Una mirada a las Ligas Negras Norteamericanas (algunas precisiones)

José de la Caridad Méndez en las Ligas Negras (1912).

Por: Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

La influencia del democratizado béisbol profesional cubano, llegó con fuerza al norteamericano. No en balde el primer equipo integrado por negros se llamó Cuban Giants (Gigantes Cubanos), en una suerte fetichista de ocultar los orígenes, a favor de los jugadores del vecino sureño. Ellos trataban de hacerlo con léxicos inventados en el terreno, parecidos al español del cubano, quienes por el mestizaje tenían menos rasgos africanos. En corto tiempo jugarían junto a cubanos de piel oscura, que de ninguna forma podían hacerse pasar por blancos. Otros equipos apelaron al gentilicio cubano.

En 1902 se llevó a cabo un desafío memorable interracial, entre los Philadelphia Cuban giants, todos de raza negra y los Philadelphia athletics, de Grandes Ligas, dirigidos por Connie Mack, el manager más longevo de la historia. Aquel juego tuvo una repercusión enorme. Allí se daría a conocer Andrew (Rube) Foster, quien sería, quizás, el más sensacional lanzador negro, émulo de Satchel Paige. Foster derrotó a RubeWaddell, el mejor lanzador blanco de entonces. Dominó a su antojo al poderoso equipo con la velocidad y el screwball, o bola de tirabuzón, también llamada tornillo. A partir de aquel encuentro comenzaron a llamarle Rube, en alusión al pitcher derrotado. Tales victorias se repetirían con blancos de Ligas Menores.

Para 1906, aquel equipo de negros desafió públicamente al campeón de la Serie Mundial, con el propósito de definir si los negros eran mejores jugadores o viceversa. Los blancos declinaron la invitación y Foster se convertiría en un paladín de su raza, con participación en juegos benéficos y mejoras salariales para sus jugadores. Una figura de innegable influencia.

La connotación de las victorias de los negros al más alto nivel, provocó que el juez Kenesaw Mountain Landis, un racista empedernido con mano de hierro, Comisionado de Grandes Ligas desde 1920, a raíz de la venta de varios jugadores del Chicago White Sox en la Serie Mundial de 1919, no viera con buenos ojos aquellas derrotas:

El comisionado Landis, preocupado, prohibió los partidos entre equipos de las Grandes Ligas y equipos de las Ligas Negras. ‘Mr. Foster –le dijo a Rube Foster–, cuando vence a nuestros equipos, nos deja deshonrados.

El efecto que provocarían las constantes victorias de Foster sobre afamados blancos, hizo que John McGraw, manager del New York Giants, fascinado por la calidad del negro, le solicitara enseñar a tirar la screwball a un joven estudiante de muchas condiciones, llamado ChristyMatthewson, uno de los inmortales de todos los tiempos. A partir de dominar aquel lanzamiento, Matthewson elevó considerablemente sus resultados en las Mayores.

En un momento propicio por la repercusión del escándalo de 1919, conocido por Los Medias Negras, Andrew Foster se dedicó a constituir las que serían reconocidas con el eufemístico nombre de Ligas Independientes de Color, una respuesta deportiva a la segregación racial. No olvidemos que aquella mancha negra del béisbol norteamericano, había prosperado en la Isla en 1914, con la creación de la Liga Nacional de Béisbol Amateur, adscripta a la Unión Atlética de Amateurs de Cuba desde 1922 y que duró hasta 1960.

Algunos historiadores afirman que el nacimiento de las Ligas Negras fue a partir de 1885, cuando se creó en Babilón Long Island el primer clubprofesional, surgido por la popularidad del béisbol en toda la Unión y del entusiasmo de varios empleados del hotel Argyle, en Babilón. Se dice que los bills boys, encargados de manejar los elevadores, más varios empleados de la cocina, se reunieron al llamado de Frank Thompson. Aquel primer equipo retó a nueve desafíos a uno de los mejores teams de New York, y los vencieron en seis ocasiones.

Thompson lo bautizó como Cubans Giants, a pesar de que ninguno hablaba español. No fue hasta 1906 que se incorporaron los cubanos al Cubans Giants. Los cubanos negros o mestizos, que podían jugar en su país, necesitaban continuar compitiendo cuando no había Liga Invernal y cesaban los salarios en una especie de tiempo muerto beisbolero; entonces emigraban hacia las Ligas Negras de los Estados Unidos.

Por aquellas lides pasarían luminarias norteamericanas como Leroy (Satchel) Paige, Raymond (Talúa) Dandridge, Sam Lloyd, Joshua Gibson, Oscar Charleston, quienes también dejarían su huella en la Isla, y estelares cubanos como José de la Caridad Méndez, Alejandro Oms, Lázaro Salazar, Bienvenido (Pata Jorobá) Jiménez, Martín Dihigo, Cristóbal Torriente, Orestes Miñoso, Bartolo Portuondo y Silvio García, entre muchos. Algunos no fueron capaces de soportar los desprecios, ignominias, burlas ni ofensas de los blancos.

Como se ha afirmado, ya en los Estados Unidos jugaban los negros, organizados en mayor o menor medida, una etapa a la que llamamos pre Ligas Negras. Mas no sería hasta 1920, a instancias de Rube Foster, para entonces manager del American Giants de Chicago, que se crearían formalmente las Ligas Negras Norteamericanas. Foster propuso crear una Asociación Nacional Negra, con un formato similar a las Grandes Ligas de blancos, o sea, dos ligas: una en el Medio Oeste con: Chicago, Indianápolis, Cincinnati, Detroit, San Luis y Kansas City. La otra sería del Este: Pittsburgh, Cleveland, Washington, Baltimore, Filadelfia y New York.

Con mayoría abrumadora se conformó la Asociación Nacional de Clubes Profesionales Negros de Béisbol, a la que se adjuntó la Liga Nacional Negra, integrada por ocho equipos. Popularmente se les reconoció como Ligas Negras Norteamericanas, pero habían sido bautizadas por Ligas Independientes de Color. Los propietarios se dieron a la tarea de equilibrar los equipos para mantener el interés por la rivalidad y las necesarias ganancias de taquilla. Allí se desempeñarían los mejores peloteros cubanos, negros y blancos, con equipos norteamericanos y de la Isla.

Los blancos cubanos jugaban en las Ligas Negras por varias razones. En primer lugar, como un proceso de retroalimentación, al haber sido la Liga Profesional Cubana la que acogió, primero que en cualquier otro lugar, a norteamericanos negros. En segundo lugar se ofrecía un ejemplo de democratización ante la segregación imperante en las Grandes Ligas. Y en tercer término, estaba garantizada la prestación. Asimismo garantizarían jugar en la etapa de descanso de la Liga Profesional Cubana, y los salarios.

El equipo campeón de ese primer campeonato fue el Chicago American Giants, seguido del Kansas City Monarch y el Saint Louis Giants. El Cuban Stars, radicado en la ciudad de Cincinnati, finalizó en el séptimo lugar del torneo.

Cristóbal Torriente (El Bambino de Cienfuegos).

Para orgullo de los cubanos, el primer líder de los bateadores sería el jardinero central Cristóbal Torriente, miembro del Salón de la Fama Cubano y de Cooperstown, con average de .411 (129-53). Al frente de los lanzadores resultó Dave Brown, un destacado zurdo, con balance de 10-2 (.833).

Rube Foster, quien había debutado en la Liga Profesional Cubana en 1907, junto a otros dos blancos y varios negros, admitió un equipo integrado por cubanos en la Liga del Medio Oeste, donde él se desempeñaba, llamado Cuban Stars. A partir de allí, la presencia de los jugadores de la Isla fue absoluta, con blancos y mayoritariamente negros. En aquellos equipos también intervinieron jugadores de otros países latinoamericanos.

Como una réplica a las Grandes Ligas, en 1924 comenzaron a desarrollarse las Series Mundiales de Ligas Negras. Ya para entonces estaban conformadas en dos circuitos: la Liga Nacional Negra, o Black National League y la Liga de Color del Este (Eastern Colored League), con ocho equipos en cada zona, similar a las Mayores. Hasta entonces se coronaban campeones los mejores en ganados y perdidos. Para beneplácito de los cubanos, en la primera Serie Mundial jugó un papel decisivo José de la Caridad Méndez, al frente del Kansas City Monarch; también actuó como lanzador.

Pactada a diez desafíos, llegaron al noveno igualados a cuatro y un empate. Entonces se jugó en el Shibe Park, de Filadelfia y en Baltimore. Por el Este se impuso el Hilldale, y el Kansas City Monarch había doblegado a un equipo poderoso, el Chicago American Giants. Todo quedó listo para la gran final. El 20 de octubre de 1924 los aficionados aplaudieron cuando subió al box el manager José de la Caridad Méndez, quien tenía al frente al estelar Holsey Scrip Lee. A Méndez solo le llegaron a primera cuatro hombres, tres por sencillos y una base por bolas, para imponerse 5 x 0 y proclamarse el Kansas City Monarch el primer campeón de una Serie Mundial de Ligas Negras.

Este hecho, al que no se le ha dado la importancia que realmente tiene, quedó grabado con letras de oro en la historia del béisbol negro, pues condujo a su equipo a la conquista del título de la I Serie Mundial de Ligas Negras. Jamás se ha dicho con toda la justicia que se merece, que Méndez ha sido el único pelotero cubano triunfante, como mentor, en una Serie Mundial de Béisbol de los Estados Unidos.

Un importante papel en aquellas lides lo jugó el mulato Alejandro Pompez, hijo de cubanos nacido en Cayo Hueso, Florida. Fue jugador, empresario y, sobre todo, gran conocedor y promotor del béisbol. A partir de 1935 y hasta el final de las Ligas Negras, costeó y dirigió los New York Cubans, que ocuparían lugares de privilegio en varias ocasiones, incluyendo la obtención del título en Series Mundiales. En aquel equipo estuvieron, además de los norteamericanos, los mejores peloteros cubanos y varios latinoamericanos de prominencia.

Las Ligas Independientes de Color habían tenido un franco ascenso a partir de la segunda mitad de la década del veinte. Entonces algunos scouts, federativos y managers blancos fijaron sus miradas en jugadores negros para el máximo nivel, pero no fructificó el esfuerzo; la segregación racial lo dificultaba. No obstante, varios insistieron, como Branch Rickey, quien se decidió a firmar en 1945 a Jackie Robinson con los Montreal Royals. Así no solo iniciaba el camino que conducía al derrumbe del muro racial en la pelota norteamericana, también el desplome de las Ligas Independientes de Color.

Fue así como otros equipos contratarían jugadores negros como Willard Brown, TalúaDandridge, Roy Campanela, Luke Easter, MonteIrving, Don Newcombe, Orestes Miñoso… y tantos otros que llegarían a ser estelares como Willie Mays, Ernie Banks, Hank Aaron, Roberto Clemente, Edmundo Amorós y cuanta estrella negra, americana o caribeña, se destacara.

Y con ello llegó un lógico proceso de autodestrucción en las Ligas Negras, ya que los jugadores continuaban con menores salarios y oportunidades. Comenzaron a verse realizados en los clubes de Grandes Ligas y arrastraron a los aficionados del circuito mayor. Para la década del cincuenta, en un acelerado proceso, aquella fuente de grandes jugadores se fue extinguiendo, hasta que en los inicios de los sesenta desapareció el último team de negros, el Kansas City Monarchs.

Como es conocido, en 1949 el matancero Orestes Miñoso rompería la barrera para los latinos de color en las Mayores, con los Cleveland Indians. Poco faltaba para que se extinguieran, por los nuevos tiempos, aquellas Ligas Independientes de Color, que en buena medida ayudaron a redimir y reivindicar a los jugadores no anglosajones.

Andrew (Rube) Foster.

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