¿Los que más batean son los que más se embasan?

Por Norland Rosendo

Hoy nadie amaneció sobre .400 de average en la temporada. El último sobre esa cifra, astronómica a estas alturas, era el camarero de Holguín Maikel Cáceres. Ayer bateó de 5-1 y descendió a .399. Tan virtuoso como es con el madero, Cáceres puede volver a encaramarse sobre la descomunal cifra.

En la puja por el liderato de los bateadores, le siguen de cerca el muchacho sensación del campeonato, un cienfueguero que juega de refuerzo con Villa Clara: César Prieto (.387), un villaclareño que hace tiempo se mudó para Sancti Spíritus: Orlando Acebey (.386), y después aparecen un habanero que se aplatanó en Artemisa y ahora empuña un hacha en Las Tunas: Jorge Enrique Alomá (383), y un granmense que blindó la escuadra de los Leopardos: Carlos Benítez (.379).

Entre ellos debe estar el líder, aunque hay otros aspirantes como Yordanis Samón, Ariel Sánchez y Jorge Yhonson, quienes también exhiben promedios exagerados en cualquier pelota, menos en la cubana.

Cáceres, César y Acebey comparten la misma responsabilidad ofensiva: primeros en sus respectivas alineaciones, un turno en el que lo importante es embasarse. Los mejores hombres proas se distinguen por la paciencia y disciplina en el home, además de habilidades para tocar la bola, correr hacia la inicial y entre bases.

El OBP, promedio de embasados, es el medidor ideal para valorar a los primeros bates, pues además de los hits toma en cuenta los boletos. Ninguno de los cinco que encabezaban ese departamento antes de los juegos de ayer cumplía esa función en los line up. No obstante, todos ocupan turnos de responsabilidad.

El ranking lo lideraba Alomá con (.493), escoltado por Benítez (.482) y Alexander Ayala (.476) —qué jugada más genial la de Pablo Civil al hacerse de los servicios de Alomá y Ayala, los dos paracortos de calidad en el sorteo—. Completan el quinteto Ariel Sánchez y Samón, ambos con .464. Después, cerquita, se ubica Cáceres a dos puntos de este dueto. César y Acebey, otra vez uno detrás del otro, aparecían en los puestos 16 y 17 con .431 y .426, respectivamente.

La lectura es simple: cuestión de paciencia. En un campeonato en el que se dan 3.67 bases por bolas cada nueve innings, basta con esperar un poco para hacer swing en cada comparecencia, y aumentarán exponencialmente las posibilidades de llegar a primera caminando.

En Cuba no siempre les damos la importancia debida a los hombres que agarran muchos boletos, no a los que tienen un gran poder y los lanzadores les alejan la bola, sino a aquellos que saben discriminar bien los pitcheos y buscan el contacto solo con envíos por la zona.

La tendencia aquí es tirarles a los primeros dos o tres lanzamientos, aunque sean bolas o estén localizados en las áreas más vulnerables para pegarles.

La sabermetría poco a poco va desnudando deficiencias que cuestan juegos. Un boleto, a veces, es tan importante como un hit.
Quizá un día el OBP sea el principal criterio para premiar a un primer y segundo bates y no solo el average.

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