Carlos Kindelán no puede quedar en el olvido

Por: Esteban Romero

Por esas cosas de la vida, hubo una omisión involuntaria de un pelotero ejemplar, se trata de la figura del desaparecido Carlos Kindelán Limonta, hombre que naciera el 24 de agosto de 1963 en la Güinera, Municipio Arroyo Naranjo, La Habana, y que debutara en series nacionales con el conjunto Industriales en la serie de 1981-82, bajo la guía de Pedro Chávez, donde se mantuvo, no como regular hasta la serie de 1983-84. De los azules pasó a jugar con los Metropolitanos hasta la serie de 1987-88.

Presentes estaban camareros como Juan Padilla y Enrique Díaz en los Industriales y Metros, respectivamente, por lo que la situación se volvía algo difícil para que Carlos jugara regular en los equipos de la capital. Su calidad defensiva y su agresividad al bate le ayudaron a buscar otros horizontes. Fue así, que alentado por Eduardo Cárdenas, quien había tomado similar decisión con anterioridad, Kindelán se trasladó a jugar con los conjuntos de la provincia de Matanzas, donde demostró lo que sabía hacer en cuatro temporadas con los Henequeneros, en las que jugó la segunda base como regular y fue parte de los equipos campeones de 1989-1990 y 1990-1991, además de hacer el equipo Matanzas en las selectivas de esos años. La culminación de este ascenso fue su inclusión en el equipo Cuba que ganara la Copa Intercontinental en Barcelona (1991). La carrera del habanero se vio interrumpida por problemas renales, que obligaron a un retiro breve del pelotero. Rojas Garay (2018) relata que Kindelán, como integrante del Cuba B, comenzó a sentirse mal en una gira por Alemania: piernas hinchadas, falta de aire, orinaba poco y padecía de taquicardia. Al final se vio que sufría de una insuficiencia renal, por lo que se le aplicó hemodiálisis y operación para trasplante de un riñón.

Todo el mundo pensó que la carrera de Kindelán en el béisbol había concluido, pero el único que probablemente no lo pensó así fue el mismo pelotero, el que comenzó a entrenar nuevamente ocho meses después de su operación y regresó a jugar con el equipo Matanzas de 1992 a 1995.

Hay un detalle que recuerdo de Kindelán, jugaban Industriales y Santiago en el Latino, allí estaba el que suscribe, lanzaba el estelar Braudilio Vinent por los orientales y si la memoria no me falla, Kindelán alineaba como noveno al bate de los azules. Era un juego que transcurrió cerradamente, con buen pitcheo de ambas partes, pero Vinent se encontró con un escollo, que fue el mismo Carlos Kindelán. En su primera vez al bate le conectó triple y trajo una para los azules, en su segunda vez le sonó otro cañonazo y en la tercera vino la bronca, Vinent le tiró la pelota por la cabeza, la que, por suerte, Kindelán supo esquivar tirándose al suelo inmediatamente. El manager de los azules era el otrora estelar lanzador Andrés Ayón, el que acto seguido pidió la expulsión de Vinent y produjo una discusión fuerte del mismo Ayón con Vinent. Lo que se dijeron no fueron palabras aptas para escribirlas aquí. Sé esto último detalle, ya que al siguiente día estaba en la heladería-pastelería de la Ward en Santa Catalina, donde se encontraba el lanzador reglano Ramón Tablado, a quien pregunté y me dijo que tanto uno como otro se dijeron lo peor del mundo.

La realidad es que Carlos Kindelán fue un bateador siempre eficaz con los lanzamientos de Vinent. En otros enfrentamientos entre ambos, el meteoro de la Maya sabía que Kindelán no era fácil de dominar, por lo que procuró de lanzarle con cuidado, a veces lo dominaba y a veces le bateaba.

Carlos Kindelán comenzó a sentirse mal en días de la primera quincena de marzo de 1998, por lo que se trasladó a la Habana para hacerse el chequeo de rutina, viajó en una noche fresca, pero desabrigado. Al llegar a su casa en la Güinera, ya Carlos tenía el pulmón afectado y sus piernas muy hinchadas, fue ingresado en el hospital “Hermanos Ameijeiras”, donde se llegó a la conclusión que el organismo de Carlos estaba haciendo rechazo al riñón trasplantado. Mejoró algo después de una hemodiálisis, pero tenía una fuerte neumonía que afectaba sus pulmones. Entre tanta complicación, el organismo de Carlos resistió hasta donde pudo y finalmente falleció el 18 de marzo de 1998. Su velorio tuvo lugar en la funeraria Maulini, ubicada en la calle María Auxiliadora de Víbora Park, adonde asistieron varios compañeros de su deporte, entre ellos Pedro Chávez, Germán Mesa, Rey Vicente Anglada y Wilfredo Sánchez, único matancero presente. El gran pelotero fue enterrado vistiendo uniforme del equipo Cuba, honor bien merecido.

En resumen de su labor como pelotero, Carlos Kindelán jugó un total de 14 series nacionales, en las que bateó para promedio de .283 producto de 768 hits en 2716 veces al bate, incluido 126 dobles, 37 triples, 63 jonrones, con 379 anotadas y 357 empujadas.

Defensivamente jugó para .974, con 98 errores en 3724 lances, 467 dobles matanzas y un triple play. En la Intercontinental de Barcelona bateó de 5-2, con 4 empujadas, una base y 1 ponche, y defensivamente no cometió error en los dos juegos que participó.

Carlos Kindelán es ejemplo de esfuerzo, supo en todo momento ponerse por encima de sus dolencias y demostrar con coraje y determinación lo mucho que se puede hacer cuando uno pone empeño en eso.

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One comment

  1. Excelente pelotero, pero sobre todo excelete muchacho, tuve la oportunidad de conocerlo en Santiago de las Vegas donde jugaba en la ya olvidada base,,,,,,Creo que se apuró mucho en Volver al terreno, pero el unico que lo sabia era él. Donde quiera que este un saludo para él……..

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