El bateo es una ciencia

Autor: Sigfredo Barros Segrera

Desde hace muchos años los especialistas están de acuerdo en calificar al pitcheo como un arte… y al bateo como una ciencia. Argumentan lo segundo afirmando lo difícil que es conseguir la concentración necesaria para coordinar, en cuestión de segundos, y hacer el swing ejecutando correctamente los movimientos de piernas, cintura, espalda, hombros, brazos, antebrazos y muñecas.

Además, al bateador no le sobra el tiempo. Los científicos han demostrado que una pelota lanzada a 90 millas por hora tarda aproximadamente medio segundo en llegar a su destino. Si el envío topa las cien millas, el tiempo se reduce a 0,38 segundos y el implemento para golpearla, el bate, no es más grueso que una lata de refresco.

Existen muchas estadísticas para medir la eficiencia de un bateador. La primera de ellas surgió en el siglo XIX gracias a quien es reconocido como el «padre del béisbol», Henry Chadwick, un escritor y estadístico británico-estadounidense amante del cricket, quien tuvo la idea de aplicar al béisbol los números utilizados en el cricket, pero con un cambio: en lugar de compilar veces al bate y carreras anotadas, Chadwick sustituyó las anotadas por los jits, argumentando que el jit es obra del bateador, pero las anotadas dependen en muchas ocasiones de otro.

El average de bateo es muy sencillo de obtener, solo hay que dividir los jits entre las veces al bate. Se considera que un promedio de 300 es bueno. Esa es una muestra de cuán difícil resulta batear, pues conectar tres jits en diez turnos oficiales al plato es un average de 300, a pesar de haber fallado en siete ocasiones.

Para conquistar un título de bateo, hoy en día el jugador tiene que acumular 3,1 comparecencias al home por cada partido efectuado por su equipo. No siempre fue así. Antes de 1920 solo era necesario el 60 % de los desafíos. Desde esa fecha hasta 1944 había que participar en no menos de cien juegos y desde 1945 hasta 1956 era obligatorio acumular 2,6 comparecencias por desafío.

En 1957 se adoptó la cifra de 3,1. En nuestra Serie Nacional esta cantidad multiplicada por 90 encuentros del calendario regular equivale a 279 comparecencias que tienen en cuenta además de los jits, las bases por bolas, los sacrificios de toque y de fly, pelotazos y embasado por interferencia.

LINARES, URRUTIA, ENRÍQUEZ, DESPAIGNE

Nuestra Serie Nacional ya tiene una historia… y bien larga, por cierto. A través de los años hemos visto cientos de excelentes peloteros, todos con altos promedios de bateo. Hay cuatro cuyos números son muy llamativos, destacados tanto en Cuba como en el extranjero.

No nos queda mucho que decir de Omar Linares, porque ya vimos su récord en anotadas por juego. Siempre me pregunto cómo un slugger con más de 400 jonrones a su haber pudo también finalizar su carrera como puntero histórico en promedio de bateo. Una sola palabra lo califica: excepcional.

El tunero Osmani Urrutia es otro fenomenal madero en mano, con una marca de más títulos ganados, seis en total, cuatro de ellos con promedios superiores a los 400. Era un estilo diferente al de Linares, bateador de líneas, sin gran cantidad de cuadrangulares, con una habilidad extraordinaria para

colocar la pelota en tierra de nadie. Similares características son la del Súper 12 pinero, Michel Enríquez, con récord de más jits en una temporada, 152, y más dobletes de por vida (418), con 1 900 indiscutibles, tercero en average histórico.

WILLIAMS, RUTH, COBB, JACKSON

En el béisbol de Grandes Ligas dos nombres aparecen inmediatamente cuando se discute acerca de quién ha sido el mejor bateador de la historia: Ted Williams y Babe Ruth.
El californiano Williams, conocido como el «bateador espléndido», escribió un libro, The Science of Hitting (La Ciencia del Bateo) donde analiza pormenorizadamente todos los elementos necesarios para ser un buen bateador, enfatizando en la técnica y el pensamiento táctico: «pararse en el plato sin tener un mínimo conocimiento del lanzador rival equivale a suicidarse», escribió.

Ted conectó 521 jonrones, remolcó más de 1 800 carreras y sus números fueran aún mejores si no hubiera perdido tres de sus mejores años, de los 24 a los 26, cumpliendo misiones de combate durante la Segunda Guerra Mundial como piloto. Su promedio de embasado, 482, es el más alto de todos los tiempos, fue seis veces campeón de bateo y en dos ocasiones ganador de la triple corona.

Si un pelotero llegó a convertirse en un ícono ese fue George Herman Ruth, el «Bambino». Para muchos Ruth salvó en buena medida al béisbol después del escándalo de los jugadores de los Medias Blancas de Chicago vendiendo a los apostadores la Serie Mundial de 1919. Un año después Ruth estableció una marca de 54 jonrones y la afición –que se había alejado de los estadios a consecuencia del fraude– volvió a llenarlos.

Promediar por encima de 340, disparar 714 jonrones (también llamados «bambinazos» en su honor) e impulsar 2 213 carreras solo lo puede hacer un superdotado y eso era Ruth, quien visitó La Habana y Santiago de Cuba entre el 30 de octubre y el 28 de noviembre de 1920. Al finalizar su gira expresó a la prensa: «este país es bellísimo, de gente magnífica, con sus mujeres entre las más elegantes del mundo».

Si Ruth era carismático, todo lo contrario era Tyrus Raymond Cobb. Ty era un hombre huraño y extraordinariamente agresivo en el terreno, terror de los jugadores de cuadro por sus fortísimos deslizamientos, quizá traumatizado por presenciar la muerte de su padre por un disparo de escopeta hecho por la madre, en lo que se consideró un accidente.

Sus estadísticas hablan por sí solas: bateó sobre 300 durante 22 temporadas consecutivas, ganó 12 títulos de bateo, líder histórico en robos de home con 54, en tres ocasiones por encima de 400, único jugador ganador de una corona de jonrones con nueve, todos dentro del terreno y uno de los cinco primeros en ingresar al Salón de la Fama de Cooperstown.

Historia triste la de Joe Jackson, conocido como el «Descalzo», uno de los más grandes de la historia, de quien Babe Ruth dijo que había copiado el estilo de conectar, porque para él era el mejor bateador natural que había visto en su vida. Jackson fue uno de los ocho jugadores acusados de vender juegos y fue expulsado de por vida del béisbol e impedido de entrar en el Salón de la Fama. Tiene la marca de ser el único novato promediando 400 en su primer año y poseedor del tercer average más alto de por vida, 356.

Un último detalle: en la relación de los primeros bateadores de Grandes Ligas hay ocho zurdos, los únicos derechos son Rogers Hornsby y Ed Delahanty, mientras que de los líderes de la Serie Nacional los únicos zurdos son Yasser Gómez y Yoandry Urgellés, el resto son derechos.

Fuentes: http://www.beisbolcubano.cu. Baseballreference.com. Todocuba.org. The Science of Hitting, Ted Williams.

MEJORES EN PROMEDIO

SERIE NACIONAL

NOMBRE

VB

H

AVE

Omar Linares

5 962

2 195

368

Osmani Urrutia

3 999

1 463

366

Michel Enríquez

5 290

1 900

359

Alfredo Despaigne

3 452

1 202

348

José D. Abreu

2 686

918

342

Alexander Ramos

5 980

2 030

339

Yordanis Samón

4 859

1 646

339

Yuliesky Gurriel

5 053

1 705

337

Yoandy Garlobo

3 770

1 263

335

Yasser Gómez

8 443

1 152

335

Yoandry Urgelles

3 672

1 235

335

GRANDES LIGAS

NOMBRE

VB

H

AVE

Ty Cobb

11 434

4 189

366

Rogers Hornsby

8 173

2 930

359

Joe Jackson

4 981

1 772

356

Lefty O´Doul

3 264

1 140

349

Ed Delahanty

7 510

2 597

346

Tris Speaker

10 195

351

345

Billy Hamilton

6 283

2 164

344

Ted Williams

7 706

2 654

344

Dan Brouthers

6 726

2 303

342

Babe Ruth

8 399

2 873

342

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