Lanzar, lanzar… ¡y lanzar!


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Atrás quedaron los tiempos en los que un pitcher escalaba el montículo en la primera entrada y en la novena todavía se mantenía tirando pelotas hacia el plato. No existía el conteo de lanzamientos y, por tanto, el serpentinero podía pasar de los cien envíos sin dificultad alguna, mientras su brazo se conservara en condiciones.

Ya no existen en el universo del béisbol los que bien pudiéramos llamar «brazos de hierro», hombres capaces de trabajar entrada tras entrada, temporada tras temporada. Cy Young es un fenómeno irrepetible, capaz de trabajar con solo tres días de asueto o de mantenerse en el box durante un doble juego completo.

Tampoco en nuestro medio existe un Carlos Yanes, el pinero nacido en la cienfueguera Cumanayagua, un hombre sin físico de lanzador, aunque con una fuerza de voluntad férrea que le permitió establecer marcas a todas luces irrompibles en departamentos como el de más juegos lanzados, más entradas y mayor cantidad de bateadores enfrentados en 28 temporadas de actividad.

La aparición de nuevos conceptos del pitcheo cambiaron por completo la posibilidad de establecer récords en casilleros donde la resistencia y la longevidad son los atributos indispensables. Valdría la pena preguntarse si los peloteros del ayer eran más fuertes que los de hoy, a pesar de no contar con sofisticados sistemas de preparación ni recuperantes o vitaminas para aumentar el vigor.

Sea, por tanto, este Tema beisbolero un modesto homenaje a todos los que, de una forma u otra, contribuyeron con su denodado esfuerzo al triunfo de sus equipos, al deleite de los aficionados, a engrosar la lista de marcas inspiradoras de respeto por todo lo que entrañan de entrega, sacrificio y amor por el béisbol, algunos de ellos desconocidos por las nuevas generaciones.

DE LA TORRE, ORMARI, GERVASIO

Nunca olvidaré uno de los hechos heroicos en la historia de la pelota cubana. Ocurrió en el año 2001, durante un play off entre Industriales y Pinar del Río. Lázaro de la Torre, con 43 años de edad, se subió a la lomita en cuatro de los cinco partidos y ganó dos de esos juegos, superando a Pedro Luis Lazo y José Ariel Contreras.

De la Torre era todo coraje en el montículo. No escogía equipo, en el Guillermón Moncada le lanzaba a la «Aplanadora santiaguera», en el San Luis pinareño pedía la bola para lanzarle a los Vegueros, en el Sandino villaclareño no había quien le quitara el turno en la rotación para abrir frente a los Azucareros. Fueron en total 20 temporadas y 208 victorias que lo convirtieron en el serpentinero capitalino más ganador, solo le batearon para 251 en la era del aluminio. No veo hoy por hoy a ninguno parecido.

Era ligeramente más alto que Pedro Luis Lazo, por eso le apodaron «el Gigante de Seboruco», localidad o barrio del Segundo Frente, en Santiago de Cuba. Durante 19 años ­Ormari Romero lo ganó todo: campeón nacional seis veces con las Avispas, titular mundial en La Habana-2003 y Holanda-2005, campeón olímpico en Barcelona-92, monarca panamericano en Winnipeg-99 y de la Copa Intercontinental de Barcelona-97, así como medalla de plata en el Primer Clásico Mundial.

Buena velocidad y excelente control fueron sus armas, solo 610 boletos en más de 2 500 entradas, junto a Norge Luis Vera conformó la pareja de pitchers más ganadores de los santiagueros, pues Ormari se quedó a seis victorias de las 200. Su pcl de 3,47 puede considerarse muy bueno, a pesar de tener al bate de aluminio en su contra.

Perdió más de lo que ganó, al igual que su compañero de trayectoria con los Piratas de la Isla, Carlos Yanes. Pero Gervasio Miguel Govín era de la misma estirpe, siempre dispuesto a escalar el montículo para abrir, relevar o cerrar. Por eso acumuló 641 partidos lanzados y de ellos casi 500 como abridor. Su labor resultó en todo momento muy importante para los pineros y es, sin duda, uno de los mejores exponentes del béisbol en ese territorio.

JOHNSON, SUTTON, ALEXANDER

Si me preguntaran cuál fue el mejor lanzador de las Grandes Ligas en la primera mitad del siglo XX, en los años de 1900 a 1950, mi respuesta sería: Walter Johnson. Bastaría con recordar algunos de sus mejores logros: diez temporadas consecutivas ganando al menos 20 juegos, 11 con un PCL inferior a 2,00; 531 juegos completos de los 666 que abrió, 417 victorias (segundo detrás de Cy Young) lanzando toda su carrera con un equipo perdedor, los Senadores de Washington, 110 juegos de nueve ceros y un fabuloso WHIP de 1,061.

Velocidad era su «arma letal», además de una curva que desarrolló a partir de 1910. Apodado el Gran tren, de él dijo una estrella como el zurdo Lefty Grove: «yo he visto lanzar a decenas de pitchers, pero nunca he visto a ninguno que se acerque siquiera a lo duro que tiraba Johnson. Era un verdadero fenómeno».

Solo nueve lanzadores en la historia han completado las marcas de 300 victorias y 3 000 ponches: Johnson, Steve Carlston, Nolan Ryan, Tom ­Seaver, Greg Maddux, Roger Clemens, Phil Niekro, Gaylord Perry… y Don Sutton.

Nacido en una pequeña localidad del estado de Alabama llamada Clio, Sutton fue un ejemplo de constancia durante 23 temporadas, la mayoría de ellas con los Dodgers. Solo ganó 20 juegos en una oportunidad, 1976, pero obtuvo al menos 15 victorias por temporada en la mayoría de su carrera. Implantó una marca de 1 354 veces al bate de sus rivales sin permitir un jonrón, compartió como compañero de equipo en el cuerpo de pitcheo de los Dodgers con los también miembros del Salón de la Fama, Sandy Koufax y Don Drysdale.

De sus 324 victorias 58 fueron por la vía de los nueve ceros y cinco juegos de un solo jit. Y sus 3 574 estrucados lo clasifican como séptimo en la lista de todos los tiempos. Grover Cleveland Pete Alexander padeció de epilepsia y de alcoholismo, combatió en la Primera Guerra Mundial, sufrió un pelotazo en el rostro que le dejó secuelas de doble visión, pero no estaba hecho para rendirse y, pese a todos esos obstáculos, finalizó tercero de todos los tiempos en cantidad de victorias (373), únicamente superado por Young y Johnson.

Alexander era un hombre de pocas palabras, solitario, que arrastraba los pies al caminar y usaba una gorra que le quedaba chica. Cuando escalaba el montículo se transformaba y, así, ganó 30 desafíos durante tres años consecutivos (1915, 16 y 17) su promedio de bases por bolas de por vida fue de 1,65 por cada nueve entradas, con un pitcheo simple, aparentemente sin esfuerzo y casi sin calentamiento previo, solo cuatro o cinco envíos, no le hacían falta más.

SERIE NACIONAL

Nombre

EL

JL

Carlos Yanes

3 827,0

714

Pedro Luis Lazo

3 260,1

525

Braudilio Vinent

3 259,2

477

Jorge Luis Valdés

3 134,0

519

Ciro Silvino Licea

3 067,1

543

Lázaro de la Torre

2 818,1

516

Ormari Romero

2 613,2

467

Rogelio García

2 609,0

398

Gervasio Miguel

2 600,2

641

Faustino Corrales

2544,1

445

GRANDES LIGAS

Nombre

EL

JL

Cy Young

7 356,0

906

Pud Galvin

5 941,1

697

Walter Johnson

5 914,1

802

Phil Niekro

5 404,1

864

Nolan Ryan

5 386,0

807

Gaylord Perry

5 350,1

777

Don Sutton

5 282,1

774

Warren Spahn

5 243,2

665

Steve Carlton

5 217,1

741

Grover Alexander

5 190,0

696

Estadísticas: http://www.beisbolcubano.cu y http://www.mlb.com

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