Baseball

Yo era el padre de los Industriales

Autor: Juan Antonio Borrego

Sancti Spíritus.–Mucho antes de hacer el equipo Cuba, de subirse en un avión y de derrotar por partida doble a Estados Unidos en los Juegos Panamericanos de Sao Paulo (1963), Modesto Verdura había soñado con ser el mejor tercera base de toda la comarca espirituana, donde sin haber tirado una sola pelota para el home aprendió a ganarse la vida, primero como machetero y luego como estibador.

«Nosotros estábamos echando un juego de manigua en Ojo de Agua, una sitiería del municipio de Taguasco y cuando yo vi que el pitcher nuestro no daba un strike, me encabroné y sin que nadie me mandara dejé la tercera, me subí en la lomita y empecé a lanzar; la segunda pelota que tiré se le escapó al cátcher y le arrancó una lasca a una ceiba que estaba detrás», solía contar con orgullo quien luego sería fundador de nuestras Series Nacionales.

Fue entonces cuando inscribió su nombre como ganador de la triple corona en 1962, al encabezar los casilleros de promedio de carreras limpias (1,58), ponches propinados (55) y victorias (7), en este último empatado con Manuel Alarcón, campaña en la que derrotó cinco veces a Industriales, que terminó siendo el campeón.

«El guajiro nunca ha sabido caminar en el pueblo», acostumbraba a decir a modo de jarana el hombre que falleció recientemente en Sancti Spíritus a los 82 años de edad, el mismo que se preciaba de haber dominado a Pedro Chávez en 27 turnos al bate y de pitchear en el Latinoamericano como si estuviera en la sala de su casa, en La Angelina, un batey de Jatibonico.

«Ellos saben que yo era el padre de los Industriales», solía exagerar cuando hablaba de sus años mozos con los equipos de Azucareros, aunque también reconocía que cierta noche «lo embrujaron» con unos granos de maíz en la lomita «y me puse como nervioso y no di un strike».

Industriales», solía exagerar cuando hablaba de sus años mozos con los equipos de Azucareros, aunque también reconocía que cierta noche «lo embrujaron» con unos granos de maíz en la lomita «y me puse como nervioso y no di un strike».

«Había que trabajar muy duro, en aquella época teníamos que doblar el lomo y luego ir a jugar. Yo fui estibador 35 años en la unidad 415 de Comercio –en Sancti Spíritus– y recuerdo que Arbelio Piña, el chofer, me decía: “Dale a practicar que yo busco quien me cargue el camión”. Hoy el atleta vive en cuna de oro», confesó a Granma en entrevista publicada en 2012.

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