Jugar o no jugar… he ahí la pelota

Autor: Oscar Sánchez Serra

¿Por qué Raúl González, Yordan Manduley, Alexander Ayala, Frederich Cepeda, y otros más… han tenido que someterse al terreno, sin dejar de jugar durante casi un año? La pregunta era recurrente tras los topes con Nicaragua y los elencos mexicanos Diablos Rojos y Guerreros de Oaxaca, pero la Serie Especial que comienza el próximo jueves vuelve a poner la interrogante sobre la lomita de lanzar. Una entrevista publicada en el periódico Trabajadores, a Leonardo Goire, jefe técnico de la Dirección Nacional de béisbol, nos hizo encaramarnos en el montículo y, en forma de envíos, opinar.

A nuestro juicio, lo mejor de lo visto hasta ahora y por ver, es decir, la superabundante cantidad de juegos con los peloteros de máximo nivel en calidad de protagonistas, es que la pelota no se ha despedido. De hecho empatará una temporada con otra. ¿Lo peor? Que tantos partidos, como presuponen un estado de preparación para enfrentarlos, acusen en los jugadores el síntoma de sobreentrenamiento o que no consigamos el objetivo, que es rendir más en la competencia principal: los Juegos Centroamericanos y del Caribe, en julio venidero, en Barranquilla, Colombia.

En un estudio presentado por los investigadores José M. González, Fernando J. Navarro Valdivielso y Pedro Miguel Pereira Gaspar, publicado en la Revista Entrenamiento Deportivo, Volumen 29, Número 1 del año 2015, citando a otro especialista, H. Digel, se lee:

«Uno de los factores sobre el que se están modificando las programaciones del entrenamiento es la excesiva presencia de competiciones. ¿Cómo puede el deportista rendir óptimamente los 365 días al año? El atleta es un ser humano sometido a estímulos, denominados cargas de entrenamiento, y estas tienen como finalidad obtener una o varias puestas en forma, que se han basado fundamentalmente en dobles periodizaciones como el caso del atletismo, o en deportes colectivos mantener una forma constante, y solo en momentos puntuales de la temporada alcanzar puntas de rendimiento, seguidas de bajadas profilácticas. Por lo tanto, competiciones todo el año no aseguran un rendimiento óptimo durante todo ese periodo, al contrario, lo que se logra es disminuir el rendimiento».

Claro está, existen maneras de evitar que se declare ese peligroso estado, que echaría por tierra cualquier esfuerzo previo. Goire explicó «que la dosificación está concebida y que los periodos de entrenamiento tienen diferentes mesociclos y dentro de ellos los microciclos». Por supuesto, él y nuestros avezados técnicos saben que una puesta en forma lleva una certera planificación y que no es una suma aritmética de esas estructuras.

Creo que el reto no es jugar mucho y con ello encontrar la forma deportiva, algo que en la periodización moderna del entrenamiento es normal y común, si no preguntémonos cómo los futbolistas pueden enfrentar temporadas de seis meses y jugar tres certámenes a la vez, o cómo los peloteros de Grandes Ligas o de la justa japonesa se exponen a igual periodo de tiempo compitiendo. Para no ir más lejos, nuestras propias series nacionales son otro ejemplo. El desafío es que el deportista, léase pelotero, tenga siempre la disposición de vencer en ese duelo, que le va a definir después un resultado en la lid competitiva.

Para alcanzar esa cota hay un elemento que atraviesa toda la preparación: la motivación. A los preparadores les toca buscar este resorte en todo el proceso y de cara a ese objetivo, también hay recursos. Directivos y entrenadores tienen que encontrar que sus dirigidos siempre crean en sus habilidades y esto pasa por levantar el componente actitud ante el entrenamiento. Aportaría muchísimo que el diseño de la preparación desglose las metas, porque el sujeto entrenado podría visualizarlas mejor y en consecuencia alcanzarlas, lo cual igualmente motiva.

Es decir, el binomio entrenador-atleta debe ser muy exacto para que no decaiga su deseo de rendir, que debe traducirse en ansias de ganar.

Corresponde al profesor una distribución exacta de las cargas de entrenamiento, las que son selectivas para favorecer una determinada capacidad o las complejas, cuando se pretende potenciar diferentes capacidades y sistemas funcionales. Algunas se distribuyen por mayor cantidad de tiempo y otras se concentran en una semana. Según González, Navarro Valdivielso y Pereira Gaspar, las teorías contemporáneas utilizan preferentemente las cargas concentradas que proporcionan cambios funcionales más profundos en el rendimiento.

Articular ese complejo entramado es la clave del éxito, y si algo han demostrado los resultados del movimiento deportivo cubano, son los saberes de nuestros preparadores. Con muy poco han construido una verdadera potencia. Hoy la ciencia es un gran aliado y está al lado de ellos, expresada en el grupo de expertos que trabajarán con los tres equipos de la Serie Especial, de los cuales ha de salir la selección cubana a Barranquilla.

Y claro que están frente a un reto, porque el entrenamiento deportivo hay que verlo como un proceso pedagógico, esa es su esencia, y entendido así no puede apartarse de las condiciones sociales, económicas, organizativas y profesionales en las cuales se desarrolla. Lo proyectado con esa Serie es sugerente porque es una idea que cuenta con los recursos humanos y materiales del país. Pero también es riesgoso, pues hay que medir milimétricamente cada paso y sobre todo que el 3 de junio, cuando culmine, no nos quedemos sin juegos. A partir de ahí son mucho más útiles, dado que se sitúan en la antesala de la fase más importante de una forma deportiva, el periodo competitivo.

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