotas, PCL de 1,95, pero en la siguiente temporada no pudo lanzar, ya que los Senadores no se lo permitieron. Este es otro detalle interesante que hace notar que ya los entrenadores en Grandes Ligas veían un futuro en el lanzador cubano, ¿cómo a los ejecutivos de los Tigres se les ocurrió el disparatado canje? La temporada de 1954-55 de la profesional cubana fue la más afectada por las prohibiciones. Ni Orestes Miñoso, ni Miguel Fornieles, ni Sandalio Consuegra pudieron jugar en la misma, ya que los Medias Blancas de Chicago les prohibieron jugar, algo negativo para los mismos peloteros y que Miñoso reflejó en su autobiografía. Les prohíben jugar pero no les suben el salario, ya que jugar en la profesional invernal aportaba un extra al bolsillo de cada jugador.

En la temporada de 1955-56 debutó como abridor un joven pinareño con una recta supersónica, Pedro Ramos, el que hizo buen dúo con Camilo dentro del conjunto de los Elefantes, los que se llevaron sin mucha dificultad el título de esa temporada. Entonces el manager Oscar Rodríguez ponía a Camilo a lanzar en los juegos nocturnos y muy pocas veces en los juegos dominicales. Camilo se enfrascaba en duelos contra lanzadores de experiencia, sea contra el Habana y el zurdo Vinegard Bend Mizell o contra el Almendares y el zurdo Joe Hatten. Muy pocas veces contra el Marianao, ya que su equipo y los Tigres eran normalmente los que se enfrentaban en el primer turno del doble dominical.

Una sola vez se le vio lanzar fatal, fue en un juego dominical del 8 de enero de 1956, cuyo boxscore fue conservado por Severo Nieto y publicado en su libro sobre Conrado Marrero. Ese juego lo iniciaron los zurdos Seth Morehead por el Cienfuegos y Hatten por el Almendares, al que los elefantes le cayeron a tronco, siete carreras, incluido jonrones de Ultus Álvarez y Prentice Browne, en la misma primera entrada, pero los alacranes no se amilanaron, expulsaron a Morehead temprano, al que el guanabacoense Látigo Gutiérrez relevó pero no aguantó. Oscar Rodríguez venía decidido a llevarse la victoria ese día y apeló a su mejor lanzador, Camilo Pascual, en función de relevo por primera y única vez en esa temporada. Lamentable, no era su día y el habanero perdió el juego, el que finalmente concluyó 19-12 a favor del Almendares. El autor no recuerda haberle visto más bombardeado como le sucedió en ese juego. Por coincidencia fue la última victoria del manager-lanzador Conrado Marrero en la profesional cubana. En lo sucesivo, nunca más se vio que algún equipo castigara a Camilo. Podía perder pero siempre por escaso margen.

En esa temporada de 1955-56, Pedro Ramos ganó 13 juegos y Camilo 12 de los 40 que ganaron los elefantes. Camilo llegó a ponchar a 103 bateadores, con PCL de 1.91, que le valió el MVP de esa temporada y aparecer en el todos estrellas como mejor lanzador derecho de la temporada. En la Serie del Caribe no se detuvo y logró la primera victoria para su equipo, luego imitado en el segundo juego por Pedro Ramos. Los Elefantes perdieron ante el Caguas de PR, pero Oscar Rodríguez se las ingenió para poner al relevista Látigo Gutiérrez a abrir y lanzar el juego completo contra el Chesterfield de Panamá, a los que blanqueó y los dejó en par de hits. La escena quedó preparada para el remate final por parte del dúo Camilo-Ramos. El habanero se encargó de amarrar cortico al Valencia venezolano y luego Pedro Ramos siguió su ejemplo derrotando al Caguas. Camilo repartió 13 ponches en este evento, 3 más que sus compañeros Ramos y Gutiérrez.

Vino la temporada de 1956-57, Cienfuegos se presentó fuerte como en la anterior, pero más fuertes resultaron ser los Tigres de Marianao bajo la dirección de Napoleón Reyes. No obstante, Camilo fue un monstruo en esa campaña al lograr los lideratos de mejor promedio de ganados (15-5, .750), juegos completos (16), ganados (15), lechadas (6), ponches (153) y PCL (2.04). En la de 1957-58 el habanero solo lanzó en 3 juegos y su ausencia afectó enormemente a los elefantes, que volvieron a su sótano habitual, mientras que en la de 1958-59 ganó 9 y perdió otros tantos, con PCL de 2.11. Realmente en estas dos temporadas no era el Camilo acostumbrado, pero que conste, nunca se le vio castigado ofensivamente. Así y todo, Camilo integró como refuerzo al equipo Almendares, campeón de 1958-59, a la serie del Caribe, donde ganó los dos juegos que abrió, a la vez que repartió 16 ponches y concedió solo 2 boletos.

Es bueno recalcar que Camilo era un lanzador de mucho control sobre sus lanzamientos, la bases por bolas no tenía nada que ver con su arte de lanzar y de ahí su excelencia. Muchas curvas de Camilo, de esas que van por el aire y que el bateador no sabe dónde realmente va a caer, terminaban ponchando a los bateadores rivales, los que abanicaban descolgados totalmente.

Otro Camilo hubo en la temporada de 1959-60, los elefantes trajeron un trabuco muy difícil de vencer, y con un trío de lanzadores en forma, Camilo, Pedro Ramos y Raúl “Salivita” Sánchez (MVP de la temporada), no era difícil esperar que el Cienfuegos se llevara el banderín. Nuevamente Camilo ganó 15 y perdió 5 (.750, líder empatado con Salivita, 12-4), completó 13 juegos, ponchó a 163, líder en todos esos departamentos. Los elefantes ganaron 48 juegos, Camilo, Ramos y Salivita ganaron 39 juegos. Esa aplanadora acabó sin problemas contra todos sus adversarios en la serie del Caribe de 1960. Nuevamente Camilo ganó 2 juegos y uno de ellos fue lechada, a la vez que repartía 15 ponches y solo concedía 5 bases.

Lo afirmo sin temor alguno, el mejor lanzador que haya pasado por Series del Caribe ha sido Camilo Pascual, cuyos triunfos sirvieron para que los equipos cubanos se llevaran tres títulos de serie del Caribe. Sus registros aquí están, tres series del Caribe, ganó 6 y completó 5 en 52.1 entradas lanzadas, propinó 42 ponches, o sea 4.2 por cada base por bolas concedida o 7.22 ponches por cada nueve entradas, PCL de 1.89, increíble WHIP de 0.80. Eso se llama lanzar con excelencia, algo que los actuales lanzadores cubanos deben aprender y emular con estas estrellas cubanas del béisbol.

En la última temporada de la profesional cubana (1960-61) a Camilo se le prohibió lanzar en los dos primeros tercios de campaña. Los debutantes Mellizos de Minnesota en la Liga Americana habían puesto su primera prohibición con el brazo del cubano. Su debut entonces fue en el juego de las Estrellas de esa última temporada, el que por la ausencia de peloteros norteamericanos se realizó entre selecciones de Cienfuegos-Habana contra otra de Marianao-Almendares. Camilo abrió, para recibirle estaba detrás del plato su mejor compañero de receptoría, Rafael Noble, el que en esa temporada jugó con el Habana. Se recuerda como si fuera hoy una de sus curvas grandes lanzadas al primer bate, si la memoria no falla, era Ángel Scull, el que al final le trabajó la base por bolas, luego se acabó la fiesta, tres llegaron y tres quedaron, escón para la selección de tigres y alacranes, lanzó solo esa entrada, y su selección posteriormente ganó este desafío. En lo sucesivo, en esa temporada, Camilo solo lanzó 8 entradas, permitió 5 hits, 4 bases, 9 ponches y PCL de 1.13. Suerte la del Cienfuegos en esa contienda de tener a Pedro Ramos ganando 16 juegos de los 38 obtenidos para llevarse el banderín nuevamente.

Hace unos años, durante la década de los 90, el autor visitó Maracay, Venezuela, por razones de trabajo, y por esas cosas de la vida, después de concluido el trabajo, un profesor local me llevó a una cafetería-bar para charlar un rato. Comenzamos nuevamente por asuntos de trabajo y terminamos hablando de pelota, en particular de dos grandes serpentineros cubanos, Diego Seguí y Camilo Pascual. El primero es todo un ídolo en Venezuela, pero a Camilo se le trata con mucho respeto y admiración, ya que el habanero logró allí lanzar, no fue mucho, lo hizo ya en el ocaso de su carrera. Lanzó en 1968-69 para los Tigres y en 1970-71 con los Leones de la capital. Tuvo otra incursión con los Tiburones, pero el autor no ha encontrado sus estadísticas en este último conjunto. En esas temporadas lanzó en 29 desafíos y logró 11 victorias con 2 derrotas, PCL de 2.77. En la campaña de 1970-71, Camilo lanzó en 13 juegos, 81.2 entradas, logró 7 victorias con ninguna derrota, propinó 62 ponches y PCL de 2.22. Sin embargo, hay un detalle que no se debe pasar por alto. En el equipo de Cienfuegos sus tres lanzadores estelares, Camilo, Ramos y Raúl Sánchez eran excelentes bateadores, y Camilo ha dejado hasta ahora su huella como bateador en Venezuela, ya que ostenta el récord de más extrabases conectados en una entrada. Fueron dos dobletes disparados en la sexta entrada de juego efectuado el 6 de noviembre de 1970 de los Leones contra los navegantes de Magallanes. En un artículo publicado en junio (2017) en este mismo sitio, se mencionó que Pascual tiene dos jonrones con bases llenas de 5 conectados en su carrera en Grandes Ligas.

En Grandes Ligas a Camilo le tocó bailar con la más fea, jugar para los Senadores, conjunto sotanero por excelencia. Al habanero le tocó muchas veces abrir el juego inaugural y contra la seria ofensiva de los Yankees, de la cual no escapaba ni el más pinto en la década de los 50. Muchos batazos largos, algunos de Mickey Mantle, tuvo que soportar Camilo en esas primeras temporadas en la Liga Americana.Mickey Mantle cuenta una anécdota en su libro “1956, mi verano favorito”. Resulta que Mantle en esas primeras temporadas del habanero le conectaba con fuerza y despiadadamente. Cuando Mantle le sonaba su jonrón, Pedro Ramos salía del dugout con una toalla abierta, la que movía como si se tratara de revivir a un boxeador de un KO. Era una broma realmente y parece que Camilo la aceptaba, a fin de cuentas jugaban juntos todo el año, en invierno con el Cienfuegos y en el verano con los Senadores. Si bien Camilo era castigado, algo que cambió con el tiempo, Ramos recibía también su cuota de jonrones de parte de Mantle, pero sucedió que un buen día le tocó al jardinero central y slugger de los Yankees enfrentarse a Ramos y conectarle un jonronazo que muchos dijeron que había caminado 500 pies o más. Lo interesante es que mientras Mantle le daba la vuelta al cuadro, él mismo cuenta que vio como Camilo se asomó fuera del dugout toalla en mano e imitar al mismísimo Ramos.

Si bien Camilo no ganó más de 8 juegos por temporada desde 1954 a 1958, ya en 1959 ganó 17 y perdió 10, incluido 6 lechadas y 17 juegos completos, líder en la Liga Americana, y su equipo tuvo resultado de 68 victorias con 86 derrotas ocupando el sótano (octavo lugar). En la temporada de 1960 Camilo continuó su ascenso al ganar 12 y perder 8, con unos Senadores vencedores en 73 juegos y derrotados en 81, esta vez ocupando el quinto lugar. Esta franquicia se transformó en los actuales Mellizos de Minnesota en 1961, entonces Camilo ganó 15 y perdió 16, pero con 6 lechadas y 221 ponches, líder en ambos departamentos en su liga. Como ya se mencionó, la nueva franquicia de los Mellizos no dejó lanzar a Camilo en la profesional cubana de 1960-61 hasta finales de esta temporada y por un número limitado de entradas, ocho en total.

En sus dos siguientes temporadas con los Mellizos, Camilo logró record de 20-11, con 18 juegos completos, 5 lechadas y 206 ponches, líder en esos tres departamentos; y 21-9, con 18 juegos completos y 202 ponches en 1963. Su excelencia continuó en 1964 al ganar 15 y perder 12, a la vez que ponchaba a 213 bateadores, pero cosas de la vida, no se llevó el liderato en este departamento, que le habría proporcionado el cuarto sucesivamente. Al analizar las estadísticas, se ve claramente que la eficiencia de Camilo comenzó a descender a partir de 1965, cuando ganó 9 y perdió 3, lanzó 100 entradas menos que en las anteriores, y ponchó a 96 bateadores adversarios. Mala suerte, pues su equipo fue ese año el campeón de la Liga Americana, se enfrentó a los Dodgers de Walter Alston y sucumbieron en 7 juegos.

A Camilo le tocó abrir el tercer juego de la serie, en partido que vio a cuatro cubanos al campo por los de Minnesota, Zoilo Versalles como hombre proa, Tony Oliva como jardinero derecho y tercer bate, e Hilario Valdespino como emergente. A Camilo le anotaron 3 limpias entre el cuarto y quinto innings, fue todo lo que lanzó, y se llevó la derrota. Los Mellizos se aferraron al dúo de Jim Kaat y Mudcat Grant, y no hubo más espacio para que el cubano lanzara.

A partir de 1966 ya la eficiencia se vio más reducida, el cubano ya venía confrontando problemas de dolores en su brazo, por lo que los Mellizos le canjearon junto al infielder Bernie Allen por el lanzador derecho Ron Kline a la nueva franquicia de los Senadores. De este equipo pasó a los Rojos de Cincinnati en 1969, que lo liberaron posteriormente. Los Dodgers le firmaron como agente libre en 1970, nuevamente liberado. Los Indios le contrataron en 1971, lo pasaron por horas a los Padres, donde no llegó a lanzar, regresó con la Tribu, pero en junio fue nuevamente liberado y aquí terminó la carrera de Camilo en las Mayores. En sus últimas seis temporadas ganó 29 y perdió otro tanto, su mayor ineficiencia se notó en su incursión con los Rojos de Cincinnati en 1969, en los que tuvo PCL de 8.59 en 5 juegos lanzados.

En juegos de estrellas de Grandes Ligas participó desde 1959 hasta 1962, luego fue nuevamente incluido en 1964, en total siete veces presente en estos partidos. En juego de 1961 lanzó 3 entradas de forma inmaculada con cuatro ponches.

En resumen, en 18 temporadas, Camilo lanzó 529 juegos, 2930.2 entradas lanzadas, 404 juegos iniciados, ganó 174 juegos (cuarto lugar entre los lanzadores cubanos en la MLB), 36 lechadas (10 más que Adolfo Luque, tantas como Miguel Cuellar, y 13 menos que Luis Tiant Jr.), 10 salvados, perdió 170, en 529 juegos lanzados, 2167 ponches propinados y WHIP 1,287.

A su retiro se dedicó a funciones de cazatalento o de auxiliar de equipos, en las que no le fue nada mal. Primero trabajó para los Atléticos de Oakland en el período de 1982-88. Uno de sus hallazgos principales tuvo lugar en 1982 cuando firmó al joven oriundo de Regla, de nombre José Canseco, un verdadero slugger para su equipo y novato del año en 1986. Camilo también hizo este trabajo con los Dodgers desde 1989, y entre sus hallazgos aparece el ahora manager de los Medias Rojas de Boston, el boricua Alex Cora, y los venezolanos, el lanzador Omar Daal, el infielder Miguel Cairo, ambos en 1990, y el jardinero, aún activo, Franklin Gutiérrez en 2000.

Camilo Pascual es miembro del Salón de la Fama de los Mellizos desde julio 2012, donde ocupa el segundo lugar en lechadas propinadas, con 31, tercero en ponches (1 885), cuarto en innings lanzados (2 465) y quinto en juegos ganados (145). De hecho fue el primer lanzador con los Mellizos en lograr 20 juegos ganados (1962). Su registro con esta franquicia combinada de Senadores-Mellizos fue de 145-141 con PCL de 3.63 en 529 apariciones en el montículo.

En 1996 fue uno de los primeros electos al Salón de la Fama del Caribe, junto al dominicano Rico Carty, el mexicano Héctor Espino y el norteamericano William Brown. En 2014 fue uno de los pocos peloteros cubanos de Grandes Ligas escogidos para el resucitado salón de la fama cubano, aunque muchos años antes había recibido ese honor en el salón existente en Miami.