Mutis…

Por Charly Morales

¡Qué Gru, ni Gru! Nuestro villano favorito es Yuliesky Gurriell: haga lo que haga, el segundo hijo de Lourdes y Olga Lidia, los padres más mentados del béisbol cubano, nunca quedará bien… Ahora hizo mutis por el foro, y la picota pública no demoró en acoger, por enésima vez, al mejor pelotero que hay –perdón- que había en Cuba…

Casi un mes después de que el Yuli se perdiera junto a su hermano Lourdes Jr. en la madrugada quisqueyana, todavía anda la gente sacando conclusiones, juzgando mucho y condenando más. No fue el primero en irse y ciertamente no será el último, pero hay algo en el Yuli que despierta una saña especial.

¿Por qué tanta roña? ¿Porque no era tan bueno como decían? ¿Porque sí lo era? ¿Por hijo de papá? ¿Porque se creía la encarnación espirituana de CR7? ¡Qué trabajo ha costado reconocerle un mérito al Yuli!

Fíjese que todos recuerdan sus outs 27, sus rallys asesinados por doble-play, su falta de títulos nacionales… Cuando alguna proeza suya es imposible de obviar, como el jonrón contra Panamá en el primer Clásico Mundial, no falta quien dice que, si Rubén Rivera le hubiera cogido el pelotazo a Yuniesky Maya, el Yuli no hubiera pegado su más memorable bambinazo… Quisquillosa que es la gente…

Porque a todas estas, a nadie parece importarle demasiado la partida del benjamín de los Gurriel, para muchos el más talentoso de los tres hermanos.

Como diría el difunto Yogi Berra, emprenderla contra el Yuli es un deja vú all over again:

  • Cuando los Gallos jugaban en el Latino, un implacable coro de industrialistas le gritaba “Shakira”, enarbolando bloomers como estandartes.
  • Cuando se pasó al Industriales, los espirituanos le sacaron trapitos sucios.
  • Cuando lo contrataron en Japón, muchos se preguntaron qué hacía en el otro confín del mundo, si había dejado el Yayabo para no alejarse de su enfermo papá.
  • Cuando se negó a regresar a Japón porque supuestamente el contrato no le era favorable, lo tildaron de majadero e informal, y de tenerle miedo a los aviones.
  • Cuando renunció a los Panamericanos de Toronto, descontento porque Lourdes Jr. quedó fuera, lo menos que le dijeron fue consentido, perretú y antipatriota.
  • Cuando Ciego de Ávila lo reclutó para la Serie del Caribe, volvieron las etiquetas de niño mimado y malcriado, olvidando lo desaforado que estaba al bate, con estadísticas que nadie más registraba ante el mismo pitcheo.
  • Cuando dijo “hasta aquí llego, perdí la paciencia”, sus detractores aseguraron que no los sorprendía, que siempre esperaron la “traición”. Ninguno dice que tuvieron que esperar 13 años, durante los cuales Yuliesky Gurriell fue fiel. Demasiado…

La decisión de los Gurriel no pasa de ser eso: una decisión que solo le atañe a él y su familia. Aun así, hicimos de ella un problema nacional, un maremagnum ético, algo para matar la abulia y recrearnos en el chisme, que no gusta, pero entretiene.

Más sano para todos, usted, yo, los Gurriell, Cuba… sería desear que el Yuli llegue a las Grandes Ligas, y allá le pulan ese potencial que uno le intuía aquí, donde siempre parecía que daba poco, quizás porque no necesitaba darlo todo para sobresalir. Creo que hay más motivos para enorgullecernos que para renegar de él. Además, tanta mierda hablamos a costa suya, que lo menos que merece es que lo dejemos en paz, siguiendo su sueño, el de tantos. Creo que se lo ha ganado… ¿usted no?

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