Los jugadores cubanos han dejado una huella en el béisbol invernal

Por Rubén A. Rodríguez

La calidad de los peloteros cubanos a nivel mundial es incuestionable. Pero en lo que concierne al béisbol invernal puertorriqueño, la presencia de los jugadores de la mayor de las Antillas ha sido históricamente una de gran impacto.

Desde el 1938, año en que comenzó la liga invernal puertorriqueña, hubo representación cubana en suelo borincano cuando Alejandro Oms debutó con los Brujos de Guayama y Rafael Echevarría con los Criollos de Caguas.

Desde entonces, más de medio centenar de peloteros nacidos en Cuba o de ascendencia han tomado parte o hecho importantes contribuciones al béisbol puertorriqueño.

En la llamada época romántica del béisbol, llegaron a la isla jugadores de la talla de Miguel de La Hoz y Fernando Díaz Pedroso, entre otros.

Más tarde, cuando la revolución triunfó en Cuba y desapareció el béisbol profesional en el 1960, vino un grupo de destacados peloteros de ese país, entre los que sobresalieron Tany Pérez, Tony Oliva y Tony Taylor, entre otros.

“Siempre ha habido una tradición de peloteros cubanos en Puerto Rico y más cuando cerraron en Cuba el béisbol profesional”, recordó el reputado historiador puertorriqueño Jorge Colón Delgado.

“Cuando se acabó el béisbol profesional (en Cuba), vino una camada tremenda de jugadores cubanos a Puerto Rico. Ahí fue cuando más impacto tuvieron esos peloteros en la isla”.

Dado al hecho de que en aquellos años no había mucho taller para esos jugadores cubanos y el salario para ese entonces era bastante generoso en la liga local, éstos vinieron a isla por muchos años.

Fuerte presencia en los ‘60

En el caso de Pérez, quien para entonces pertenecía a la organización de los Rojos de Cincinnati, se quedó residiendo en Puerto Rico y jugó toda su carrera con los Cangrejeros de Santurce.

Durante esa década, Pérez consiguió el título de bateo (temporada 1966-67) con promedio de .333. Un año después, lo consiguió Oliva con porcentaje de .365. En la campaña del 1961-62 lo había logrado de La Hoz con .354, jugando para San Juan.

En total, los cubanos se repartieron tres títulos de bateo en esa década.

“No era una cuestión de que esos peloteros se parecían mucho a los de nosotros (en su estilo de juego). Era más una cuestión de calidad. Eran buenos de verdad. Los equipos buscaban lo mejor. Cuba produce excelentes peloteros”, agregó Colón Delgado, quien indicó que Martín Dihigo, primer cubano en ser exaltado al Salón de la Fama, fue reclutado por los Brujos de Guayama, pero nunca se reportó.

La fanaticada de Puerto Rico también pudo disfrutar de la participación de lanzadores de la talla de Luis Tiant, Orlando “El Guajiro” Peña, Miguel Cuellar y Diego Seguí, y jugadores de posición como Leo Cárdenas, Berto Campaneris, Jackie Hernández y los jardineros José Tartabull y Tony González, entre otros.

Todos jugaron por varias temporadas en la isla y se destacaron en las Mayores.

De hecho, Tartabull tuvo a su hijo Danilo estando en Puerto Rico y éste más tarde se convirtió en una estrella de las Mayores.

Ya en los ochenta, incursionó por poco tiempo Rafael Palmeiro, quien participó con los Metros de San Juan en la temporada del 1986-87. Palmeiro se convirtió en uno de los mejores jugadores de su generación en las Mayores.

“Cuando vino con nosotros era un prospecto de los Cachorros de Chicago. Lo mandaron para acá para que jugara en los jardines. Lo enviaron junto a Dave Martínez”, recordó el entonces propietario de los Metros, Ernesto Díaz Gonzalez.
La contratación de jugadores cubanos ha ido mermando con el pasar de los años. En el 2009, el corpulento Michel Abreu fue reclutado por los Lobos de Arecibo y terminó llevándose el premio de Más Valioso.
En los últimos años, Rusney Castillo, quien en el 2014 firmó una bonificación de siete años y $72.5 millones con los Medias Rojas de Boston, ha hecho de Caguas su segunda casa con cuatro participaciones invernales y varias Series del Caribe.

Tradición “muy importante”

En esta temporada, los Criollos también cuentan con tres jugadores cubanos en su plantilla: los jardineros Dairon Blanco, Dayron Varona, Willie Abreu y el lanzador Raidel Orta.

“Esta tradición es muy importante para nosotros los cubanos. En mi caso, aquí en Caguas me han acogido muy bien, tanto los fanáticos como los compañeros de equipo”, señaló Blanco, quien ha tenido un excelente comienzo con los Criollos.

Blanco, de 25 años y quien pertenece a la organización de los Atléticos de Oakland, está entre los líderes de bateo en el circuito con .340.

Cuando este diario le informó sobre la tradición de los cubanos en el torneo invernal de ganar títulos de bateo, Blanco sonrió y dijo que “eso es un poco difícil. No es imposible. No estoy interesado en eso todavía. Estoy día a día. Vengo solo a dejarlo todo en el terreno cada vez que salgo a jugar. Si lo logro bien, si no también. Aquí yo vine con un objetivo que es ayudar a ganar al equipo y mantener la corona. Eso lo que deseamos todos desde el primer día de las prácticas”.

Por su parte, Varona indicó que le gustaría agregar otro capítulo dorado en la historia de los jugadores de cubanos en Puerto Rico.

“Yo no voy a parar esa tradición. Voy turno a turno. Mi objetivo no es llevarme todos los récords, pero vengo a hacer mi trabajo. A seguir esa tradición de los cubanos”.

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