Otro año con la pelota hueca

Por Norland Rosendo

Hasta ahora coincidía con quienes defendían la tesis de que el béisbol cubano no estaba en crisis. Que era la selección nacional la que tenía deudas. Sin embargo, he modificado mi opinión en la medida en que las vitrinas se han ido vaciando de medallas. Ya no es asunto de títulos, no se gana nada. En ninguna categoría.

El 2018 se va con bronce en el campeonato panamericano sub-12 y una plata insípida e incolora en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Barranquilla. Nada más. Otra vez la mejor actuación, desde mi punto de vista, fue en la Serie del Caribe, pese a que los Alazanes de Cuba volvieron a lucirse en la ronda preliminar y cayeron por segundo año consecutivo en la semifinal. No es tampoco como para soltar voladores.

Cuba había ganado las dos últimas copas mundiales sub-15, pero este año el equipo no pudo revalidar el cetro. Tras encabezar invicto su grupo en la primera fase, fue barrido en la superronda y terminó en quinto lugar.

Según reportes de expertos que estaban en la competencia, la selección de la Isla era físicamente la de menos potencialidades; se notaba, sobre todo, en el tren inferior de los muchachos. Además, los jugadores de los demás equipos eran muy versátiles y varios lanzadores tiraban rectas sobre las 90 millas por hora.

El más reciente descalabro ocurrió también en Panamá cuando el conjunto sub-18 no pudo siquiera clasificar para la superronda de seis en el Panamericano y se quedó sin boleto para la Copa del Mundo del próximo año.

En una nómina que «se vendió» como llena de talentos, JR volvió a consultar a técnicos extranjeros que siguieron «en vivo» la justa y coincidieron en que solo Norge Carlos Vera los impresionó, aunque vieron destellos en el bate de Loidel Chapellí, no así en su físico ni defensa.

A la cita del orbe sub-23 no fuimos, pues el elenco insular de esa categoría tampoco pudo lograr en 2017 uno de los cuatro cupos otorgados en la justa continental.

Entre los adultos, la plata en Barranquilla no compensó tantos meses de preparación con el consiguiente gasto de recursos invertidos en un sistema de entrenamiento-juego por todo el país que generó mucho debate entre expertos y prensa.

Otro grupo de esa preselección fue a la Semana de Haarlem, Holanda, a perder en la primera ronda con todos los adversarios, incluido ¡¡¡Alemania!!!, en un resultado inédito para escuadras de nuestro país en los eventos que anualmente organiza aquella nación, alternando Haarlem con Róterdam.

Aunque después maquillaron un poco la imagen devolviéndole las derrotas a Italia y a los teutones, ya no había forma de quitarle el calificativo de desastrosa a la actuación de los cubanos en un torneo de bajo nivel.

También se perdió por cuarta vez seguida el tope con escuadras universitarias de Estados Unidos, en unos juegos en el que los nuestros parecían más colegiales que los norteños. Era un aviso de lo que sucedería después en Barranquilla.

Ya no queda ninguna presea dorada que ostentar. Las últimas eran la de los Juegos Centroamericanos y del Caribe y del Mundial sub-15. Ambas pasaron a otros dueños en 2018, y el futuro se vislumbra complejo para buscar un puesto en el podio de los Juegos Panamericanos de Lima y mucho más difícil parece alcanzar un boleto para la olimpiada de Tokio 2020.

Entonces, ¿es cuestión de la categoría élite o de la pirámide en su conjunto? En cualquier análisis no se puede obviar que cada vez son más jóvenes los jugadores que buscan su futuro en otros lares, muchos de ellos posibles talentos que militaron en las selecciones nacionales cubanas de las categorías inferiores.

La solución a ese problema pasa por un acuerdo entre la Federación Cubana de Béisbol y la Oficina del Comisionado de la MLB que los políticos anticubanos se empeñan en impedir, amparados en las leyes del bloqueo económico, comercial y financiero.

Sin embargo, se requiere de una estrategia integral para buscar soluciones al inmenso banco de problemas acumulados. Por mucho que los técnicos de la base cuestionan los efectos nocivos del «championismo», el resultado en las competencias sigue siendo el medidor fundamental para evaluarlos, por encima, incluso, de la enseñanza correcta de los fundamentos de juego y el desarrollo del pensamiento táctico.

Los torneos de base y hasta la Serie Nacional, son muy cortos y los peloteros se desmotivan cuando no tienen oportunidades para practicar un deporte que necesita de mucho juego para adquirir y desarrollar habilidades, oficio. Duele ver en el principal campeonato cubano a atletas hasta de la preselección nacional con deficiencias técnicas, tácticas y mentales.

¿Cuándo dispondremos de una Academia Nacional de Béisbol donde concentrar a los talentos de las diferentes categorías y ponerlos bajo la tutela de nuestros mejores entrenadores?

Un proyecto de esa naturaleza contribuiría a optimizar los recursos, que no son abundantes en estos tiempos. Hace falta más pelotas, guantes, bates, uniformes, pero también pensamiento estratégico, porque la pelota no es un simple deporte para los cubanos.

Una convención nacional de béisbol abierta al debate, a la crítica, con ánimo constructivo, podría ser un buen punto de partida.

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