J.D. Martínez, del abismo a la gloria en unos pocos años

Por Mike Lupica

A pesar de todos los números que tenemos ahora en el béisbol, a pesar de la cantidad de feligreses de la Iglesia de la Sabermetría, sigue sin existir un número o una serie de estadísticas que nos permitan medir con cierto grado de certeza en qué se convertirá un jugador en el futuro. Así pasó con J.D, Martínez, uno de los mejores bateadores del momento, y también un hombre al que no hace mucho tiempo los Astros dejaron libre durante unos entrenamientos primaverales.

Este tipo de cosas ha pasado antes, no sólo en el béisbol, sino en otros deportes y en la vida en general.

“Mientras uno pasa más tiempo en este mundo”, me dijo el otro día el gerente general de los Astros, Jeff Luhnow, “más cuenta te das de que el futuro es mucho más impredecible de lo que pensábamos”.

No hay alguien más inteligente trabajando dentro de la industria del béisbol que Luhnow. Más que cualquier otra persona, fue él quien armó el equipo de los Astros que le dio a Houston su primera Serie Mundial en otoño pasado. Incluso en lo que parece una temporada que será dominada por Yankees y Medias Rojas, los Astros siguen teniendo la mejor rotación, una que incluso podría ser de las mejores de la historia. Además, cuentan con igual o más talento joven que Nueva York.

Quizás pensando en todos esos jóvenes que venían abriéndose paso en liga menor, en la primavera del año 2014 la organización decidió que a J.D. Martínez, quien en su momento subió al equipo grande directo desde Doble-A al igual que el venezolano José Altuve, le iría mejor jugando en otro lado.

“J.D. se me acercó durante los entrenamientos aquel año y me dijo, ‘Hice algunos cambios con mi swing'”, recordó Luhnow. “Quiero probarte que son cambios positivos”.

Pero el manager de los Astros en ese momento, Bo Porter, le dio sólo 18 turnos a Martínez durante los entrenamientos. Martínez había estado en la organización durante cinco años, tras ser firmado desde Nova Southeastern University de Fort Lauderdale, donde fue compañero de equipo del receptor Alex Ávila, quien ahora está con los D-backs. Hasta el 2014, Martínez tenía casi 1,000 visitas al plato por los Astros y había bateado sólo 24 jonrones, con un OPS de .687. Esa primavera iba camino a Triple-A, y ni siquiera había garantías de que iba a ser titular allí.

“Yo nunca he sido el tipo de gerente general que le diga a un manager, ‘Tienes que poner a jugar más a este muchacho'”, aclaró Luhnow. “Espero que me pregunten. Pero yo no ordeno esas cosas, nunca lo he hecho”.

Luhnow no ordenó que pusiesen a jugar a Martínez y Porter tampoco lo hizo por su cuenta. Luhnow mandó un correo electrónico a los otros 29 equipos dejándoles saber que Martínez estaba disponible por muy poco, o incluso hasta por nada.

Nadie llamó.

Los Astros designaron a Martínez para asignación pocos días después. Finalmente, los Tigres llamaron. Al Ávila, el padre de Alex, era entonces el gerente general asistente de los Tigres, y obviamente recordaba a Martínez de Nova Southeastern. Pero nadie reclamó a Martínez en waivers. El resto del béisbol simplemente esperó a que los Astros dejaran libre a J.D. Martínez.

“Yo sabía que a Al lo veía bien”, recordó Luhnow. “Sabía del lazo entre J.D. y Alex, así que supuse que (Martínez) iba a terminar jugando con Detroit. Y así pasó”.

Luhnow hizo una pausa en la conversación y dijo lo siguiente: “Mira, siempre hay uno que se te escapa. Cada vez que veo a J.D ahora le doy un abrazo y le digo lo orgulloso que estoy de él. Esto es un deporte, nada más. Y de cierta manera, es parte de lo bonito del juego. Créeme, yo nunca pensé en el 2012, cuando Dallas terminó con 3-8, que iba a ganar el Cy Young”.

El año pasado, Martínez bateó 45 jonrones en 119 juegos entre Tigres y Diamondbacks, una de las exhibiciones de poder más impresionantes en la historia considerando que sólo jugó el 75% de los partidos de sus equipos. Este año, ha significado mucho, mucho más para los Medias Rojas que Giancarlo Stanton para los Yankees. Le ha brindado a Boston el tipo de toletero temible en el medio de la alienación que no habían tenido desde que se fue el dominicano David Ortiz. De todas las estrellas que cambiaron de club recientemente, nadie ha sido más importante que Martínez, quien amaneció el sábado bateando .326 con 1.034 de OPS, 16 jonrones, 42 empujadas y 62 hits en 49 juegos. Cuando la gente en Boston no está hablando de Mookie Betts, está hablando de él.

Por cierto, luego de que los Astros dejaron libre a Martínez en el 2014 y los Tigres lo firmaron, los dos equipos se enfrentaron en un juego de entrenamientos primaverales.

“J.D. bateó tres jonrones aquel día”, dijo Luhnow. “El resto es historia. No ha dejado de dar palazos desde entonces”. Luhnow volvió a hacer una pausa y acotó: “Sólo que no ha sido con nosotros”.

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